Reyes y Centauros!! (LVII)
Julio 10, 2009 · Deja un comentario
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“Mi Jacko… galopa, corta el viento, cuando pasa por el puerto, camini(pum,pum!)to de Neverlaaaand!!”
Julio 7, 2009 · 4 comentarios

Pues dirán lo que quieran, pero este tío era un poco tonto…
Estimados lectores de este su blog, les habla su cada-vez-más-recuperado-si-bien-parezco-una-gamuza anfitrión Grom el Único. Por aquí las cosas continúan su curso normal; esto es: atender las constantes demandas de nuestro amadísimo Niño Estrella – demandas que, por supuesto, siempre gana, que para eso su padre, oséase moi, fue uno de los mejores abogados de toda la Asociación “Amigos del Periquito Depresivo” (el hecho de que no hubiera otro picapleitos en la misma no resta un ápice a mi vasta pericia profesional) -. Como hecho a resaltar puedo comentarles que tengo una molestísima picazón en las manos a consecuencia, a tenor del buen saber de mi ayudante Sparky, de una soriasis rabiosa; pensé que me estaba intentando tomar el pelo como venganza por haberle vestido como la perra “Nana” de la película animada “Peter Pan” (qué graciosa le queda la cofia al jodío), pero luego me explicó que no es que me piquen las manos por culpa de los habitantes de Soria – estaba dispuesto a cogerme un vuelo charter y volar de un plumazo la provincia castellanoleonesa (me he comprado en E-Bay un plumero atómico que tanto te elimina poblaciones enteras como te limpia un mueble de deuvedeses) -, sino que la “soriasis” es una enfermedad de la piel debida, entre otras razones, al estrés. Verificado tal dato por mi Bella Esposa, me angustié ligeramente – si con la llegada del Niño Estrella, quiero arrancarme la piel de las manos a mordiscos, sabe Dior qué haré cuando tengamos nuestro próximo hijo y alcancemos el nivel “escuatro”.
Por otro lado, nuestro precioso vástago está creciendo en peso y altura a una marcha excelente (obvio, por otro lado: el Niño Estrella, más que mamífero, es mamónfero; y es que nuestro hijo sí que traga y no Mariano Rajoy con Esperanza Aguirre). El único -y nimio problema – es que, cuando un servidor de Vds. intenta cambiarle el pañal, está tomando la – ligeramente molesta – de hacer sus deposiciones en modo geiser (cosa que no hace con su señora madre; normal: no se caga donde se come). Si ésa es algún tipo de muestra de agradecimiento por mis cuidados o simplemente es que no le gusto y no se le ocurre otro modo de hacérmelo saber es algo que desconozco; sea como sea, mi Guillermo Tell escatológico está consiguiendo que la lavadora trabaje más que una ladilla en un burdel tailandés (menos mal que el otro día renegocié el contrato con ella y con el microondas, de modo que si se despiden, no sólo no cobran indemnización, sino que además me tienen que cantar “Valencia” vestidas de falleras)
Expuesto, más o menos, el panorama que pintan estos día en Chez Grom, les diré que hoy no debería ser yo quien me acercara a sus hogares (lo deberían hacer los nuevos miembros de la plantilla de este su blog, nuestros vecinos los Langostininjas – con un especial sobre Ataulfo Pérez Videla “Mucciniii“, el malogrado dibujante de “Remigio Tirado, el bogavante abogado” – o la Sra. Matilde – que tiene tarjeta dorada de RENFE, y le cuesta muy poco acercarse -); pero quería hablarles de un tema que hoy en día está en boca de todos. No, no me refiero a los fichajes del Real Madrid (Mistetas ha escuchado que el día que fallezca Florentino Pérez, el actual Presidente del Club, lo van a enterrar con los trofeos conseguidos por el equipo, frutas y parte de la directiva), sino al fallecimiento de Michael Jackson. Es curioso, pero tan embobados andamos con el nacimiento de nuestra amada personita, que mi cerebro no estaba para pensar en fallecimientos - bueno, ni para eso ni para muchas cosas (el otro día metí los pañales sucios del Niño Estrella en la nevera) -. También se han ido más o menos en las mismas fechas – lo de irse es un eufemismo; en realidad es que han estirado la pata – el deseo lúbrico de muchos zagales cuarentones (la angeldeCharliana FarrahFawcett, que en un alarde de originalidad decidió palmarla el mismo día que el Rey del Pop, consiguiendo un total y absoluto olvido) y el actor a una nariz pegado por excelencia (Karl Malden; Vds. lo recordarán por su trabajo en la televisiva ”Las calles de San Francisco” junto a un joven Michael “Dame sexo, que quiero moriiiir” Douglas. Evidentemente, para recordarlo es necesario que hubieran visto la serie; si no lo hubieran hecho y aún así lo recordaran, contacte con su ocultista de cabecera).

