Jose María Aznar

Viene del post anterior (que, por si alguien lo desconoce, es el que va antes que éste)

En el ámbito cinematográfico, todo el año 2.010 giró en torno a la película de James Cameron “Avatar“, que revolucionó la manera de entender el Séptimo Arte, el concepto de espectáculo visual y hasta el modo de preparar las lentejas con chorizo. Convertida en la cinta más taquillera de la Historia (cuando escribo estas líneas, hay una mosca pesadísima que no deja de canturrear “Mueve tu cucu“), la Academia de Cine hollywoodiense se rindió a los pies del megalomaníaco director en su entrega de premios: “Avatar” consiguió dieciocho estatuíllas – cinco en categorías en las que ni siquiera estaba nominada -, arrebatándole el Oscar a la Mejor Película a su más directa competidora, “Noche en el Museo 2” (que, inexplicablemente, llegó a obtener once nominaciones, incluída la de Mejor Cortometraje Documental). Sin embargo, y pese a haber arrasado en la ceremonia – tanto a la hora de recoger premios como literalmente cuando llegó al Kodack Theathe montado en un carro de combate -, el visionario director realizó unas duras acusaciones contra la Academia al finalizar la gala, pues veía totalmente injusto que no se hubiera llevado también el Oscar a la Mejor Película Extranjera, ya que se “había tirado catorce años inventándome el jodido lenguaje de los Navi’s para que dieran el Premio a la película de habla no inglesa, y se la dan a esos mierdas de chinos!”. En declaraciones a un aparcacoches completamente aterrorizado, Cameron desveló que en unos años desarrollaría la teconología necesaria para que los miembros de la Academia fueran sustituídos por imágenes de ordenador y, cito textualmente, “por mis cojones que me voy a llevar hasta el agua de los floreros, como que me llamo Jacinto”.

Sin embargo, el apabullante éxito de “Avatar” trajo ciertas consecuencias nefastas: los estudios decidieron estrenar absolutamente todas las películas en 3 Dimensiones. Si bien el público aceptó sin problema cintas como “Spiderman IV: vuelta al cole“, “Piratas del Caribe IV: La leyenda del sarcófago del timonel ambivalente” o “Shrek IV: Mocos y Pedos” (es decir, las cuartas partes de películas), la audiencia le dio la espalda a los trabajos de Manoel de Oliveira (“Desidia lánguida“) o Jafar Panahi (“La vieja“, y su secuela, “La muerta“). Como afirmaba el crítico de cine Carlos Boyero desde el centro que tiene en Benalmádena el “Proyecto Hombre”, “tragarse al mierda de Kiarostami sin ganas de arrancarte el lóbulo frontal es difícil, pero que te dé la sensación de estar dentro de la película es mortal. Más que nada porque palmarías de aburrimiento”. Y concluyó: “¿Tienes un cigarrito?”.

Incluso en nuestro país, la moda de tridimensionalizarlo todo se impuso, aunque con ciertos problemas. Los productores de “Mentiras y gordas 2“, por ejemplo, fueron denunciados por una espectadora que afirmaba haberse quedado ciego al haberle caído sobre los ojos treinta litros de semen que habían salido disparados desde la pantalla en una escena subida de tono y algo de brillo (posteriormente, la denuncia se archivaría al demostrarse que había sido la propia denunciante quien se había arrojado tal cantidad de liquido seminal a la cara tras meterlo a escondidas en la sala guardado en un tupper). Más absurda fue la decisión de re-estrenar en 3-D “El sol del membrillo” del director Victor Erice. El propio Erice reconocería meses más tarde, inmerso ya en el rodaje de “Transformers 3“, que fue un error estrenar la película “teniendo en cuenta que la gente que va al cine, ya va comida; y claro, ven el membrillo tan cerca, se empachan y vomitan”.

James Camarón de la Isla de Piedra Flotante

No recuerdo exactamente quién fue el gran vencedor de los Goya (sé que Amenábar acabó con un diente roto y el rimmel corrido), pero sí cuál fue la gran revientataquillas del 2.010: Amparo Sigüenza Yañez, una vallisoletana de 59 años de edad que, armada con una palanca desenconfradora y un spray de “Devorolor”, se dedicó durante ocho meses a robar la recaudación de todos los cines del Levante. En el momento de su detención – mientras sustraía la taquilla de “Ágora 2: la venganza de Hypatia” -, Amparo declaró que “todo lo hacía por amor al cine. Y bueno, pá comprar drogas”.

