l0b2P4G2ugRp6VUPUB6tBJPOfzZ2p2C17iC

Que es mucho para mí, dicen… Pues por mis cojones que me la acabo!

Estimados lectores de este su blog, aquéllos que sean fieles seguidores de “Gromland” sabrán que nuestro amadísimo Niño Estrella está a punto de nacer. Bueno, en honor a la verdad (esa cosa que, por lo visto, tiene monopolizada Pedro J. Ramírez), nuestro hijo debería haber nacido el pasado Lunes en virtud al concepto “salir de cuentas”. Como los dhlafrraw no tenemos de esas cosas en Gamma-3, el médico tuvo que explicarme que Vds. los humanos fijan una fecha en la que el bebé está preparado para abandonar el vientre materno y ponerse a gritar como un orate en medio de un paritorio. Pues bien: parece que el crío está más a gusto de lo que esperábamos dentro de su madre (tenemos mi Bella Esposa y yo la teoría de que, con todas las patadas que le mete a su progenitora, debe estar haciendo obra y ampliando el utero para poner un LCD). Como bien afirmaba el buen amigo Insustancial, “este niño es un vago”, a lo que yo le respondí que es obvio, teniendo en cuenta que lo lleva en los genes: no olviden que la madre es funcionaria…

Logicamente, en estos momentos el único pensamiento que me ronda en la cabeza (además de porqué siguen permitiendo que Pablo Motos entreviste a gente) es que todo esté preparado para la llegada de nuestro pequeño vástago – que, aunque parezca un insulto, significa “descendiente” -; en mis años como guerrero interdimensional he tenido que llevar numeroso equipamiento con el que afrontar las batallas (corazas, armas, radiotransmisores neuronales, el “Lecturas”,…), pero les puedo asegurar que nunca me imaginé que una cosa tan pequeña necesitara tantos accesorios – sigo refiriéndome a mi hijo -: arrullos, bodies, gasas, camisitas, pañales, patucos y pololos (¿no les suenan a bandas latinoamericanas?), saquitos de dormir, gorritos… Yo, ya puestos, he querido instalarle en su habitación un mini-bar (para que hiciera juego con su tamaño) repleto de biberones de kalimotxo, pero su madre, mujer de intensa belleza y superior magín, me convenció de que no es conveniente acostumbrarle al alcohol desde tan pequeños; yo le repliqué argumentando que Jiménez Losantos también es muy pequeño y, escuchando lo que dice, parece que va siempre borracho como una cuba; a lo que mi mujer me respondió que, si bien el Pequeño Ruiseñor de la COPE tiene la estatura de un recién nacido e incluso sus comentarios tienen menos lógica que los de un niño de dos años, no se le puede considerar un bebé; en todo caso, un bobo.

El hecho es que, mientras mi Bella Esposa y yo (des)esperamos la llegada del que será la alegría de la casa – lo que ha provocado, según mi mujer, que nuestro fidelísimo mayordomo orangutanoide Sparky tenga “pelusilla” (lo que me confirma que el embarazo ha afectado a mi Amada Santa más de lo que esperaba: lo de Sparky, más que pelusa, son unos pelos que parecen de cáñamo, pero bueno) -, me dedico a vagabundear por la casa, atento a cualquier movimiento extraño de mi mujer. Con “movimiento extraño” me refiero al que pueda indicar que el proceso parturiento se ponga en marcha, no a que se ponga a pegar saltos a la pata coja mientras imita a Risto Mejide con acento alemán (recomendación, por cierto, que le hice, para ver si con la fuerza de la gravedad el niño salía del nido de una vez; sobra decir que, con cariñosas palabras, mi Bella Mujer me mandó a la mierda). Este deambular ocioso por kilómetros y kilómetros de pasillo – ¿cómo diablos haría Sparky para limpiar si no le hubiéramos comprado la Vespagamuza? – me ha dado tiempo para pensar en todas aquellas cosas relacionadas con la reproducción humana que desconocía. ¿Por qué la gestación dura nueve meses, y no dos años o veinte minutos? ¿Tienen conciencia los espermatozoides cuando se lanzan en brutal carrera hacia el óvulo? Y si así fuera, ¿qué piensan de Fernando Alonso? ¿Cuál es la razón de que, al inicio del embarazo, la mujer tenga nauseas? ¿Por qué, sin embargo, los hombres no tienen nauseas? ¿Es bueno tener nauseas mientras besas a alguien?