Encuentre las siete diferencias.
Con tanto tronío y tanto alboroto, hice orejas sordas al sinfín de especiales informativos, homenajes y pedorreces varias que el mundo entero le rendía al cantante negro que se creía blanco pero que en realidad era color huevo mayonesa. Llama la atención, como bien dice el estimado Doctor Frusna, que yo, en mi condición de guerrero interdimensional Dhlafrraw de Gamma-3, me esforzara por ser humano (ya casi soy capaz de comerme una morcilla de Burgos sin vomitar hasta los pulmones), y Michael Jackson fuera el único humano que luchara por ser un extraterrestre. No me negarán que no es muy normal que, donde los demás ponen la típica bailaora flamenca y la figura del toro, Jackson tuviera el esqueleto de Joseph Merrick, más conocido como el “Hombre Elefante” (no confundir con su paisano el Príncipe Carlos de Inglaterra). O que fuera amigo de Mackaulay Culkin, cuando todo el mundo sabe que el protagonista de ”Solo en casa” es peor que el ébola en lo que a cuestiones humanas se refiere – en la escala Grimgüold de “Personas Peligrosas Para Nuestro Bienesestar Emocional” está situado entre Nicolas (¿o es Nicholas?) Cage y Renee Zellweger, así que con eso se lo digo todo y se lo digo ná… -.
Respecto a los juicios por pederastia o abusos a menores no quiero pronunciarme (más que nada, porque el inglés y yo no nos llevamos muy bien y tengo muy mala pronunciación), si bien tengo la impresión de que, pese a conseguir ser absuelto gracias a un arreglo con los denunciantes, el principal juicio lo perdió (por favor, que llevaba mascarilla hasta para comer!). Ya que estamos, y dado que algo de idea jurídica tengo, me permito relatarles una anecdota sobre los arreglos litigiosos: una famosa editorial – a la que llamaremos “Pim” -, sacó hace años al mercado – e incluso publicó y vendió en librerias – un ensayo que se convirtió, sorprendentemente, en un éxito de público; la portada de dicho libro era la imagen de un manual educativo de los años 30 que, en su día perteneció a otrora famosa editorial – a la que con el ingenio que me caracteriza llamaremos “Pom” -. A la vista de que el ensayo estaba batiendo records de ventas y que las ediciones salían como churros (es una metáfora, por supuesto: los libros estaban editados correctamente y no goteaban grasa), la editorial “Pom” decidió demandar a la editorial “Pim” por haber utilizado en la portada del best-seller una imagen que, en su día, perteneció a la primera. Los abogados de la exitosa editorial demandada que algo de idea de Derecho tenían (por lo que cobran, ya pueden, ya…), soltaron una carcajada excelsa de proporciones bíblicas – o eso dicen – y respondieron al servicio jurídico de “Pom” que “de puta madre, tú demándame, tontolculo, que como los derechos de imagen ya os han caducado, vais a perder el pleito y nos vamos a comprar otro yate más gracias a las costas que os van a imponer” (a lo mejor no le dijeron eso literalmente, pero ésa es la idea)… Y los abogados de “Pom” que de tontos no tenían un pelo – seguramente, gracias a implantes carísimos – respondieron: “ah, no, si sabemos que vamos a perder! Pero como no nos deis tropecientos millones y retireis de la portada esa imagen, con la demanda también pediremos que, cautelarmente (esto es, por si ascaso), os retiren del mercado todos los ejemplares hasta que se resuelva definitivamente el juicio que será por… mmm, no sé, ¿el 2.089?“. Los abogados de “Pim”, con la sonrisa congelada como el culo de un pinguino con neumonía, se percataron que les salía más rentable aceptar un acuerdo con “Pom” – aunque supieran perfectamente que tenían toda la razón del mundo – antes de perder las ingentes cantidades que la venta del libro les estaba reportando. Así que, firmaron el acuerdo, cambiaron la portada y se fueron a almorzar todos al Zalacaín (que es donde comen los abogados ricos que no tienen alma).
Por si alguien no ha entendido la relación entre la hilarante anécdota que acabo de relatar (”hilarante” es lo mismo que “breve“, ¿no?) y las cuitas legales de Michael Jackson, me refiero a que, antes de colgarle ninguna piedra al cuello del cantante en base a que se llegaron a acuerdos legales con los padres de los niños – supuestamente – abusados, deberíamos plantearnos que hubiera pasado si los juicios se hubieran celebrado, que duraran años, qué imagen pública tendría el cantante para los restos… Con esto no digo que al muchacho no le gustara de meterse donde no le llaman - entiéndalo como quieran -, ojo: sólo digo que en esta vida, curiosamente, no todo es blanco y negro… (Sí, el del principio del vídeo es ÉL!).
