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Hola, amigas y amigos del blok “Gromland”… huy, perdón, del blok “Prashflon”. Os habla vuestra amiga Matilde Pereira Sánchez-Padilla;  espero que me perdonéis si no estoy de mi buen humor habitual, porque me he tirado, no sólo el mes de Julio y lo que llevamos de Agosto postrada en la cama (me rompí la cadera depilándome el bigote), sino también a Marcelino el del colmado y creo que me ha contagiado ladillas; o eso o he vuelto a confundir la cal viva con las sales de baño. Que como decía mi santa madre, que Dios la tenga en su Gloria (o por lo menos en un sitio seco), que “las mujeres hemos nacido para sufrir, menos las feministas, que son más putas que hechas de encargo”.

El caso es que, atrapada en la cama, me estaba aburriendo como una ostra, escuchando una y otra vez los compracdix de Camarón,y casi despellajándome la almeja de tanto arrascarme. Yo creo que con tanto marisco (1) se me debió subir el acido telúrico ése, porque parecía como si se me moviera todo el suelo asín derrepentes y me puse amarillo pollito muerto por empacho de tortillas francesas; Angustias, la señora que suele venir a jugar al julepe quinito conmigo, decidió entonces llamar a mi sobrino Jaime – que tenéis que verlo: desde que salió del Centro Reto está irreconocible; es más, yo pensé que era un ladrón zombie de los que tenemos por el Campo de Gibraltar, y casi le arranco la cabeza al tirarle el orinal -. El buen muchacho dejó todo lo que estaba haciendo y vino rapidamente a verme tres semanas más tarde; y como es un pedazo de pan (pero de esos que se te olvidan en la bolsa y está más duro y feo que la picha de un torero), me trajo un regalo para que me animara: una tele de esas planas, que si las pones de canto te la puedes meter en la raja del culo – Angustias, de hecho, la subió así desde el portal hasta casa, los ocho pisos -, y que se ven con muchos más colores de los que existen, y que cuando echan una película moderna tienes como sensaciones raras y parece que estás dentro con los actores y todo; a lo mejor por eso se llaman televisores “LSD”. Yo le agradecí al muchacho el detalle, porque sabe Dios cuánto le habría costado robarla (en una esquinica de la pantalla todavía estaba el cartelito del Corte Inglés con el precio en euros y en dolares españoles). Me dijo que por su tía más querida, lo que fuera, y que a todas las demás que les dieran por saco; y antes de darme cuenta de que su madre sólo me tiene a mí como hermana, ya se me había marchado con la cartilla de ahorros y con una foto de Luis Aguilé que tengo dedicada por el Rey.

El caso es que, como ya teníamos tele nueva, Angustias me comentó que porqué no veíamos la serie esa de la que todo el mundo hablaba muy bien, que su hermano la tenía en VHS. Como yo no sabía que Higinio, el hermano de Angustias, tenía el sida – aunque no me extraña mucho, que es más maricón que un palomo cojo y además vota al PSOE -, le dije que sí por pena, que a mí las series no es que me gusten mucho; alguna vez he visto la novela que echan en la Uno, la de “Jamón con huevos revueltos” (que no entiendo porqué la llaman asín, asín os lo digo, que los rojos son los únicos que comen y nada más que las galletas que les endilga la policía), pero me quedo medio dormida y luego no me entero de nada. La cosa es que yo, desde que me picó la medusa en la cabeza, me cuesta seguir hasta el TeleTienda; y si la serie era muy complicada, pues no tenía ganas de tener que prestar atención y volver a sangrar por los oídos. “Que va, mujer”, me dijo Angustitas, “si es de amores y de tiros, como nos gustan”.

De amores y de tiros. La madre que la parió.

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No es que este hombre fuera guapo, pero cantaba fatal…

La serie para empezar ya tiene un título que te lo dice todo: “Perdidos”. Así estaba yo cuando habíamos visto unos cuantos capítulos, que no me enteraba si el gordo estaba en medio de un cañaveral o en un sanatorio o trabajando en un MariDonal de esos. Que conste que el principio tiene su gracia porque es como un chiste: “van un médico, dos chinos, una ladrona, una preñada, un chuloputillas, un calvo y más gente en un avión, y se caen en una isla”. Pero claro, como estos americanos tienen que ser tan listos y hacer las cosas diferentes a la manera de Dios, pues nada, en un momento dado está la pija tomando el sol toda descocada ella en medio de la playa, se oye así un ruido como el que me hacen las tripas cuando como ciruelas, ¡y ya está en su casa pavoneándose la muy guarra delante del hermano (que eso antes no ocurría; y si pasaba, a ella se la mandaba a Suiza y el bebé se le daba en las monjitas)! Pero no, que va, que es que es un “patrás” – un “flastras” creo que me dijo Angustias -, que la muchacha sigue en la isla pero que te cuentan cómo vivía antes de pegarse el zurriagazo con el avión. Ya nos costó un  poco entenderlo (sobre todo con el calvo que tanto te iba por ahí rajándole el cuello a un gorrino negro como en su sillita de ruedas, pobrecito, que daban ganas de cambiarle el pañal sin conocerlo ni nada); pero es que luego se pone peor: resulta que en la isla – que debe ser más grande que España, que de las vueltas que dan y sólo conocen una parte – hay más gente que son “los Otros”, y luego hay un travesti de Moscú pero que es francés (que hablar, habla como los gabachos, pero todos le llaman “Rusó”) y que tiene una mala leche que para qué os voy a contar. A mí que hubiera más gente en el sitio, pues hombre, bien, que “cuanto más masa, mejor se pasa”; pero claro, es que además están los de Darma, que Angustias y yo nos preguntábamos que, con el calor que hacía en la isla, para que cojona montan allí una fábrica de camisetas de invierno. Total, que aquello parecía el ambulatorio cuando voy a pedir recetas – los viejos, por si no lo sabeis, solemos ir a pedir recetas todos juntos sólo por desestabilizar el sistema sanitario y derrocar al Gobierno de turno, que luego las recetas las tiramos o las usamos para liar porros -.