De ahí que me haya puestos manos a la obra y haya construído un bidé jacuzzi en medio de la biblioteca; ¿qué quieren?, el aburrimiento… Dado que un nuevo artílugio sanitario no es lo que se dice muy útil en lo que a labores didácticas se refiere (si bien le he puesto unas pegatinas de “El Equipo A” que venían con la “Teleindiscreta” y me ha quedado molón molón), he decidido compartir con Vds. una serie de reflexiones relacionadas con el maravilloso mundo del embarazo, la reproducción humana, el parto… y las nauseas:

1.- “La transexualidad espontánea” o “Si quiero tener un niño, ¿debo comer mucho nabo?”: Una de las cosas que más graciosas me parecen de la raza humana – además de Marianico el Corto – son las absurdas creencias que algunos de los de su especie tienen en relación a la elección del sexo del futuro bebé. A través de los numerosos estudios que he ido recopilando sobre los de su especie, y de los que son una especie de su especie, me he percatado de que existen tres tipos de sexo: masculino, femenino y neutro (que es el que tienen los matrimonios después de quince años de casados). Los dos primeros de ellos – desecho el tercero porque no me gusta hablar de cosas tristes – se fundamentan en unas cositas muy pequeñas, muy pequeñas, que los humanos tienen dentro llamadas “genes”. Estos genes acumulan toda la información básica de la persona en concreto; es, por así decirlo, como su libro de instrucciones: el color de pelo, ojos, cuántos brazos va a tener, si será o no del Betis… Y, por supuesto, si el proyecto de ser humano tendrá aversión a las tareas del hogar o si no parará de decir “es que tú no me entiendes…”.

Evidentemente, al tratarse de esa dualidad, las probabilidades de que nazca un niño o una niña serán, aproximadamente (no tengo los datos a mano ahora mismo), de un 50% – un 40% en la Comunidad Canaria -. Bien; pues existen una serie de teorías, a cada cual más absurda, que consideran la posibilidad de que una pareja consiga que su retoño luzca pene o vagina dependiendo de:

a) la alimentación: estudios científicos (es un decir) afirman que si la pareja, o incluso tríos con mentalidad liberal, desean tener un niño deberán trasegar con carne roja, alimentos ricos en sal o, agárrense que vienen loopings, bebidas cola. Si bien lo de la carne no lo entiendo muy bien, lo de los alimentos ricos en sal le veo cierta lógica – es muy corriente que cuando las viejas merodeadoras de parques se acercan a un carrito de bebé exclamen (salivando a diestro y siniestro) “ay, qué salao!!”, confirmando esta teoría -; y lo de las bebidas “cola”, ni lo explico por su obviedad – vamos, que los niños tienen “colita” y… ya lo habían entendido, ¿no?

b) las relaciones sexuales: por increíble que parezca, algunos miembros de su especie – y no me refiero sólo a los hombres – tienen la firme creencia que es necesario para tener un hijo varón que el futuro padre deba dormir a la izquierda y la mujer mirando al Norte. De qué modo puede influir la postural camal en la gestación de un XY es algo que se me escapa y, sinceramente, no pienso ir corriendo detrás; ¿por qué no que la mujer duerma con medio cuerpo sobre la cama y el otro medio debajo de la misma? ¿O que el hombre se chupe el dedo gordo del pie izquierdo mientras abre y cierra los ojos a intervalos regulares? Otra de esas absurdas creencias se refiere a la temperatura testicular: el hombre – que suele ser la parte de la pareja con testículos – deberá tener los mismos a una temperatura elevada (la creencia habla de tenerlos “calientes”). Más allá de que suele ser habitual “estar caliente” cuando se realiza el acto, ¿qué temperatura se considera apropiada? ¿100 grados? Si las alforjas de la vida no desprenden el calor suficiente, ¿cómo actuar? ¿Deben darse unas vigorosas fricciones en salvasealaparte – con el más que probable riesgo de que el acto lo vaya a practicar luego Rita la Cantaora -? ¿O, poniéndose culinarios, habrá que poner los huevos al baño maría?

c) las entrañas de una oveja sacrificada al amanecer del quinto día después de la contratación de Cristiano Ronaldo: la web linkeada, Babysitio, afirma que “otras tradiciones señalan que el sexo de tu hijo estará determinado de antemano”. Y es cierto, ya ven Vds.: concretamente, por los genes. Dado, pues, que el avieso Destino ha puesto a cocer en el vientre materno un soldado en vez de una princesita, lo único que resta a los sufridos padres es predecir el sexo del bebé, para así poder a comenzar a comprar ropa rosa o azul (el orden creo que no es éste): “Si la naciente del pelo de la nuca del hijo anterior termina en forma de colita el próximo hijo será un niña. En cambio si la naciente del pelo de la nuca es recta el próximo hijo será un niño.” Además de estúpido, este sistema es contradictorio: terminando el nacimiento del pelo – primera contradicción – en forma de colita, lo suyo sería que el gestado tuviera una idem. También es cierto que pedirle a estas creencias una mínima coherencia es como pedirle a Mariano Rajoy que ruede una película porno con María Antonia Iglesias…

