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Friedrich  Engels, segundos antes de ser devorado por su barba

Estimados lectores de este su blog, les habla la Dirección de Gromland. Deseamos aclarar que el ritmo de publicación de esta modesta pero sublime bitácora se ha visto repentinamente frenada por culpa de la nueva incorporación a la plantilla: como recordarán, el pasado mes de Julio anunciamos que ibamos a contar entre nuestros colaboradores con la presencia de la Srta. Montana Amberhoney, en calidad de cronista social. Sin embargo, hemos de reconocer que a la hora de contratarla nos precipitamos cual gogó de discoteca borracha: el curriculum de la Srta. Amberhoney se extendía a lo largo de varias hojas de eucalipto pegadas con chicle (primer síntoma que nos debió hacer sospechar), con numerosas faltas de ortografía en una misma frase (llegamos a contabilizar hasta cuatro errores tan sólo en la palabra “de”) y la foto del citado currículo era un fotograma de Megan Fox en la película “Transformers 2” (les podemos asegurar que ése no fue el motivo de su contratación, pues todos los miembros del Dpto. de Recursos Humanos son ciegos de nacimiento por parte de padre).

Ante las dudas suscitadas, concertamos una entrevista con la Srta. Amberhoney y nuestra sorpresa al verla aparecer a las nueve de la mañana por las oficinas de “Gromland” fue mayúscula times new roman: no sólo se presentó más tarde de la hora acordada (concretamente, ocho días más tarde), sino que llegó en un estado similar al de una persona que acaba de despertar de una anestesia: tiritando, con problemas en el habla y en camisón. No obstante, su aspecto físico fue de capaz de borrar la impresión inicial: reconocemos que la mayor parte de la plantilla somos de letras – especialmente, Murillo el de Contabilidad Astral, que está hecho con recortes de periódico -, por lo que ninguno fuimos capaces de calcular si el piso del despacho podría aguantar el peso de semejante vacaburra. Con decirles que, a su lado, Jabba the Hut parece Kate Moss, se harán una idea del tonelaje que la buena mujer llevaba encima. Y dentro.

Kant

Immanuel Kant, autor de “Kritik der reinen Vernunft” (“Reina, dame un vermut con cítricos”).

Tras un breve incidente con la Srta. Amberhoney y un mechero (pretendía prenderle fuego a nuestro becario/corresponsal/charamarilero Mistetas, al grito de “Un perrito caliente, un perrito caliente!!”), conseguimos que entrara en la Sala de Juntas, previo derribo de la pared. En primer lugar le pedimos que nos explicara cómo era posible que, habiendo sido directora de la revista digital “Tendencias21”, pudiera afirmar en el cuestionario que acompañó a su curriculo que “para este invierno, estará de moda entre los hombres las armaduras de acero inoxidable con pegatinas de Phoskitos; y las mujeres llevarán las bragas por fuera y sólo parpadearán los Martes”. La Srta. Amberhoney lanzó lo que nos pareció una carcajada (si bien sonó como cuando se derrumba un edificio) y nos explicó que en realidad ella había sido directora de esta revista “Tendencias“: en los huecos que tenía como reponedora del “Leroy Merlín” de San Sebastián de los Reyes – por lo visto, era la única reponedora, y no nos referimos a que sólo hubiera hombres y ella -, maquetaba junto a su amiga Pilarín la revista “porque mi pasión”, nos comentó, “siempre ha sido el periodismo. Y los churros”.

Viendo que no había manera de resolver aquello – por una absurda cláusula legal, los trabajadores de la plantilla de “Gromland” sólo pueden ser despedidos cuando un obispo gana el “Pasapalabra” -, le rogamos que nos hiciera un esbozo de artículo. “Muy bien”, dijo, “tráiganme una docena de huevos, que pan rallado ya llevo yo en el bolso, y les rebozo lo que quieran”. Cuando acabamos de explicarle qué significaba el concepto “esbozo” (“¿Y no pueden decir “borrador”, como todo el mundo?”), ya era noche cerrada, por lo que le aconsejamos que lo mejor sería esperar al día siguiente, de manera que la Srta. Amberhoney tuviera tiempo suficiente para preparar un texto en condiciones… y para que nosotros pudieramos trasladar la oficina a otra ciudad.

