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A las buenas noches, amigas y amigos de “Griñoland”, os habla la colaboradora Matilde Pereira Sánchez – Padilla. Espero que estéis todos bien, preparando las cosillas para las fiestas navideñas, que son entiernecedoras y tan para estar en familia. Yo, por desgracia, tendré que pasarlas con mi sobrino Jaimito y con mi amiga la Angustias, porque las cosas con mi hermana no están muy allá; el otro día me mandó una nota por el chico que me trae el plutonio enrarecido que decía: “si asomas el jodío morro de cerda que tienes por la puta puerta de mi casa, te meto tal hostia que vomitas hasta la última gota de mierda que tienes por sangre”. Bueno, no me lo dijo con estas palabras, sino con unas más fuertes. Pero, la verdad, no es momento de lloros ni lamentos, que las Navidades es para estar alegre y pensar que el año que viene las cosas van a ir mejor y a lo mejor el zorrón de mi hermana se corta el cuello con la epilady. Y, si no se muere, pues Dios dirá porque coño no la mata, con lo mala gente que es…

Os hablo de otra cosa: los que leéis este blosh (“lentoseguidores”, como dicen aquí), sabréis que el muchacho encargado, el Gromario, estuvo unos días en la Capital con el otro esmirriado y peludo, el Spectrum. Yo estuve leyendo lo que escribió sobre el viaje y casi me hago pis encima com lo de los vecinos del Frusbie, que le querían pegar por prenderle fuego al coche. Ay, es que con los sudamericanos no hay que meterse en problemas, que como tienen otra cultura, no se enteran de las cosas y encima hay que darles trabajo, con lo mal que huelen! Pero me dio mucha pena que dejara de contar el viaje justo el día antes cuando me encontré con ellos. Es que resulta que la Angustias tiene un problema en el ojo derecho que, al leer de cerca, sólo ve las editoriales de “El País”; los médicos de nuestra coqueta villa de Algeciras le dijeron que se podía arreglar operándole el el nervio óstico, pero que la lista de espera llegaba al 2.019. Como Angustias no cree que vaya a llegar tan lejos – es de las que piensan que en dos años se acaba el mundo, como dijo la Abeja Maya -, y además como le dijeron que la tenían que operar “vía rectal” – a lo que se ve, se le mete un cirujano por el culo y remueve dentro hasta que se arreglara la cosa o muriera, una de dos -, decidió irse a Madrid a un especialista. El especialista no estaba: nos dijeron que se había ido a rodar un videoclip como doble de Falete (¡virgen santísima, el doble de Falete! ¿Cómo será ese hombre?), así que nos quedamos las dos con un palmo de narices que parecíamos Pinocho. Ahí estábamos las dos, atontilonadas perdías, en medio de la calle Montera, que hasta se nos acercó un señor más viejo que la mojama que comía Matusalén y nos dijo que cuánto por las dos. La Angustias se puso toda nerviosa y se quería ir, pero yo la intenté convencer de que no nos iba a venir mal sacar unas perrillas – e incluso algo de dinero – por hacerle pasar un buen rato al hombre, o lo que fuera. “Mujer, así no hacemos el viaje en balde”. Y ella terca como una mula, que no, que ella se volvía en tren, que en balde viajara Rita la Cantaora – a lo que se ve, la tal Rita también había ido a los Madriles a comprar dos kilos de heroína para usarlos como nieve falsa en el belén viviente de la parroquia. Ahora entiendo porqué el Niño Jesús tiene los ojos como E.T. el extraterrestre -. El caso es que no la saqué de ahí y se marchó calle abajo rodando, sabe Dios porqué; y después de haber tirado al suelo a toda persona que se le pusiera delante, fue a chocar con la estatua esta del Oso y el Migrañas. Y fijáos qué casualidad que al ladito al ladito de la estatua estaban Gromerodetorres y Spectra; que les hizo una ilusión vernos, que se echaron a llorar y todo, y si no les agarro del pescuezo se me iban corriendo algún lado, a comprarme un showvenir de esos.

Nada, que les pregunté que qué hacían en la capital; que qué tal el Niño Estrías y la rubia; que a dónde iban; que porqué Madrid está lleno de obras; que a donde iban; que si un tren sale de Zamora en dirección a Barcelona, ¿se puede fumar dentro?; que a dónde iban; que si conocían algún ocultista para las Angustias; que a dónde iban; y me dijeron que al cine, a ver la última de Quintín Tarantín. Para mí que como no les dejé contestar ninguna de mis preguntas, se enfadaron conmigo y se inventaron lo del nombre, porque nadie cristiano se puede llamar así sin que a sus padres se les caiga la cara de vergüenza o les corten la lengua. Pero resulta que la Angustias lo conocía: “¿no te acuerdaf – me dijo, con tres dientes menos por el porrazo con la estatua – que pufe unaf peliculaf fuyaf en el Hogar del Jubilado hace un año?”. Yo, la verdad es que ni recuerdo cómo se llama la calle donde vivo – bueno, en Algeciras nadie sabe cómo se llaman las calles -, y menos si llevo un litro de ginebra encima (bendito chip que me puso el veterinario), así que como para acordarme de las tonterías que nos pone la Angustias de vez en cuando en el Centro. Yo le dije que sí, más que nada para que se callara y no siguiera poniéndome perdida de sangre; así que allí fuimos los cuatro para los Cines Ideal, que resulta que yo ya los conocía, porque echan las películas en raro con letritas por abajo para entender lo que dicen los actores. Yo les comenté a los otros dos que porque no se bajaban las películas de la internés, y así se ahorraban el precio de la entrada para comprar pañales; y ellos me contestaron que no, porque con el precio de la entrada podrían comprar tantos pañales que no les cabrían en casa, y porque ellos estaban completamente en contra de las descargas ilegales (*). Yo me quedé así un poco extrañada, porque pensaba que las “descargas ilegales” era darle a un negro sin papeles con una picana eléctrica en los huevos, pero como ellos tienen estudios y yo no, que tengo un apartamento de tres habitaciones, pues lo dejé pasar y me reí muy alto y salivando, que es lo que hago cuando no sé qué decir.

