LA-MUL~1

Prueba de agudeza visual: descubra a la Duquesa de Alba vestida de Batman.

Estimados lectores de este su blog, les habla su amigo Grom el Único; querría pedirles sinceras disculpas por haber desatendido “Gromland” unas cuantas horas (concretamente, 144), pero problemas ajenos a nuestra voluntad – que, sorprendentemente, sí teníamos; voluntad, quiero decir – nos han impedido entrar en sus hogares. Bueno, eso y la maldita policía…

El caso es que el ordenador a través del cual solemos elaborar esta bitácora arrastraba desde hace unos meses ciertos problemas para funcionar como Dior manda; con decirles que antes de ayer le pasamos un antivirus y, menos el Ébola, tenía de todo:  backdoors, spywares, bombas lógicas, troyanos, hemorroides… Ahora comprendo porqué al encenderlo, en vez de oír el clásico sonido “Windows” (ése de “dindondandiiiiiiiin“), se escuchaba un agónico “mátameeeee”. En otras circunstancias lo hubiera sacrificado cual caballo con la pata rota, pero mi orangutanesco ayudante Sparky le ha cogido mucho cariño – incluso le ha hecho una alfombrilla para el ratón de punto de cruz, tan bonita como inservible -, así que me pidió por favor que le dejara intentar arreglarlo. Yo no podía resistirme ni a sus grandes ojos llorosos ni a la salvaje dosis de pentotal sódico que el muy traidor me había echado en la fabada de la cena; aprovechando, pues, que me encontraba dormitando una siestecita en medio del suelo del salón y con el balancín del niño empotrado en las costillas, Sparky puso en práctica lo aprendido en el curso que le impartieron en el INEM sobre “técnicas básicas de ofimática: como practicar una traqueotomía con un espárrago y una goma de borrar Milán”, y se encerró, como si de un “mad doctor” – que, por si alguien no sabe inglés, significa “médico madrileño” – se tratara, en el despacho 54-b (donde tenemos el equipo informático y el cadáver de la verdadera Mila Ximénez). Cuarenta minutos más tarde, y poco antes de que el juguete de nuestro amadísimo Niño Estrella se me fundiera con el bazo (con alguno de los dos), Sparky abrió violentamente la puerta del despacho gritando  “It’s alive, it’s alive!!” (“Es de Álava, es de álava!!”, cosa que no entendí, porque juraría que el ordenador lo habíamos comprado en Vigo). A mi pregunta de que cómo había ido la cosa, mi fidelísimo y sudoroso ayudante me contestó que perfectamente, pues en el curso inemero le había explicado con todo detalle los trucos que todo técnico español pone en práctica cuando una cosa se estropea: comenzar a golpearla hasta que se arregla sola. Bastaron unos cuantos manotazos sparkyanos – hablando de manos, nuestro mayordomo se lleva la palma, que curiosamente es del mismo tamaño que el dorso – para que el aparato se pusiera otra vez en marcha. De todos modos hay que tener cuidado, porque si te pasas con las hostias, te puedes cargar el PC…  

Por tanto, solventados los problemas, volvemos a estar operativos y prestos para continuar nuestra labor didáctica para con Vds., estimados lectoseguidores. ¿Y con que nuevo y apasionante tema podría abrir sus mentes, ampliar sus horizontes y sanear el cuarto de baño?, me preguntaba hace unos momentos, justo antes de que escribiera “¿Y con que nuevo y apasionante tema podría abrir sus mentes, ampliar sus horizontes y alicatar la cocina?” (no me gustó lo de la cocina, y por eso lo cambié por lo de los baños). Días atrás le comentaba a Sebastian Baltimore, un amigo que perteneció al equipo de psicólogos que el SAMUR situó a la salida de los cines que proyectaban “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”, que desde que nació nuestro amadísimo Niño Estrella me detenían por la calle para pedirme, principalmente la documentación, pero también consejo sobre cómo afrontar una paternidad responsable y distendida; Sebastian, con su perspicacia habitual, me dijo que, aunque todo podía deberse a mi camiseta con el logo “¿Quiere ser un padre cojonudo?; pregúnteme cómo”, lo cierto es que nunca había visto a alguien tan sereno a la hora de ejercer sus funciones paternales. Yo le contesté que se debía a que ya no bebía como antes (el pediatra nos recomendó no intentar bañar al niño después de beber ocho cervezas, porque los bebés no toleran el alcohol como los adultos), y a que había aceptado plenamente el compromiso para con mi hijo y las amenazas de muerte de mi Bella Esposa si me quejaba. “Entonces”, me sugirió, “¿por qué no escribes sobre ello?”. Y es lo que estoy haciendo, pero no se lo dije, claro, porque en aquel momento no estaba escribiendo esto sino intentando pisárle el talón descuidadamente a una vieja que se me había colado en la frutería y no me hubiera entendido… cosa bastante habitual entre la gente que habla conmigo o que lo intenta.