Cuando pienso en el llamado “Rey del Pop (sí que hay stop)” – lo siento, pero mis gustos musicales se reducen a la polka y una canción de Vanilla Ice que ya no recuerdo -, esto es lo que se me viene a la cabeza:
- que fue capaz de conseguir que toda España empezara 1.984 acojonada gracias al estreno del video-clip “Thriller” en el especial de Nochevieja. Se dice que, a consecuencia de la emisión del excelente trabajo dirigido por John Landis (un señor que sabía dirigir en los 80 y que ahora vende tupper-wares, creo), hubo gente que empezó y acabó el año en la misma fiesta;
- que fue capaz de conseguir llevarme al cine para ver mi primer musical (”La guerra de los niños”, con Parchis, no cuenta): “Moonwalker”. La película, vista en los – afortunadamente – desaparecidos “Multicines Centro” de Ciudad Olívica (los dueños eran unos tipos tan generosos que, por el mismo precio, veías una película y escuchabas dos; creo que las paredes que separaban unas salas de otras eran cortinas muy estiradas), mezclaba imagen real con stop-motion, efectos especiales a tutiplen y el baile de “Smooth Criminal” (eniyanyogüoqui, eniyanyogüoqui, ayugüoqui eni!). Obvia decirse que salí de la sala bailoteando como si a un epiléptico le picaran las piernas… ¡Ah, qué tiempos en que no fumaba!
- que fue capaz de generar los más extraños homenajes/parodias/copias descaradas. Ejemplos:
1.- El clasicazo: meta en una termomix al protagonista de “Slumog Millionaire”, cébelo bien, salpimente con unas gotitas de Bollywood y pierda todo tipo de vergüenza:
2.- El sociológico: “¿Se aburren sus presos? ¿La privación de libertad ha hecho mella en sus corazones? ¿Ya no se acuchillan tanto como antes? ¡Tranquilo! Con el “Thriller Way of Joy” – que incluye “Sister Act Method” y “Radio Gaga System” – sus reclusos volverán a comportarse como verdaderos animales, aunque sólo sea por el ridículo de verse bailar en el patio como si fueran zombies. Y si llama ahora, recibirá totalmente gratis junto con su “Thriller Way of Joy”, el fantástico libro “Aprenda a agobiarse con Richard Clayderman”. Que humillar es muy fácil si quiere, caramba!!”
3.- El profesional: Weird Al Yankovic, especialista en coger temas clásicos y darles la vuelta como un calcetín (nunca he entendido esta expresión) cogió el videoclip del temazo “Bad” – rodado por Martin Scorsese - e hizo su propia (cachonda) versión: “Who’s fat?!” [Nota: como por alguna extraña razón, no puedo insertarles (con todo el cariño del mundo, por supuesto) el vídeo - que pueden ver AQUÍ -, les pongo otro del cantante paródico norteamericano que también es muy bonito y dan ganas de abrazarse a un armario ropero]
4.- El bizarro: No… hay… palabras (atención a partir del minuto 3:10).
Seguiría hablando de todo lo que Michael “Jacko” Jackson ha hecho por el mundo del baile, la música y las cremas protectoras, pero tengo que ir a planchar una tonelada de ropa de bebé (así, a ojo). Descanse en paz… él que puede.
Afectadísimos saludos, estimados lectoseguidores.
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Reyes y Centauros!! (LVI… creo)
Julio 2, 2009 · 6 comentarios
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“Y al séptimo día intentaron descansar…”
Junio 28, 2009 · 13 comentarios

Ya sé cómo se preparó Christian “Hablo como Terele Pávez” Bale su papel en “El maquinista”:
teniendo un hijo.
Estimados lectores de este su blog, les habla algo que recuerda ligeramente a su humilde anfitrión Grom el Único. Resulta llamativo que yo, que he luchado incansablemente durante meses en las Guerras Braga de Fuego – en las que los Dhlafrraw nos enfrentamos a muerte con los habitantes de la Galaxia Bi-Bi-Bizak por el control del Botijo Que Todo Lo Ve -, haya sido derrotado en tan solo una semana por ese torrente de vitalidad, alegría y deposiciones líquidas – en forma de torrente – que es su amado Niño Estrella. Nunca pensé que una cosa tan dulcemente pequeña fuera tan devastadora: prefiero mil veces luchar con un brazo atado a la espalda de Megan Fox contra un Testigo de Jehová antes que intentar conseguir cambiar un pañal de mi idolatrado hijo. Por suerte para mí – y para la poca salud mental que tenía -, mi Bella Esposa no sólo es atractiva, inteligente y divertida y atractiva, sino que tiene una fuerza de voluntad sobrehumana. Y es que, teniendo en cuenta que en vez de manos, parece que tengo dos servilleteros, allí está presta y solícita para atender las constantes demandas del, según mi parecer (y el de Sparky, Mistetas, los estimados Doctor Frusna y August Herold Meyer y un tipo que se parece a Falete pero en gordo y que inexplicablemente nos apareció colgado del tendedero), niño más precioso del mundo.
