Cristobal Montoro, diseñado por la Factoría de Jim Henson

Hola, amigas y amigos del bloc “Grupiland”, os habla Matilde Pereira Sánchez-Padilla. Me ha tocado a mí daros las últimas noticias, porque el ambiente por aquí anda más revuelto que mi estómago cada vez que pienso en acostarme con Cristobal Montoro. Se ve que a los niños les ha afectado bastante que a la gorda de Montaña Amberjolín le hayan cortado la cabeza y la hayan metido en una caja; que ya ves tú, como si esta gente no hubiera visto nunca una cabeza dentro de una caja – mi Venancio me estuvo regalando una por San Ballantines durante doce años hasta que no tuve más hueco en el congelador; di que él lo hacía con una notita que ponía cosas bonitas como “Esto me hace pensar en ti, sátrapa mía” o “Yo soy tu Herodes, tú mi Salomé y tu madre, Gollum” -. Una, que ya tiene sus años espatarrados por todo el cuerpo, se ha liado la manta a la cabeza, se ha arremangado las bragas y se ha venido a Viggomortensen para echar una mano en lo que haga falta. El problema es que, como tenía liada la manta, no veía un pijo y acabé en Puntarróns (Tarragona); que un consejo os doy: si alguna vez pasais por ese pueblo, ni se os ocurra decir que, pese al nombre del pueblo, las mujeres parecen muy limpias y finas, que son muy susceptibiles y te intentan tirar al pilón de ácido sulfúrico.

El que está mas afectado es el Tim, el escuchimizado que tienen llevando cafés de un lado para otro, con lo que le cuesta a la criatura desde que le fastidió la pierna la poli, y todo para que no se los beba nadie.

[NOTA DE “GROMLAND”: Sí, supuestamente el pequeño Tim, nuestro colaborador inglés con polio en una pierna y una muleta de madera, había fallecido precisamente a consecuencia de un abrazo de la finada Srta. Amberhoney. Pero ¿qué narices? También aparentemente Ian Malcolm, el matemático de “Parque Jurásico” la endiñaba al final del libro, y Michael Crichton (Q.E.P.D.) lo puso de protagonista de la secuela; o los grandes satíricos Ilf y Petrov “resucitaron” al timador Ostap Bender quien, asesinado en “El misterio de las doce sillas”, reaparecía vivito y coleando en “El becerro del oro”. Así que si esos autores lo han hecho, no sabemos a qué narices vienen esas caras de extrañeza, coño!!]  

El Tom éste le ha entrado una perra muy grande con Kevin Espacio, el malo de “Sospechosos habituales”. A lo que se ve, según el canijo tullido, cada vez que alguien recibe una caja con una cabeza, es que ha sido Kevin Especie. Como soy la experta en cines de esta casa, le he dicho que no sólo en “Seven-ileven” le mandan cajas con cabezas a la gente: en “Prison Breik” también había caja con sorpresa; en “Los borregos están callados”, el cabezón estaba metido en un bote como de aceitunas “La española”; un zangolotino recibe una cajita con una cabecica pequeñita, pequeñita en “Pescadilla antes de Navidad”;… Vamos, que hay un porrón de ejemplos, y que le diría más si no hubiera confundido mis pastillas para la reuma con una botella de güisqui. Pero nada, el esmirriado erre que erre, que se nos iba para Jolibú a cantarle las cuarenta a Kevin Sprite; si no llega a ser por el Gromulo que fue capaz de dormirlo – le cantó una nana  preciosa mientras le atizaba en el caletre con la muleta – se nos va para allá… Ay, estos ingleses con malformaciones, cómo son! Y todo por una mujer que ni era guapa ni nada y más gorda que la picha de un cerdo mutante (la esposa rubia dice que era por “un  problema de tiroides”, y razón no le falta: la Montana no hacía nada de ejercicio, que estaba todo el santo día “tiroide” en el sofá).

[Este último comentario ha sido patrocinado por el espacio “El Club del Chiste” de Antena 3]

Total, que viendo cómo estaba el percal, mi sobrino Jaimito – que me ha acompañado porque cómo me iba a dejar venir sola mientras a él le persigue la policia en Algeciras – me dijo que nos fuéramos al cine. Mi amiga la Angustias (que también se ha venido por equivocación: se había pensado que yo iba a comprar el pan y me acompañó hasta aquí) comentó que a ella le apetecía ver la de Cherlock Jolms, que las películas de misterio siempre le han venido bien para hacer de vientre, y se ve que con el viaje andaba un poco estreñida. Yo les dije que no me hacía mucha gracia verla, porque seguro que el detective se liaba con el ayudante, el Güatson, y que yo ver a dos hombres besándose me daba cosa desde que estuve en aquella convención del PP andaluz. Jaimito me preguntó que porqué pensaba; y que, ya que lo hacía, que porqué pensaba eso. Yo le contesté que si la película la dirigía un mariquita con pudientes, algo de saraseo habría. Pero me explicó que Guy Ritchie no significa “Gay Rico”, que el hombre estuvo casado con la cantante Mamonna esa (“más a mi favor”, le dije), que sus películas son de acción a rabiales y que se me llevaba la tarjeta que tenía que ir a comprar unas cosas con forma de harina. Si yo fuera una malpensada, que no lo soy, creería que iba a endrogarse.