La película que vimos se llama “Malditos Bastardos“; yo cogí la Hojita Parroquial que dan a la entrada y se la pasé a las Angustias para que me la leyera y así reírme un poco. Mientras la Angustias decía no se qué leches sobre la falta de rigor del PP, yo le miré por encima del hombro y pillé algo de “impresionante actuación el actor que interpreta al oficial alemán Hans Landa”. Y me dije yo: “coñe, Hans Landa: éste seguro que es pariente de Alfredo”. Y claro, todo me encajó al sentarme y luego lo entendí: como el Alfredo Landa hizo “Vente a Alemania, Pepe“, para mí que el tal Hans (de Hanselmo) se fue con él y se quedó, y ya rodó allí más películas. Yo me puse muy contenta porque ese tipo de cine me gusta mucho, porque son muy graciosas; además, no te hacen pensar, y como yo no sé…

Quentin Tarantino, un hombre que va “de frente

Pero no, aquello tenía muy poco de risas; más bien eran como los “Hazañas Bélicas” que tanto le gustaban a mi Venancio. De la Segunda Guerra Mundial; y encima los Nazis eran los malos (a mí es que los Nazis me gustan muchos, que siempre van muy limpios y muy bien uniformados y odian a los judinis). Cuando salieron las letras, pensé: “Ay, Matilde, que ya sabemos quién es Quetin Tarantiano” – bueno, en realidad quien lo pensó fue Loretto, mi hermana gemela que falleció en el parto y dese entonces estamos muy unidas -: el muchacho este es el que hizo la de “Resérvame Dos“, “Pulpa Ficticia” o “Pil-Pil“; que a mí me da mucha coraje, porque empieza las películas por el final o por el medio, que me tengo que tomar una Biodramina antes de verlas del mareo que me dan… Pero ésta no: ésta va como Dios manda; en capítulos, eso sí, como si fuera una de las novelas de la tele. En el primero, el Hanselmo va a una granja de vacas y habla con el granjero, que es muy culto (sabe francés e inglés; a mí me hizo mucha ilusión que no tuviera que leer nada al principio porque el francés se me daba muy bien, que hasta mi profesor del Liceo, Don Hipólito, me felicitó por lo bien que manejaba la lengua), y luego se lían a tiros con el suelo, y sale una muchacha corriendo que se llama Chochona. En el segundo, aparece el Bran Pist como jefe de los Marditos Roedores, y un tipo con un bate y luego… bueno, no cuento más que si no destripo la película, y ya hay bastante sangre en ella.

Sólo una cosa me llamó la atención: en la película se habla en inglés, alemán, francés e italiano. Si hubieramos ido al cine en Algeciras – y no hubiéramos muerto en los siete kilómetros de camino hasta el Centro Comercial -, ¿cómo hubiéramos visto la película? ¿Todo en cristiano? Y si es así, la escena de la taberna en que hablan en alemán (que yo pensé que estaban tosiendo hasta que me dijo el Spartakdemoscú que así es como hablan los gérmanos entre ellos), ¿cómo traducirían el suspense por los acentos? Y lo que es más importante: si vimos la película sintitulada, ¿cómo pudo enterarse Angustias de la película con su problema en el ojo?

Al final no me gustó, porque cambian la Historia y muchos cachetes y latigazos en las ingles me llevé para aprendermela cómo pasó de verdad, para que lleguen estos directores jovenzuelos de tres al cuarto y hagan lo que les dé la gana. Eso sí, el Hans Landa está muy bien, que da miedito de lo malo que es y casi se me caen las bragas de verlo si no fuera porque llevaba las mallas fosforescentes grapadas a la cintura. Yo le iba a dar un rodillo, pero los jefes de esto me han dicho que nanay, que es un películón, asín que, hala, que los señoritos mandan:

Bueno, amigas y amigos de “Zombieland”, sed felices y hambre navidades. Un beso de vuestra amiga Matilde Pereira Sánchez – Padilla y hasta el año que viene si Dios quiere. Y recordad que las centollas no son ladillas gigantes.

(*) No hay documento de audio que así lo acredite, no obstante.

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