Otras opciones nostradamuseras son: mover una aguja colgada de un hilo sobre la palma de la mano (si se mueve en círculos, es un niño; si lo hace adelante y atrás, una niña; si se clava la aguja en la palma de la mano, la madre es una inútil); esconder una cuchara y un tenedor bajo unos cojines y pedirle a la mujer embarazada que se sienta sobre uno de ellos – es recomendable, dicen, que la mujer no sepa dónde está una y otro: si lo hace sobre la cuchara, niña. ¿Adivinan que será si lo hace sobre el tenedor?… Xactamente. Si pega una patada de un lado o de otro, si la barriga tiene forma picuda o redonda, si a la madre le entran ganas de montar un club de fans de Manuel Torreiglesias…

En mi humilde opinión, la mejor fórmula para predecir el sexo sus hijos es esperar a que cumplan los doce años: para entonces, supuestamente, la cosa estará clara.

donde-vienen-los-bebes

“Antonio, llama al Carrefour, que esto no es la tele que compramos”

2.- “El período gestacional” o “Te dije que comprobarás si los condones estaban caducados, tontoloscojones”: Una vez que el Ussain Bolt de los espermatozoides alcanza el óvulo y clava una pica en Flandes – una vez que el hombre haya clavado otra cosa -, comenzará para la mujer el maravilloso periplo de comprobar cómo una vida comienza a desarrollarse en su interior. De nada importan las arcadas y vomitos mañaneros, los cambios de humor repentinos, el descubrir que desaparece para su vista el cuerpo de barriga para abajo o los antojos de comer boquerones con Nocilla (esto reafirma mi teoría de que Ferrá Adriá compone sus platos hablando con mujeres embarazadas). Mas, no todo van a ser comodidades: las féminas preñadas también sufren situaciones molestas como las que les relato a continuación:

– La acidez estomacal producida por el pelo del bebé: es bastante habitual que las mujeres embarazadas tengan unos reflujos estomacales mayores que los que produce ver una gala de “O.T.”; la explicación popular es que dichos malestares vienen producidos porque el pelo del bebé roza el estómago de su madre. Más allá de que el niño debería lucir una mata de pelo a lo Jose Luis Rodríguez “el Puma” para atravesar la bolsa del útero, lo cierto es que la acidez suele surgir cuando el embarazo lleva unos cinco o seis meses jodiend… alegrándole la vida a la madre, para entonces, el bebé suele estar con la cabeza mirando hacia el pubis de la mujer – de hecho, muchos hombres quedan en esa posición toda su vida -, por lo que es bastante difícil que la cabellera del crío pueda rozar algo que le queda completamente a sus pies. Otra opción es que tenga los pies peludos como si fuera un hobbit, pero se han dado muy pocos casos de mujeres que hayan acabado pariendo a personajes de “El señor de los anillos” (sólo se conoce el caso de María de los Ángeles de Charlie Buckingham Palas, que dio a luz a un orco; pero es que tenían que haber visto al padre, oigan…!).

– Los bebés nacen con cara de lo que se le antojó a la madre y no comió.- Pónganse en situación: cinco de la mañana; la madre despierta sobresaltada y comienza a susurrar a gritos que quiere langostinos cocidos con fresas y lasaña; el marido, que está en el séptimo cielo, farfulla algo así como “sssisssituquierassscariñooo”, para acto seguido hacer una imitación perfecta de un tronco. La madre, refunfuñante pero comprensiva, golpea a su marido con la lamparilla de noche y sigue durmiendo. ¿Como coño es alguien con cara de langostinos cocidos con fresas y lasaña? ¿Yola Berrocal tras una operación? ¿Puede alguien realmente tener antojos de langostinos cocidos con fresas y lasaña? ¿Y quién narices se inventó este mito y para justificar el qué? ¿La madre del Fary porque su marido un día no le llevó una limonada? Otra versión es que “si la mamá ve algo feo durante el embarazo, el bebé será feo”; ya, y si ve “Transformers II”, será un robot…

– Si la madre no toma mucha fruta durante el embarazo, el niño saldrá sucio: Esto… er… en fin…

3.- “El parto de las mareas” o “Para mí que das a luz mañana, que hay cambio de luna”: el cuerpo de Vds., los seres humanos, es un 90% de agua (menos en el caso de Massiel, que es ginebra); dado que el satélite terrestre ejerce una poderosa influencia sobre las subidas y bajadas de las aguas marinas, el saber popular relaciona dicha influencia con el parimiento – o nacto -. Tras intensas jornadas de investigación empírica, puedo afirmar con rotundidad que “¡y un cojón de pato a la naranja!”: el Niño Estrella, en base a eso, debería haber nacido hasta tres veces en lo que va de mes y, como les decía al principio de este post, parece que tiene menos ganas de salir que Carmen Lomana de comer en un albergue para indigentes.

Yo, por si acaso, tengo preparada una tabla de ejercicios, una dieta rica en picantes y una prensa hidráulica. Les mantendré informados, estimados lectoseguidores. Y ahora les dejo con la ganadora del “XIXF Certamen Gromiano de Canciones Pedorras”:

Anuncios