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El público de “Sálvame”, después de oir a Pipi Estrada.

Faltando más de dos meses para cumplir mis primeros cien días como mandatario paterno, el análisis hasta ahora no puede ser más positivo; cierto es que la comunicación con mi hijo es bastante difícil (por ejemplo, cuando intenta decir “cógeme en brazos”, el niño exclama “eaaameejjjmmma”), pero creo que no hay pegas por su parte o por lo menos no las expresa con claridad; que tenga 65 días de vida tampoco es excusa para no saber hablar, pues yo, a su edad, no sólo conversaba fluidamente con mis convecinos de Gamma-3, sino que dominaba a la perfección las risas falsas, la lógica aristotélica y el protocolo social, de modo que en medio de una reunión cultural podía decir “Siento interrumpir este interesante debate sobre si a los murciélagos le gusta más cazar ratones o hacer macramé, pero teniendo en cuenta que noto cierta materia viscosa y de fuerte olor en la zona de mis nalgas, puedo deducir que me he hecho, nuevamente, mis necesidades encima. ¿Sería alguien tan amable de cambiarme el pañal para que no confundan mi peculiar aroma corporal con los canapés que ha preparado la anfitriona?”. Y soltaba una risa falsa. 

Considerándome, de ese modo, un experto en la materia, me permito darles a aquellos lectoseguidores que tengan intención de ser padres o que, careciendo de dicho ánimo y siendo reacios a las prácticas abortivas, se hayan dado cuenta semanas más tarde de realizar el coito de que no es conveniente copular con preservativos que hayan caducado en 1.997, una serie de consejos sobre cómo enfocar su día a día una vez el milagro de la vida ha hecho grandiosa aparición. Eso o que la mujer haya parido de una vez:

Punto 1.- Olvídese de las relaciones sociales: Con la llegada de un nuevo vástago a la familia, deberá Vd. prestarle una serie de atenciones con un alto interés; este usurero comportamiento puede que reduzca ligeramente la posibilidad de ver a amigos y conocidos en bares, pubs u otros establecimientos donde “la María” no sólo es una chica de Segovia. Pero no se agobie: con el paso de los días, la posibilidad desaparece completamente. Así que le recomiendo el que, cuando intuyan Vds. que el alumbramiento está cerca (se suele notar porque la embarazada puede abrir los botes de mayonesa mirándolos fijamente con su mala hostia), abran cuantas cuentas puedan en las redes sociales existentes: facebook, twitter, flickr… todas ellas le abrirán una ventana al mundo exterior, les permitirá seguir conectado con su círculo de amistades (si es que le queda) y comprobarán de vez en cuando que existe más gente en el planeta Tierra.

Otra opción es tener sólo amigos con hijos, de modo que todos entiendan las limitaciones que el recién nacido implica; mas esta solución suele ser problemática, pues más tarde o más temprano aparecerán las inevitables comparaciones entre los niños, y no es conveniente romper una amistad de años discutiendo cuál de los dos pequeños fue capaz de agarrarse antes el pene. Recuerden que, aunque el pequeño de sus amigos de toda la vida tenga un C.I. de 180 y compita en belleza con Brad Pitt y Johny Deep juntos, EL HIJO DE VDS. ES EL MEJOR DE TODOS.