Por cierto, el muchacho peludo, Spánfilo, me ha dicho que avise que lo que os cuento podría tener ESPOLONES o algo así. Pues hala, dicho queda… 

A mí la parte que más me gustaba es la de los amoríos: que si el médico – que es un poco sieso, y siempre lleva una cara como si se hubiera pillado con la bragueta la cosita (la polla, vamos) – le gusta la Catalina, que es pecosa y tiene un cuerpo raspa de sardina que no sirve ni para hacer caldo. Pero claro, el hombre, como en vez de sangre debe tener horchata pero de marca DIA, se lo guarda todo para él; y claro, llega el guapito melenas, el Tom Sawyer que ya ha crecío, y se la levanta – a la chica -: una vez que están encerrados en unas jaulas por los Otros, y mientras que el tontolaba del médico le está operando de la vesícula a uno que se llama Enrique Gay pero que luego en realidad es Ben Linux, y que es más malo que comerse una empanadilla de piedras, el yeyé se lleva a la pecosa al huerto. La verdad es que no me extraña que el Benjamin este sea malo porque el moro guapo – sí, sí, hay un moro guapo que se lió con la pija una vez que su hermano la espichó cuando fue con el calvo a buscar una avioneta llena de droja – le dio tal paliza que ríete de las que me pegaba a mí mi marido (y eso que yo le daba motivos); claro, el hombre se venga y luego le pega palizas a los otros… pero antes deja que el negro que tiene dientes como un conejo y el hijo (que crece a una velocidad de espanto) se vayan en un barco. Pero luego al niño lo secuestra un gordo pirata… ah, no, eso fue antes… ¡si es que es muy complicada, leñe!

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Ésta es la Catalina, que ya puede bañarse, ya, a ver si se le enfría el potorro…

La cosa es que una vez que Angustias y yo le habíamos cogido más o menos el tranquillo (que había una casa bajo tierra en la isla, que la llamaban “la escobilla”), resulta que hay escobillas por toda la isla, y por otra isla – que es que hay dos! -, que el drogadicto se muere por comer mucha agua, que el calvo es como de allí de toda la vida, que si marcas por teléfono unos números (el 4, el 8, el 15, el 16, el 23 y de complementario el 42) se te salen almorranas o algo peor, que hay un rico que quiere quedarse con la isla o volver a ella o montar un Carrefor o que sé yo… Que es todo muy complicado, caramba!

Y ya para joder la marrana, cuando la china, la raspa con el bebé de la rubita que estaba liada con el drogadisto cantante y que resulta ser la hermanastra del médico – y que supuestamente ha desaparecido pero en realidad está en una cabaña en medio del bosque con su padre (que para estar muerto tiene mejor color que la Angustias) -, el médico, otro melenas que es muy guapetón pero que habla como si estuviera comiendo polvorones todo el rato, el gordo de rizos y el moro guapo consiguen salir de la isla en un barco, resulta que se vuelven otra vez. Pero, ¿en qué quedamos? ¿No tenían tantas ganas de salir? La madre que los parió! Y no os lo perdais, que luego ya no hay flashtras de esos… ¡que luego van p’alante! ¡Porque la isla se ha ido p’atrás! Y hay un esmirriao, así que habla bajito, todo idiota él, que parece el primo del sacristán (que también tiene un retraso), que a lo que se ve es el único que sabe lo que hay que hacer y va y lo mata la madre…

Será que una es un poco antigua para estas cosas de la televisión: a mí los pogramas me gustan que no sean de romperse la cabeza – una misma, quiero decir, que si se la rompen a otros me hacen mucha gracia -, con sus principios, sus cosas denmedio y su final que se entiende aunque lleves encima ocho copas de anisete (que yo lo bebo porque me lo dijo el médico, cuidado!). Y esta serie tendrá mucho éxito entre la chavalada, que entran en la internés y dicen cómo se va acabar, y ven detallitos por todas partes (a mí es que me cuesta un poco enfocar y estuve varios capítulos diciendo que coña pintaba el negro en la isla si se había marchado con el repugnante del hijo, hasta que Angustias me comentó que es que era otro negro, pero más fuertudo y con una garrota; “el Señorico” creo que le llamaban. A mí es que todos los negros me parecen iguales…). Pues qué queréis que os diga: yo soy más de Lina Morgan y el “Hotel Royal Manzanitos”, que yo sólo me pegaba unas jartás a reir y no sólo por la marihuana. Historias sencillas para que las entienda el pueblo, caray!

Por eso, cuando vimos que había un tal Jacobo que los conocía a todos y que vivía bajo un pie gigante, y que el calvo no era el calvo sino uno con barbas que quería matarlo, ahí cortamos y nos pusimos a ver “Sálvame”. 

 (1) A fin de facilitar la comprensión del chiste, se ha remarcado en negrita las especies de marisco que cita Matilde; no vaya a ser que lea este post alguien que considere que el blog “La loca de los gatos” es el summum del humor, y no lo entienda.

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