Se podría decir que este post está siendo redactado con el innovador método de escritura automática – debido al cansancio, estoy moviendo los dedos sobre el teclado mientras me echo una cabezadita, con la esperanza de que lo escrito resulte legible o, cuando menos, no se parezca en absoluto al estilo de Pérez Reverte -; por ello, les pido disculpas si en algún momento leen Vds. algo que resulte incorrecto estoy hasta los cojones de los fichajes del Madrid o pueda molestar a alguien.
Suponiendo que están Vds. ávidos de información de cómo se desarrolló el feliz alumbramiento, comenzaré diciéndoles que la primera fase tuvo lugar el pasado Domingo 21 de Junio a las 02:34 de la madrugada. En ese justo instante, mi por entonces embarazadísima Bella Esposa y un servidor de Vds. nos encontrábamos a punto de visionar el final de la película “Knowing“, el último trabajo de Alex Proyas (estoy tan cansado que ni se me ocurre hacer un juego de palabras con su apellido), interpretado – es un decir – por Nicolas Cage. En la pantalla, el actor cuyos peluquines tienen vida propia y cada día se parecen más a un mapache borracho estaba soltando un intenso soliloquio – no les diré las circunstancias para no joderles el final de la película (que, por cierto, tiene uno de los planos secuencia más salvajes que he visto en el cine comercial desde hace décadas) – cuando mi Amada Santa puso la misma cara que cuando vio las fotos de Soraya Saenz de Santamaría en “El Mundo”. Me miró y soltó como quien no quiere la cosa: “huy, he roto aguas”. Pese a que yo ya conocía de la poderosa influencia de las actuaciones de Nicolas Cage en el comportamiento de los seres humanos – conozco casos de personas que perdieron momentaneamente la memoria y parte del vello púbico viendo “City of angels” -, he de reconocer que el anuncio me sorprendió completamente primero, para luego pegarme un ataque de risa histérico, continuar llorando de nervios mientras intentaba ponerme una lámpara de jersey y acabar tirado en el suelo hiperventilando y repitiéndome mantricamente “no soy Leopoldo Abadía, no soy Leopoldo Abadía“. Mientras, mi Bella Esposa se había duchado, vestido, maquillado y me esperaba en la puerta de casa con la canastilla preparada. Una atacada, vamos.
Un taxista que nuestro buen Sparky tuvo a bien detener mordiendo la rueda delantera izquierda nos llevó raudo y veloz a la clínica de maternidad; de momento, las únicas contracciones existentes eran a las cuatro ruedas del vehículo, por lo que la preciosa madre iba relajada al igual que yo, que me encontraba intentado chupar un ambientador de pino que colgaba del espejo retrovisor. Una vez llegamos, entramos los tres (convencimos a la enfermera de que Sparky era un peluche japonés de última generación) y nos instalaron en una cómoda habitación con vistas a un precioso jardín. Sobra decir que por entonces ya me había calmado lo suficiente, gracias a ver a mi Bella Esposa tranquila y al cocktail de tranquilizantes que la enfermera me había inyectado en la sién cuando quise comerme un fluorescente.

¡Qué beso ni qué narices! ¡Préñala y ya verás como no es capaz de dormir el resto de su vida!