En el apartado musical, este año se caracterizó por ser exactamente lo mismo que los anteriores: la misma música de mierda en las radio-fórmulas y un total y absoluto desprecio en su programación por aquellas canciones que no contuvieran las palabras “corazón”, “latido” o “arritmia cardiovascular”. A salientar dos hechos: el que cantante pop melódico de origen vasco Raúl decidiera solicitar la independencia para sí mismo, que David Civera ganara el premio Pulitzer por la letra de su tema “Chacabumbum, loquito me pones, Engracia!”, el descubrir que Amaia Montero es en realidad dos personas [sí, vale, van tres hechos ya, pero ¿qué quieren? Las matemáticas nunca han sido lo mío…]; o el resurgir comercial de un artista de mediados de los 70 del pasado siglo, carne de gasolinera (donde, por cierto, también se vendían sus cassettes) y que fue aupado a los números 1 de muchos países después de que Oprah Winfrey dijera en su programa que lo escuchaba para facilitarse el hacer de vientre: nos referimos a Jean Paul Maligratte, el cantautor belga con síndrome de Tourette. Muchos de Vds., estimados lectoseguidores, recordarán como en Octubre de este pasado año, el recopilatorio de Maligratte – titulado “Veleros de cristal puta mierda cojones” – se convertía en el regalo ideal para el “Día del Amigo Coñazo” (festividad creada por el Corte Inglés para de algún modo intentar paliar las perdidas que generó la tristemente recordada “Estampida de Marujas”). “Te quiero perra”, “Dame tu amor tarrancolaputacabeza” o la balada “Caca” hicieron que muchos que tenemos cierta edad volvieramos a recordar tiempos pasados y que los más jóvenes se preguntaran qué demonios de juventud tuvimos. De todos modos, Maligratte siempre fue una persona – por llamarlo de algún modo – muy querida en nuestro país: de hecho, el famoso dúo cómicopedófilo Enrique y Ana ya habían traducido al castellano una de sus más famosas canciones:

 

Internet siguió generando polémica entre Gobierno y usuarios de la red por el tema de las descargas: en Julio se sentaron a debatir la por entonces Ministra de Cultura Ángeles González Sinde (antes de ser sustuída por uno de los Payasos de Micolor) y una comisión de internautas presidida por Enrique Dans Güizmí. Por desgracia, se levantaron al poco de sentarse por un problema de las sillas – el diseño de las mismas había sido encargado al artista conceptual de moda Francisco José “Kiko” Rivera, y eran tan cómodas como hacer la Vuelta a España en una bicicleta sin sillín -. Y es que la denominada piratería estaba alcanzando unos límites insospechados – gracias a las nuevas tecnologías de James Cameron (¿?) -: los internautas no sólo podían descargarse las películas sino también a los propios actores. Pero, de igual modo y como ocurría antes, muchos incautos caían en las malévolas redes de los fakes y virus; llamativo fue el caso de J.F.K., palentino de 18 años, que al pretender bajarse a Elsa Pataki, se encontró con Jesús Bonilla con una gripe A de las que no se salta un canguro hipertrofiado.

La gente siguió sin pensar porque hacerlo les provocaba dolor de cabeza (la falta de costumbre); el mundo del corazón necesitó en varias ocasiones un triple by-pass; los personajillos oportunistas prorrogaron sus quince minutos de fama sin que ningún agente de la O.R.A. les pusiera multa alguna; la S.G.A.E. pretendió cobrar a la gente que tarareara mentalmente canciones o que directamente comiera pollo frito (esto último gracias a una campaña de Ramoncín)…

Y en el segundo trimestre del año se acabaron todas las guerras del mundo.

Eso sí, al día siguiente los hijos de puta de la industria armamentística ya las habían repuesto todas…

Espero, estimados lectoseguidores, que hayan disfrutado recordando lo que ha supuesto este 2.010, cuyo repaso hemos realizado con la misma profesionalidad de la que hacen gala los presentadores del siguiente vídeo. Afectadísimos saludos a todos.

      

Ah, y se me olvidaba citar una nimia cosita de nada que nos afectó a esta su plantilla: “Gromland” se cerró definitivamente el 23 de Abril de 2.010.

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