Así que la Angustias y yo arreamos para el cine. ¿Y qué quereis que os diga? La película es muy entretenida, que sólo tuve que ir al baño dos veces. El que hace de Cherlock Jolms es el muchacho este, Roberto Down Jr., y pese a su enfermedad, actúa muy bien, que no se le nota que es mongolito. El Güatson es el Jude Law, que también lo hace estupendo, que tampoco se le nota que es judío. Y el malo me recordó a mi Venancio, cuando me iba a rondar antes de ser novios; con la diferencia de que el malo no viola a nadie…

Hay mucha acción y misterio, y los decorados son muy realísticos, que te da la impresión de que estás en el Londres de hace muchos años (la Angustias estuvo en Londres porque le tocó un viaje que sorteaba el Lidl, o porque se encontró algo en unos plátanos y le dieron el viaje para que se callara, o algo así, y me dijo que es exactamente igual a como sale en la película: todo sucio, lleno de mendigos y con gente corriendo de un lado para otro). Tan solo hay una cosa que no me gustó, y es que el detective a veces era un poco pesado: decía “pues ahora al maleante que viene por aquí le voy a dar un golpetazo en la nuca, y luego le voy a estrujar las huevas, y luego le voy a cantar “Nobleza baturra” mientras le pellizco el culo”, y entonces se veía como le hacía todas esas cosas, y se hacía un poco repetitivo. Que a la Angustias eso le gustó, ojo, que decía por lo bajini: “Ay, Matil, ¿que no te has fijado que el hombre lo tiene todo pensado?”. Y yo le contestaba que cómo era posible que se hubiera fijado ella, si cuando entramos se puso unas gafas que había en el suelo para ver en tres dimensiones superiores y cuando me hablaba miraba para el asiento que tenía a su lado vacío.

Robert Downey Jr. caracterizado de Basil Rathbone caracterizado de Peter Cushing

Vamos, que la película tiene un pase (bueno, cuando fuimos nosotras había tres: a las 4, a las 7 y a las 10), y que lo único que me molestó de verdad de la película es también cosa de las novelas (yo es que leí mucho a Cherlock Jolms cuando estuve presa en Turquia); y es que el tío se guarda datos para él solito y, al llegar el final, los suelta todo y resuelve el caso y dices “coño, es que si yo hubiera sabido todo eso, también lo hubiera solucionado yo, desgraciao!”. Pero bueno, a nosotras nos gustó – a Angustias más, que decía que se quería ir a vivir a Pandora (¿?) -, así que en el rodillómetro le pongo un 3 y medio.

(No voy a poder poner los rodillos porque, cuando les explotó la casa a esta gente, cascó todo el material informático y las herramientas de cocina).

A mí lo de ver la película me dio una idea: que la Angustias y yo buscáramos pistas para saber quien le había pegado el tajo en la cabeza a la gorda de la Montoya. Así que me puse mi capa de investigar, me compré una pipa en una tienda llamada “Mar y Juana” y, tras pegarle dos chupadas a la pipa, me quedé en pelota picada en medio de la calle gritando “¡Quiero que me cubra Bertín Osborne!”. Una verguenza, vamos. Y para colmo, todo el mundo asustado con mis pechos (resulta que me quise comprar uno de esos sostenes que anuncian a las tantas de la mañana en la tele, Güondersbrás, para poder verme el ombligo, que me lo tapan las domingas; pero como andaba medio dormida, me equivoqué de anuncio y acabé llamando a otro número: me mandaron dos cosas que se llaman “Jes Extender”, que resultaron ser para alargar el badajo. Y al ponérmelos, pues claro, que se me han quedado los pezones como dos salchichas Campofrío…).

Nos volvimos para casa después de que Sparky (no creo que se llame así, pero bueno) pagara la fianza por las dos: a la Angustias también la detuvieron por “escándalo público” cuando la vieron sonreir. Y, al llegar, dos terribles noticias nos esperaban: resulta que, tras fijarse un poquito, el Grom (que tampoco creo que sea éste su nombre) había descubrido que a la cabeza de la Amberhollyfield… ¡le faltaba el cerebro! Que se ve que se lo habían chupado con una pajita por la oreja, y dentro le habían metido un montón de paja (de paja, de hierba, vamos, no que se hubieran… bueno).

Y luego que, en un despiste, el tullidito Ton-Ton había desaparecido con una pistola, un mapa de Los Ángeles de USA y una fiambrera llena de… ¡ALMÓNDIGAS!

(Seguirá continuando…)

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