Un aviso para las mujeres que no hayan tenido hijos a día de hoy: las contracciones duelen. Mucho. Y es que, al principio, mi mujercita aguantó perfectamente los movimientos naturales que su útero tuvo a bien llevar a cabo para inaugurar el parto; pero, transcurridas un par de horas, el dolor fue aumentando en proporción directa con el número de huesos rotos de mi mano derecha – incauto de mí, se la ofrecí a mi Amada Santa para intentar calmarla. A punto de perder el conocimiento, me zafé como pude y la cambié por el cuello de Sparky que en ese momento estaba desprevenido. Por suerte, antes de que mi mujer acabara con la vida de nuestro fidelísimo ayudante (más que globos, el pobre tenía zeppelines oculares), llegó la comadrona – que, pese a tener nombre de animal mustélido agresivo, era una cincuentona con gafas y con más maquillaje que en los almacenes de Margaret Astor – y nos comunicó que mi Bella Esposa ya había dilatado lo suficiente – cosa que no me extrañaba con el calor que hacía en aquella habitación -. Una simpática enfermera me pidió que esperara en la habitación, pues me traería “enseguida el pijama de quirófano para bajar al paritorio”. Tuve el presentimiento de que quizás el establecimiento médico escogido no fuera tan bueno como pensábamos (¿¡cómo era posible que hubieran contratado a alquien que creía que iba a ponerme a dormir en un momento como ése!?), hasta que Sparky, que se recuperaba como podía – oséase, mal -, me explicó que en la sala de partos hay que vestir prendas esterilizadas de color verde, para hacer juego con los aparatos médicos. Una vez la enfermera me trajo las prendas, me las puse ligeramente nervioso – si no fuera por Sparky, hubiera bajado en calzoncillos con los pantalones a modo de sombrero – y me llevaron al paritorio. Allí me encontré a mi Bella Esposa en un estado de relajación total, sonriente y tranquila. Sin embargo, cuando me senté en un taburete que había a sus espaldas, su estado cambió drasticamente: comenzó a quejarse de nuevo y a sentir dolor y molestias. Yo pensaba que era por mi presencia allí, hasta que la comadrona me explicó que en realidad era que me había apoyado en una vía intravenosa impidiéndole el paso a la epidural (la “epidural” es una droga que le inyectan a las parturientas, principalmente para que no intenten matar a sus maridos por haberlas preñado). Apareció el médico, muy majo y pizpireto – si no fuera porque conocía de antes su profesionalidad, diría que él también llevaba puesta la epidural -, se sentó delante de mi Bella Esposa y dijo “ahí viene”… Y vino.
Yo pensaba que después de ver a un elefante sordomudo interpretar la aria “E lucevan le stelle” de la refinada ópera “Tosca” en el Metropolitan Theatre de Albacete no iba a ver nada más impactante en mi vida. Pero el Niño Estrella saliendo - por fin - del vientre de su madre es la imagen más preciosa que he visto nunca. Y eso pese a que estaba completamente azul (hasta el punto de que pensé que mi mujer había dado a luz un pitufo; luego me explicaron que era por el frío, cosa que me sorprendió, ya que mi Bella Esposa es muy ardiente) y que no tenía dientes – en Gamma-3 los niños al nacer lucen tal dentadura que a los bebés los llamamos “anabelenes” -, ni siquiera que nos saludara cuando la comadrona nos lo acercó…
Es el bebé más bonito del mundo. Y no es que sea el padre, ojo. Bueno, a lo mejor, sí; pero sigo diciendo que es el bebé más bonito del mundo. Vamos, que cada vez que lo veo, el babero me lo tengo que poner yo. ¿He dicho ya que es el bebé más bonito del mundo?
Tras el rápido parto, y por cuestiones de protocolo (de Kyoto), debimos quedarnos dos noches en la clínica. Y he de reconocer que el muchacho nos ha salido tranquilo – desde luego, es hijo mío -: nos deja dormir bastante por la noche, come estupendamente y no ha intentado pegarnos en ningún momento. Claro está, como padres primerizos que somos todavía andamos inquietos con cualquier movimiento que haga (yo, por si acaso, he escondido la bomba de plutonio de bolsillo junto con los productos de limpieza), y cualquier pequeña tos, estornudo o regurgitación nos pone en un estado de alerta naranja al 5% T.A.E. Ya que la naturaleza humana me impide alimentar a nuestro Niño Estrella, reservando tal tarea a los pechos turgentes de mi Bella Esposa, cuando toca comer, siento que pinto menos que una enciclopedia en casa de Belén Esteban; pero en mi afán por sentirme útil me dedico a las tareas del hogar, mandándole a Sparky todo lo que hay que hacer – lo que resulta agotador: hay tantas cosas de las que ocuparse…! -. Eso sí, ya he ejercido como padre humano moderno y le he cambiado un pañal; el problema fue que se lo cambié por una Playstation 2, y padre e hijo hemos salido perdiendo, principalmente yo: es casi imposible jugar al “Call of Duty” con un trozo de plástico manchado de caca bebina.
Una última cosa antes de caer rendido: si alguno de sus hijos, presentes o futuros, es de buen comer y compite en ventosidades con un Camilo José Cela post-fabada, nunca, bajo ningún concepto, se les ocurra decir a sus vecinos que el niño es un “pedo-filo”. No lo van a entender, los muy gilipollas.
Seguiremos informando. Hasta entonces, reciban afectadísimos y agotadoríceos mas felicisísisimos saludos, estimados lectoseguidores.
A todo esto, les presento a nuestro amadísimo Niño Estrella:
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La R.A.E. responde: ¿Cuál es el origen del famoso refrán “Tiran más dos tetas que una sola teta”?
Junio 18, 2009 · 12 comentarios

Que es mucho para mí, dicen… Pues por mis cojones que me la acabo!