Lamentablemente, Abarriguieocoechea, el de Marketing, Financiación y Menaje del Hogar, tuvo problemas a la hora de mover su impresora: calculó mal (les recuerdo que somos de Letras) y el aparato le aplastó la cabeza. Como tuvimos que esperar un par de horas hasta que llegara el juez a levantar el cadáver – no nos pareció del todo correcto, las cosas como son, que se dedicara a lanzarlo al aire para hacer malabarismos -, no pudimos escapar a tiempo y la oronda figura de nuestra nueva colaboradora apareció por la puerta. Pero no pudo atravesarla. Así que tuvimos que quitar el marco. Otra vez.

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Platón

Hemos de reconocer que el estilo literario de Montana (que en realidad se llama María Lourdes Alonso Zetazetatop) es directo, no se anda con remilgos a la hora de exponer las cosas y afronta la realidad desde un enfoque completamente diferente. El texto que nos entregó se titulaba “Mis vacaciones” y constaba de una única frase:

“Este verano estuve en Benalmádena, comí unos chopitos que estaban malos y, cuando estaba bañándome, me cagué encima”.

Viendo que habíamos tirado el dinero contratando a semejante malaburra, el Redactor Jefe planteó la posibilidad de asesinarla y vender la carne a los restaurantes chinos. Gran parte del personal comenzó a proferir gritos y quejas exaltadas frente a lo intolerable de la propuesta: con semejante cuerpo, ibamos a tardar meses en acabar de descuartizarla. Sin embargo, el pequeño Tim – el optimista muchacho que siempre sonríe pese a que su familia es pobre de solemnidad, a que tiene una pierna dañada por la polio y a que es del Atlético de Madrid – alzó su dulce vocecilla en la vociferante sala y dio uno de los más bellos y emocionantes discursos que hemos escuchado en nuestra vida:

“Señores, oh, buenos señores, permítanle decir a este inexperto pero entusiasta joven unas palabras. Saben bien, mis amados compañeros, que desde que llegué a este bullicioso lugar me he sentido querido y arropado por todos y cada uno de Vds. Con el paso del tiempo, he ido comprendiendo que juzgar a alguien sin profundizar en su corazón es un error, un error tremendo e injusto. Yo mismo caí en las pérfidas garras de la maledicencia al comprobar que el Subdirector de esta generosa casa era un orangután con ademanes humanos – y como bien dice mi amado Padre Melquiades, todos los seres de la creación merecen de nuestro cariño y comprensión, menos los simios que representan el oscurantismo de los malditos evolucionistas -. Mas, oh mis respetados colegas, mi visión advenediza y llena de asco se suavizó cuando conocí más profundamente al Sr. Sparky; mi buen Sr. Sparky, siempre con sus anteojos a punto de caer de su deformado rostro, atareado de aquí para allá, presto a echar una buena mano a quien lo necesite… Están equivocados si piensan que mi respeto afloró el día que el Sr. Sparky me pegó la paliza con aquella barra de pan duro, no: fue tras ahondar en su comportamiento generoso cuando descubrí que, tras esa fachada repulsiva, se encontraba un sujeto de buen corazón; ¡y ello pese a no tener alma, pues como todos Vds. saben, mis admirados amigos, los animales no tienen alma! Ni las mujeres cuando menstruan…

