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Florentino Pérez, Presidente del Real Madrid.

Estimados lectores de este su blog, les habla su agotado anfitrión Grom el Único. Debo confesarles una cosa, pero como no sé qué ganarían Vds. conociendo mi participación real en el 23-F, cambiaré de tema y les diré que por mucho que lo hayamos intentado, los redactores de “Gromland” necesitan unos días de descanso: compaginar las monstruosas tareas del hogar y las debidas atenciones al amado Niño Estrella con la redacción de posts a un ritmo decente es imposible – y eso que hemos rebajado la calidad de los mismos al mínimo, llegando al plagio descarado (los tres últimos posts, siento decirlo, fueron fusilados mediante el vil sistema del copy-paste de un blog del siglo XVIII que me encontré cuando quise dinamitar el Monasterio de Piedra) -. Además, el enorme stress está haciendo mella en los miembros de la plantilla: mi orangutanesco ayudante Sparky ha empezado a perder su precioso pelo cobrizo y cada día se asemeja más al hermano feo de los Hermanos Calatrava, eso sin contar que casi lo perdemos el día que se nos quedó encerrado en la terraza de la cocina con una bolsa de pañales sucios que llevaba varias horas al Sol. Lo de Mistetas, más de lo mismo: no sólo le resulta harto difícil mecer al Niño Estrella – tengan en cuenta que sólo es un poco más grande de tamaño (me refiero al bebé) -, sino que las exigencias que recibe de la Dirección para conseguir cada vez más y mejores reportajes le ha provocado unos ligeros problemas mentales sin importancia (el otro día apareció vestido de Michael Jackson cantando a voz en grito “Soy el novio de la muerteeeee!”). El veterinario – el mismo al que estuve llevando al Niño Estrella hasta que su madre me dio la paliza… literalmente – ya nos ha comentado que con un par de aspirinas diluídas en patxaran puede que se le pase o no (siendo lo más probable lo segundo), y que, si la cosa empeora, lo unico que se podría hacer sería grabarlo en vídeo y colgarlo en youtube.

Por mi parte, soy el que más agotado está: no se imaginan Vds. lo terrible que es vivir con gente cansada a su alrededor! De todos modos, y para que no se me acusara de ser un vago – cuando todo el mundo sabe que, si no fuera por mis exhaustivas labores de supervisión tumbado en el sofá, esta familia se vendría abajo (con los problemas que ello traería: una nueva mudanza, hacer copia de las llaves, cambiar el nombre del buzón, volver a construir el aeródromo de avestruces…) -, el otro día me sacrifiqué y le dije a mi Bella Esposa que me quedaría yo con nuestro despierto hijo para que ella pudiera ir al baño (aguantar la orina durante un par de días no es bueno, y menos si me tiene al lado bebiendo cerveza sin parar). Sorprendido inicialmente por la ausencia de asas, decidí agarrarlo como pude – por el tobillo derecho y la etiqueta de la camisa – y canturrearle una canción popular de cuna dhlafrraw; en la dimensión Gamma-3 si los padres quieren que sus niños se duerman tararean “Yace plácido, tierno infante, antes de que el Krimglargh te arranque los ojos”; si eso no funciona, los drogan directamente. Dado que mi extraña habilidad para percibir acontecimientos futuros me decía que mi Bella Esposa no iba a ver con buenos ojos – enrojecidos por la falta de sueño, pero ojos al fin y al cabo – que convirtiera a nuestro pequeño en la riñonera de un personaje de “Callejeros”, y más aún después de que confundiera el médico especialista al que llevar al niño (¿qué quieren? A mí lo de “pediatra” me sonaba más a “problemas de aerofagia”!), decidí utilizar mis dotes de barítono y dedicarle a nuestro amadísimo hijo un regalo para sus oídos. Sin embargo, sus pabellones audítivos debían estar ocupados – en la celebración de un partido de baloncesto o en la final del campeonato de “Petanca Extrema” -, porque no sólo no apreció la belleza de tan sútil y fina melodía, sino que comenzó a gritar como un poseso que se hubiera pillado el pene con la puerta del coche. Mi primera reacción fue volver a encasquetárselo a la madre, pero mi idolatrada Bella Esposa me indicó amorosamente con la mirada que o me hacía cargo del niño o me podría ir despidiendo de los testículos. Ya que les tengo muy cariño – desde que recuerdo siempre los he tenido -, decidí hacer acopio de valor y aguantar un poco con el amadísimo y vociferante Niño Estrella en brazos; gracias a mis dotes de observador, sabía que un suave movimiento oscilante mientras tenía a la criatura en brazos – que iba adquiriendo un ligero color “morado vena Patiño” – podría aplacar sus ansías de convertirse en un cantante de “death metal”. Así, comencé a mover el peso del cuerpo de un pie a otro, y a subir y bajar los brazos mientras sujetaba como podía al pequeño (un consejo: los bebés no controlan inicialmente sus movimientos, no siendo conveniente acercárselos mucho a la cara si no quieren acabar como el “Risitas”, y me refiero a “desdentado”, no a “trabajando con Paz Padilla”); con esta simple maniobra parecía obtener resultado, por lo que aumenté ligeramente el balanceo piernil y la velocidad en el mecimiento de brazos, hecho que gustó al Niño Estrella. Animado por tal avance, imprimí aún más fuerza a riesgo de gastar el último cartucho antes de que comenzara de nuevo el “Concierto de Recién Nacido para Gritos y Mocos”; desgraciadamente, y espoleado por la satisfacción de la cara de mi pequeño, no calculé bien las distancias y, en un extremo giro que hice con el cuello, mi cabeza se topó con la cabeza de topo disecada que tenemos en el pasillo. Lo peor de todo es que nuestro hijo, al ver cómo su padre (para aquéllos que no estén muy atentos, decirles que soy yo), soltaba un aullido de dolor, comenzó a proferir unos soniditos guturales deliciosos que indicaron que: a) ver a nuestro pequeño Niño Estrella sonreír es la cosa más bonita del mundo; y b) está claro que es un freudiano redomado y lo de “muerte al padre” se lo está tomando de manera demasiado literal.