Estimados lectores de este su blog, aquéllos que sean fieles seguidores de “Gromland” sabrán que nuestro amadísimo Niño Estrella está a punto de nacer. Bueno, en honor a la verdad (esa cosa que, por lo visto, tiene monopolizada Pedro J. Ramírez), nuestro hijo debería haber nacido el pasado Lunes en virtud al concepto “salir de cuentas”. Como los dhlafrraw no tenemos de esas cosas en Gamma-3, el médico tuvo que explicarme que Vds. los humanos fijan una fecha en la que el bebé está preparado para abandonar el vientre materno y ponerse a gritar como un orate en medio de un paritorio. Pues bien: parece que el crío está más a gusto de lo que esperábamos dentro de su madre (tenemos mi Bella Esposa y yo la teoría de que, con todas las patadas que le mete a su progenitora, debe estar haciendo obra y ampliando el utero para poner un LCD). Como bien afirmaba el buen amigo Insustancial, “este niño es un vago”, a lo que yo le respondí que es obvio, teniendo en cuenta que lo lleva en los genes: no olviden que la madre es funcionaria…
Logicamente, en estos momentos el único pensamiento que me ronda en la cabeza (además de porqué siguen permitiendo que Pablo Motos entreviste a gente) es que todo esté preparado para la llegada de nuestro pequeño vástago – que, aunque parezca un insulto, significa “descendiente” -; en mis años como guerrero interdimensional he tenido que llevar numeroso equipamiento con el que afrontar las batallas (corazas, armas, radiotransmisores neuronales, el “Lecturas”,…), pero les puedo asegurar que nunca me imaginé que una cosa tan pequeña necesitara tantos accesorios – sigo refiriéndome a mi hijo -: arrullos, bodies, gasas, camisitas, pañales, patucos y pololos (¿no les suenan a bandas latinoamericanas?), saquitos de dormir, gorritos… Yo, ya puestos, he querido instalarle en su habitación un mini-bar (para que hiciera juego con su tamaño) repleto de biberones de kalimotxo, pero su madre, mujer de intensa belleza y superior magín, me convenció de que no es conveniente acostumbrarle al alcohol desde tan pequeños; yo le repliqué argumentando que Jiménez Losantos también es muy pequeño y, escuchando lo que dice, parece que va siempre borracho como una cuba; a lo que mi mujer me respondió que, si bien el Pequeño Ruiseñor de la COPE tiene la estatura de un recién nacido e incluso sus comentarios tienen menos lógica que los de un niño de dos años, no se le puede considerar un bebé; en todo caso, un bobo.
El hecho es que, mientras mi Bella Esposa y yo (des)esperamos la llegada del que será la alegría de la casa – lo que ha provocado, según mi mujer, que nuestro fidelísimo mayordomo orangutanoide Sparky tenga “pelusilla” (lo que me confirma que el embarazo ha afectado a mi Amada Santa más de lo que esperaba: lo de Sparky, más que pelusa, son unos pelos que parecen de cáñamo, pero bueno) -, me dedico a vagabundear por la casa, atento a cualquier movimiento extraño de mi mujer. Con “movimiento extraño” me refiero al que pueda indicar que el proceso parturiento se ponga en marcha, no a que se ponga a pegar saltos a la pata coja mientras imita a Risto Mejide con acento alemán (recomendación, por cierto, que le hice, para ver si con la fuerza de la gravedad el niño salía del nido de una vez; sobra decir que, con cariñosas palabras, mi Bella Mujer me mandó a la mierda). Este deambular ocioso por kilómetros y kilómetros de pasillo – ¿cómo diablos haría Sparky para limpiar si no le hubiéramos comprado la Vespagamuza? – me ha dado tiempo para pensar en todas aquellas cosas relacionadas con la reproducción humana que desconocía. ¿Por qué la gestación dura nueve meses, y no dos años o veinte minutos? ¿Tienen conciencia los espermatozoides cuando se lanzan en brutal carrera hacia el óvulo? Y si así fuera, ¿qué piensan de Fernando Alonso? ¿Cuál es la razón de que, al inicio del embarazo, la mujer tenga nauseas? ¿Por qué, sin embargo, los hombres no tienen nauseas? ¿Es bueno tener nauseas mientras besas a alguien?