Por eso, deben frenar sus impulsos de condenar al ostracismo más absoluto a la Srta. Amberhoney simplemente por ser una monstruosa imbécil. Algo me dice, oh mis sempiternos camaradas, que si viéramos debajo de esa ingente capa de grasa encontraríamos una persona. Y no refiero que alguien, años atrás, tropezara y cayera entre los pliegues de su barriga, quedando atrapada para siempre, no. Me refiero a que estoy convencido que Dios Nuestro Señor nos hizo a todos el regalo más bello que se le puede hacer a un ser humano: la inteligencia. Cierto es que a algunos sólo les da una muestra de regalo como la que vienen en las revistas; pero me niego a creer que haya alguien que no tenga nada que aportar. Mírenme a mí, oh mis eclécticos cofrades: pese a haber nacido en el seno de una familia humilde, donde la abundancia brilla por su ausencia, y sufrir esta dolorosa lesión en una de mis infantiles extremidades (por culpa, como bien me dijo mi idolatrado Padre Melquiades, de que mi madre durante el embarazo leyera un libro); pese a ser objeto de chanza y burla de vecinos y extraños y extraños vecinos, la Providencia no ha permitido que fuera un despojo más, como si de una vulgar feminista se tratase. Mis habilidades no son muchas, pero todavía soy capaz de llevar unas buenas tazas de té caliente sin derramármelas en la cara; y, si tuviera, me jugaría todo mi sueldo a a que en esta oficina fui contratado por el oculto pero latente potencial que algún día espero demostrar, y no porque la Xunta de Galicia obliga a tener jóvenes ingleses pobres con polio en una pierna y una muleta de madera en las oficinas con más de veinte trabajadores.

Permítanme concluír, oh mis espongiformes ñam-ñam, diciendo que ayer tuve oportunidad de charlar brevemente con la Srta. Amberhoney; y, maravilla intelectual, fue capaz de razonarme paso por paso y sin ningún tipo de falla en su argumentación el porqué la contratación de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid ha provocado que Isabel Coixet, esa maligna enviada de Satanás, haya cometido plagio en el cartel de su última aberración. Siendo, pues, su capacidad para los silogismos aristotélicos digna de admiración, sugiero que aprovechen tal facultad: creo que será una oportunidad que les honrará como seres humanos y hará que allí en los cielos Nuestro Buen Dios sonría, y así ese día no morirá nadie. Bueno, homosexuales sí.”

Cuando Tim acabó de hablar, permanecimos un buen rato en silencio, pensativos, meditando, algunos dormidos. Y, tras unos breves instantes, irrumpimos entre lágrimas y vítores en la mayor salva de aplausos que hubiera recibido cualquier niño inglés pobre con polio en una pierna y una muleta de madera. Habiéndonos convencido, decidimos que la planetaria Amberhoney intentaría explicar los acontecimientos que ocurren en el día a día, utilizando su – intuíamos – particular lógica. De ahí que a la sección, en vez de “Silogismos Gromianos”, la llamaríamos “SILOQUÍIISIMOS GROMIANOS”; al decírselo a Montana, profirió una serie de grititos que nos hizo temer que apareciera una manada de elefantes acudiendo a la llamada de auxilio, pero era tal la felicidad de la jodida mamut aquella que decidimos no golpearla para que se calmara. Cuando le comentamos que todo había sido idea del joven Tim, se levantó como pudo de los sacos de cemento que le habíamos puesto de asiento y corrió (es un decir) a abrazarlo. Y fue tal la dicha de la nueva colaboradora que, al darle el amarcordiano achuchón, lo mató.

Pero ésa es otra historia que contaremos en otra ocasión. Que descansen, Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra…

(- Oye, ¿se puede saber qué coño ha pasado al final del post?

– ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

– No es eso, joder. Lo que ocurre es que el post tiene más o menos el estilo de siempre, con su supuesto humor…

– ¿”Supuesto”?

– Sí, “supuesto”, que has plagiado un chiste de les Luthiers con lo de Platón…

– No, no, es un homenaje, que no es lo mismo…

– A lo que iba: ¡que, sigues leyendo el post, y de repente aparece un personaje de “Cuento de Navidad”, de Charles Dickens, que se larga un soliloquio sin pies ni cabeza, y acaba el post con el título de una novela de John Irving!

– Sí, bueno, es que con este post yo pretendía mostrar de una puñetera vez cómo… ¡Oh, mierda, el micrófono esta abierto! ¡Apágalo, coño, apag).

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