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Iba a añadir algo, pero para qué, la verdad…

Así que ahí me tienen: cada vez que el crío va empezar con sus lógicas llantinas – dado que, a diferencia de los niños dhlafrraw, los recién nacidos humanos no saben hablar ni pilotar una oveja, por lo que se comunican a gritos; como los invitados de “La Noria”, vamos… -, Sparky tiene la sufrida tarea de pegarme un sartenazo en la cabeza y así distraerle momentaneamente. No quiero ser malpensado, pero juraría que el fidelísimo Sparky realiza su labor con una dedicación excesivamente profesional… La única consecuencia negativa es que, con tanto golpe de sartén, ya no puedo ver los huevos fritos ni en pintura. Ah, bueno, y que ahora me gustan los libros de Lucía Etxeberría.

Comprenderán, por tanto, que necesitemos unos días para reponer fuerzas, dedicándonos a los menesteres propios de unos padres primerizos; no tengo muy claro si finalmente visitaremos Gamma-3 (de momento, como todos los veranos, hay huelga de portales interdimensionales), pero sí podremos realizar una actividad que hace tiempo habíamos abandonado: dormir.

Así que, ya saben: “Gromland” se despide de Vds. momentaneamente hasta el día 17 de Agosto de 2.009, en el que volveremos con fuerzas renovadas, con nuevas y vibrantes secciones y una figurita de una bailaora flamenca recuerdo de Tordesillas. Les adelanto que al regresar incorporaremos a nuevos integrantes en la plantilla:

– Nuestros vecinos los langostininjas (bajo la absurda tutela de nuestro becario Mistetas) se encargarán de la sección de literatura y papeles con cosas pintadas encima;

– Y, por otro lado, una amiga de nuestra estimada y querida Pippin, la Srta. Montana Amberhoney, especialista en crónica social, eventos marujiles y croquetas de Nocilla.

– Además, la tira “Reyes y Centauros!!” volverá en 3 – D, seguiremos narrando nuestras pequeñas cuitas personales e intentando alegrarles un poco la vida, y comiendo helados, que son buenos para la digestión…

Estimados lectoseguidores, felices vacaciones a todos!!! Y recuerden: si sangra, lo pueden matar!!!

PRÓXIMA ESTACIÓN: La Sra. Matilde nos dará su peculiar visión de…

“LOST”  

(Pum)

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