De ahí que me haya puestos manos a la obra y haya construído un bidé jacuzzi en medio de la biblioteca; ¿qué quieren?, el aburrimiento… Dado que un nuevo artílugio sanitario no es lo que se dice muy útil en lo que a labores didácticas se refiere (si bien le he puesto unas pegatinas de “El Equipo A” que venían con la “Teleindiscreta” y me ha quedado molón molón), he decidido compartir con Vds. una serie de reflexiones relacionadas con el maravilloso mundo del embarazo, la reproducción humana, el parto… y las nauseas:
1.- “La transexualidad espontánea” o ”Si quiero tener un niño, ¿debo comer mucho nabo?”: Una de las cosas que más graciosas me parecen de la raza humana – además de Marianico el Corto - son las absurdas creencias que algunos de los de su especie tienen en relación a la elección del sexo del futuro bebé. A través de los numerosos estudios que he ido recopilando sobre los de su especie, y de los que son una especie de su especie, me he percatado de que existen tres tipos de sexo: masculino, femenino y neutro (que es el que tienen los matrimonios después de quince años de casados). Los dos primeros de ellos – desecho el tercero porque no me gusta hablar de cosas tristes – se fundamentan en unas cositas muy pequeñas, muy pequeñas, que los humanos tienen dentro llamadas “genes”. Estos genes acumulan toda la información básica de la persona en concreto; es, por así decirlo, como su libro de instrucciones: el color de pelo, ojos, cuántos brazos va a tener, si será o no del Betis… Y, por supuesto, si el proyecto de ser humano tendrá aversión a las tareas del hogar o si no parará de decir “es que tú no me entiendes…”.
Evidentemente, al tratarse de esa dualidad, las probabilidades de que nazca un niño o una niña serán, aproximadamente (no tengo los datos a mano ahora mismo), de un 50% – un 40% en la Comunidad Canaria -. Bien; pues existen una serie de teorías, a cada cual más absurda, que consideran la posibilidad de que una pareja consiga que su retoño luzca pene o vagina dependiendo de:
a) la alimentación: estudios científicos (es un decir) afirman que si la pareja, o incluso tríos con mentalidad liberal, desean tener un niño deberán trasegar con carne roja, alimentos ricos en sal o, agárrense que vienen loopings, bebidas cola. Si bien lo de la carne no lo entiendo muy bien, lo de los alimentos ricos en sal le veo cierta lógica – es muy corriente que cuando las viejas merodeadoras de parques se acercan a un carrito de bebé exclamen (salivando a diestro y siniestro) “ay, qué salao!!”, confirmando esta teoría -; y lo de las bebidas “cola”, ni lo explico por su obviedad – vamos, que los niños tienen “colita” y… ya lo habían entendido, ¿no?
b) las relaciones sexuales: por increíble que parezca, algunos miembros de su especie – y no me refiero sólo a los hombres – tienen la firme creencia que es necesario para tener un hijo varón que el futuro padre deba dormir a la izquierda y la mujer mirando al Norte. De qué modo puede influir la postural camal en la gestación de un XY es algo que se me escapa y, sinceramente, no pienso ir corriendo detrás; ¿por qué no que la mujer duerma con medio cuerpo sobre la cama y el otro medio debajo de la misma? ¿O que el hombre se chupe el dedo gordo del pie izquierdo mientras abre y cierra los ojos a intervalos regulares? Otra de esas absurdas creencias se refiere a la temperatura testicular: el hombre – que suele ser la parte de la pareja con testículos – deberá tener los mismos a una temperatura elevada (la creencia habla de tenerlos “calientes”). Más allá de que suele ser habitual “estar caliente” cuando se realiza el acto, ¿qué temperatura se considera apropiada? ¿100 grados? Si las alforjas de la vida no desprenden el calor suficiente, ¿cómo actuar? ¿Deben darse unas vigorosas fricciones en salvasealaparte – con el más que probable riesgo de que el acto lo vaya a practicar luego Rita la Cantaora -? ¿O, poniéndose culinarios, habrá que poner los huevos al baño maría?
c) las entrañas de una oveja sacrificada al amanecer del quinto día después de la contratación de Cristiano Ronaldo: la web linkeada, Babysitio, afirma que “otras tradiciones señalan que el sexo de tu hijo estará determinado de antemano”. Y es cierto, ya ven Vds.: concretamente, por los genes. Dado, pues, que el avieso Destino ha puesto a cocer en el vientre materno un soldado en vez de una princesita, lo único que resta a los sufridos padres es predecir el sexo del bebé, para así poder a comenzar a comprar ropa rosa o azul (el orden creo que no es éste): “Si la naciente del pelo de la nuca del hijo anterior termina en forma de colita el próximo hijo será un niña. En cambio si la naciente del pelo de la nuca es recta el próximo hijo será un niño.” Además de estúpido, este sistema es contradictorio: terminando el nacimiento del pelo – primera contradicción – en forma de colita, lo suyo sería que el gestado tuviera una idem. También es cierto que pedirle a estas creencias una mínima coherencia es como pedirle a Mariano Rajoy que ruede una película porno con María Antonia Iglesias…
Otras opciones nostradamuseras son: mover una aguja colgada de un hilo sobre la palma de la mano (si se mueve en círculos, es un niño; si lo hace adelante y atrás, una niña; si se clava la aguja en la palma de la mano, la madre es una inútil); esconder una cuchara y un tenedor bajo unos cojines y pedirle a la mujer embarazada que se sienta sobre uno de ellos – es recomendable, dicen, que la mujer no sepa dónde está una y otro: si lo hace sobre la cuchara, niña. ¿Adivinan que será si lo hace sobre el tenedor?… Xactamente. Si pega una patada de un lado o de otro, si la barriga tiene forma picuda o redonda, si a la madre le entran ganas de montar un club de fans de Manuel Torreiglesias…
En mi humilde opinión, la mejor fórmula para predecir el sexo sus hijos es esperar a que cumplan los doce años: para entonces, supuestamente, la cosa estará clara.