Punto Dos.- Olvídese del ocio: En muchas ocasiones se ha afirmado que un recién nacido absorbe el 80% de la jornada laboral; eso es completamente falso: absorbe el 100% y, en ocasiones, el 40% de personas que Vd. ni siquiera conoce. Esto, que a priori parece un problema, no lo es en absoluto: gracias a las constantes atenciones que su hijo va a exigir de Vd., le permitirá entrenarse para el supuesto de que una horda de alienígenas con el culo sucio invada la Tierra, por ejemplo (yo mismo, a la hora de cambiar pañales, soy un jodido marine con los ojos vendados). Poco a poco, notará como sus conocimientos en lo que a cremas hidratantes se refiere aumenta hasta el punto de darle sopas con ondas a Isabel Preysler; agudizará el oído de forma que pueda distinguir la “llantina de hambre”, el “quejido de sueño”, el “llanto de cólicos” y el “balido porque estoy más aburrido que Belén Esteban viendo «Redes»”… En pocas palabras, se convertirá Vd. en un ente superhumano. También es verdad que la dedicación exhaustiva a su pequeño dejará unas mínimas secuelas cerebrales sin importancia – bueno, son drásticamente importantes, pero como Vd. estará tan agotado se la rebufará con creces, la verdad -: a punto de acabar la jornada, y tras haber conseguido que el niño se duerma (en nuestro caso, no sirve con mecerlo sino que hay que centrifugarlo), se dejará caer sobre el sofá y se tragará lo primero que haya en televisión, principalmente “Sálvame” o cualquier programa cuyo nivel intelectual esté ligeramente por debajo del de una bosta de vaca; de ese modo, su agotado cerebro podrá descansar sin tener que pensar mucho – Lydia Lozano no lo hace, al menos -, aunque es bastante factible que a los cinco minutos de insultos caiga rendido en los brazos de Morfeo o se duerma, lo que ocurra antes.

No obstante, si es Vd. de los que toman aportes vitamínicos hasta para tirar de la cisterna del water, y puede resistir sin desfallecer un par de horas desde que el cabr… el bebé se ha dormido, le recomiendo que se acerque por el canal “TCM” y disfrute con el buen gusto de nuestro amigo el estimado Escrito Por en el ciclo de cine que ha elaborado para los domingos de Agosto. Es conveniente para poder ver el ciclo, no obstante, tener el canal “TCM”; yo lo he intentado en Intereconomía TV y mi Bella Esposa me ha tenido que llevar a Urgencias con un derrape cerebral…

(Sparky me dice, con cierta razón, que no tiene mucho sentido recomendar un ciclo del que sólo faltan dos películas para que finalice; a lo que yo le respondo que si quiere volver a acarrear sacos de Lacasitos en Malasia, y la discusión termina con una aplastante victoria a mi favor. El sutil arte de la amenaza, estimados lectoseguidores).

Punto Tres.- Olvídese de todo: no podrá viajar – si tal bajar a la farmacia unas cuatro veces al día (les recomiendo, de paso, que intenten domiciliar su nómina, si tienen la suerte de tenerla, en la cuenta del farmaceutico) y algunos afortunados alejarse lo suficiente para comprar el pan; se habla de que alguien fue capaz de llegar hasta el videoclub y elegir una película de las que no se encuentran al lado de la puerta… yo creo que son leyendas urbanas) -, por lo que no podrá hacer trayectos como los que la estimada Ángela Armero nos relata en su blog con su gracejo habitual…  

No podrá ir al cine, y ver – un suponiendo – “Resacón en las Vegas“, película que nuestro francotirador cultural favorito, el amigo Señor Insustancial, analiza en su siempre interesante casa;  he de reconocer que nosotros (bueno, más bien yo: ya puedo cubrirle a besos que nada es capaz de despertar a mi Bella Esposa Durmiente cada vez que su cuerpo reventado – y reventón cual clavel, de lo buena que está – entra en contacto con el sofá) pudimos verla por medios, digámoslo así, “poco éticos”: convencimos a un vecino para que fuera a verla y luego le aconsejamos que nos la representara palabra por palabra si no quería que utilizáramos su hígado de cenicero…

En resumen, estimados lectoseguidores, la pa/maternidad es un trabajo hercúleo, en ocasiones asfixiantes, en otras también, que revoluciona la vida de uno más que alimentarse sólo a base de éxtasis.

Pero lo mejor es que, se lo crean o no, nada de lo anterior importa, absolutamente todo lo criticable desaparece, cuando uno se acerca a la habitación del niño para dar un paseo y ve ESTO.

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