“Antonio, llama al Carrefour, que esto no es la tele que compramos”
2.- “El período gestacional” o “Te dije que comprobarás si los condones estaban caducados, tontoloscojones”: Una vez que el Ussain Bolt de los espermatozoides alcanza el óvulo y clava una pica en Flandes – una vez que el hombre haya clavado otra cosa -, comenzará para la mujer el maravilloso periplo de comprobar cómo una vida comienza a desarrollarse en su interior. De nada importan las arcadas y vomitos mañaneros, los cambios de humor repentinos, el descubrir que desaparece para su vista el cuerpo de barriga para abajo o los antojos de comer boquerones con Nocilla (esto reafirma mi teoría de que Ferrá Adriá compone sus platos hablando con mujeres embarazadas). Mas, no todo van a ser comodidades: las féminas preñadas también sufren situaciones molestas como las que les relato a continuación:
- La acidez estomacal producida por el pelo del bebé: es bastante habitual que las mujeres embarazadas tengan unos reflujos estomacales mayores que los que produce ver una gala de “O.T.”; la explicación popular es que dichos malestares vienen producidos porque el pelo del bebé roza el estómago de su madre. Más allá de que el niño debería lucir una mata de pelo a lo Jose Luis Rodríguez “el Puma” para atravesar la bolsa del útero, lo cierto es que la acidez suele surgir cuando el embarazo lleva unos cinco o seis meses jodiend… alegrándole la vida a la madre, para entonces, el bebé suele estar con la cabeza mirando hacia el pubis de la mujer – de hecho, muchos hombres quedan en esa posición toda su vida -, por lo que es bastante difícil que la cabellera del crío pueda rozar algo que le queda completamente a sus pies. Otra opción es que tenga los pies peludos como si fuera un hobbit, pero se han dado muy pocos casos de mujeres que hayan acabado pariendo a personajes de “El señor de los anillos” (sólo se conoce el caso de María de los Ángeles de Charlie Buckingham Palas, que dio a luz a un orco; pero es que tenían que haber visto al padre, oigan…!).
- Los bebés nacen con cara de lo que se le antojó a la madre y no comió.- Pónganse en situación: cinco de la mañana; la madre despierta sobresaltada y comienza a susurrar a gritos que quiere langostinos cocidos con fresas y lasaña; el marido, que está en el séptimo cielo, farfulla algo así como “sssisssituquierassscariñooo”, para acto seguido hacer una imitación perfecta de un tronco. La madre, refunfuñante pero comprensiva, golpea a su marido con la lamparilla de noche y sigue durmiendo. ¿Como coño es alguien con cara de langostinos cocidos con fresas y lasaña? ¿Yola Berrocal tras una operación? ¿Puede alguien realmente tener antojos de langostinos cocidos con fresas y lasaña? ¿Y quién narices se inventó este mito y para justificar el qué? ¿La madre del Fary porque su marido un día no le llevó una limonada? Otra versión es que “si la mamá ve algo feo durante el embarazo, el bebé será feo”; ya, y si ve “Transformers II”, será un robot…
- Si la madre no toma mucha fruta durante el embarazo, el niño saldrá sucio: Esto… er… en fin…
3.- “El parto de las mareas” o “Para mí que das a luz mañana, que hay cambio de luna”: el cuerpo de Vds., los seres humanos, es un 90% de agua (menos en el caso de Massiel, que es ginebra); dado que el satélite terrestre ejerce una poderosa influencia sobre las subidas y bajadas de las aguas marinas, el saber popular relaciona dicha influencia con el parimiento – o nacto -. Tras intensas jornadas de investigación empírica, puedo afirmar con rotundidad que “¡y un cojón de pato a la naranja!”: el Niño Estrella, en base a eso, debería haber nacido hasta tres veces en lo que va de mes y, como les decía al principio de este post, parece que tiene menos ganas de salir que Carmen Lomana de comer en un albergue para indigentes.
Yo, por si acaso, tengo preparada una tabla de ejercicios, una dieta rica en picantes y una prensa hidráulica. Les mantendré informados, estimados lectoseguidores. Y ahora les dejo con la ganadora del “XIXF Certamen Gromiano de Canciones Pedorras”:
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