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En esta casa, se es de la Campanario. Y punto.

Estimados lectores de este su blog  (si es que queda por ahí alguno, claro), les ruego disculpen la tardanza en dirigirme a Vds., pero problemas relacionados con la vida – así, en general – me han impedido cumplir con mis obligaciones redactísticas. A la vista de la última entrada de “Gromland” – y que muchos de Vds. considerarían como una última salida o “mutis por el foro” (pese a que esto es un blog) -, sabrán que finalmente mi Bella Esposa y la troupe gromiana nos hallamos asentados en Tierra Meiga definitivamente, curiosamente hasta que nos volvamos a marchar; dicho cambio geográfico ha traído una serie de dificultades con las que no contaba – tengan en cuenta que soy de letras -, como la de encontrar una vivienda acorde a nuestras necesidades: a saber, espacio luminoso, cercano espacialmente a las viviendas de los abuelos del – cada vez más inminente parto del – Niño Estrella, un número de habitaciones lo suficientemente elevado como conseguir que las molestas visitas inesperadas se pierdan y mueran de inanición, y ocho cuartos de baño, uno por cada día de la semana – les repito: soy de letras -. Finalemente, y gracias a las dotes de convicción de nuestro fidelísimo Sparky, una entrañable parejita de ancianos tuvo a bien cedernos su casa a cambio de que nuestro mayordomo orangután les soltara el cuello, condición que aceptamos rapidamente, más que nada porque la amoratada cara del propietario no pegaba ni con cola con el color de la pared.

Por desgracia, nuestra nueva petite maison carecía de mobiliario (las últimas noticias eran que estaba haciendo el interrail), por lo que nos vimos obligados a adquirir todos los enseres necesarios para convertir la casa en algo habitable. El desembolso inicial no fue un problema, ya que lo hemos adquirido todo a plazos – y es que, ya saben: soy de letras, sobre todo a tres meses -; sin embargo, la busqueda de los mismos nos trajo no pocos problemas de cabeza; esto es, muchos problemas de cabeza. Desconozco si habrán visto Vds. a alguna embarazada de 36 semanas (es muy parecida a un Zeppelin pero con mucha más mala leche, ¿verdad, estimado Manu?), mas les explicaré que ese estado gestacional y el concepto “movilidad” son ligeramente incompatibles; de ahí que tuviera que ser un servidor de Vds. quien se dedicara a recorrer gran parte de las tiendas de nuestra ciudad en pos del mejor producto al mejor precio. Tras unos cuantos días de busqueda incansable, sacrifiqué lo de “mejor precio”, a fin de encontrar cuanto antes los muebles. Cuatro días más tarde, sacrifiqué lo de “mejor producto” viendo que la mayor parte de los comerciantes pretendían vendernos una lavadora hecha de plastilina por siete mil euros y la parte derecha de mi alma (la que sobresale). Finalmente, sacrifiqué una oveja y una deidad abisinia conocida como “Merkamueble” accedió a atender nuestras súplicas.

Ah, pero el tener no es lo mismo que el disfrutar: por esa extraña tradición traída del país llamado “Ikea”, la mayor parte de los muebles caben en una caja de embalaje no más grande que alguien con elefantiasis. Reconozco que estoy mal acostumbrado: en Gamma-3, cuando alguien se compraba una mesa de cocina, los transportistas no sólo se la llevaban a uno a casa, sino que se la montaban, limpiaban e incluso te ponían a los comensales (en más de una ocasión ello obligaba a que el comprador tuviera que abandonar la mesa o, lo que es peor, la propia casa). Sin embargo, en esta su dimensión unos señores con mono azul – supongo que para hacer juego con sus rasgos simiescos – se limitan a dejar caer unos pesados fardos en medio del salón, haciendo peligrar la integridad del parquet de la vivienda o de alguno de sus miembros – estuvimos buscando varios días a nuestro minimo (que no minino) becario free-lance, el chihuahua Mistetas, hasta que lo descubrimos bajo un mueble del salón a medio montar -. No obstante, no todo son quejas: alguno de estos transportistas también nos amenazó con agredirnos verbalmente si no les concedíamos algún pecunio económico con forma de propina por los servicios prestados. Creo que quedaron completamente mudos de satisfacción cuando Sparky les rompió los brazos.

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Si le aburre el post, entreténgase coloreando el dibujo! Deje volar su imaginación!

Habrán notado – más que nada porque lo han leído – que nuestro fiel orangután está sufriendo una ligera deriva hacia el “wild side” (dicho en otras palabras: que se está comportando como un violento de narices). Eso tiene fácil explicación: los orangutanes malayos sufren de una inexplicable alergia al polvo, de ahí sus dificultades para reproducirse en lugares cerrados. [Nota aclaratoria: cuando hablo de “polvo”, me refiero al “conjunto de partículas menudas y deshechas de tierra seca”; por tanto, existiendo tantos sedimentos flotantes en los compartimentos estancos así como en otros en los que no se vende tabaco, al orangután macho le pega tal ataque de estornuditis que no es capaz de meter una a derechas… Sí, bórrense la imagen de la cabeza]. El hecho es que, a la hora de realizar la mudanza, ha sido tal la cantidad de residuos aéreos que los volúmenes de nuestra extensa biblioteca ha ido levantando por toda la casa – de manera que el pasillo parece el camino que lleva a la jordana ciudad de Petra -, que nuestro fidelísimo mayordomo ha pasado de cronista con alma a asmático crónico. Por desgracia, si bien nuestra humilde morada cuenta con unas seiscientas veinticinco habitaciones, la amplitud de las mismas brilla por su ausencia – suponemos que la falta de brillo es por culpa de todo el polvo acumulado -, de modo que el bueno de Sparky se ha dedicado a abrir boquetes en la pared con cada tanda de estornudos, lo que a) puede haber afectado a su privilegiado cerebro; o b) qué coño, por supuesto que le ha afectado al cerebro!. De un modo u otro, pues ahí está la cosa.

Les comentaba un poco más arriba hacia la izquierda…, no, no, un poco más abajo,… ¡ahí!, que mi Bella Esposa en estos momentos se halla en lo que los ginecólogos llaman “embarazo a término”. En pocas palabras, que en cualquier momento al Niño Estrella le puede dar por romper aguas – que también tiene bemoles: tan pequeño y ya rompiendo cosas -, y tener que salir ipso facto al hospital. Logicamente, en su estado cualquier tipo de movimiento más enérgico que el de agitar las pestañas rapidamente puede provocar el parto y la partida (al hospital, se entiende). Este hecho también ha influido en la tardanza en postear de nuevo: ya que Sparky anda tambien convaleciente y Mistetas pues no puede ayudar mucho en las tareas del hogar – sinceramente, ver a un chihuahua de quince centímetros de alto intentar hacer unos huevos fritos sin caerse dentro de la sartén es una de las imágenes que no olvidaré en mi vida; por suerte, verlo caer dentro ya he sido capaz de olvidarlo -, he tenido que ser yo quien cogiera las riendas de la casa. Curiosamente, y poniendo todo de mi parte, la casa se ha desbocado como Belén Esteban tras beberse una Coca-Cola de dos litros (si no saben que es diabética, este comentario no lo van a entender; el porqué sé que la “Princesa del Populacho” tiene más subidones de azúcar que un quinceañero enamorado es algo que no entiendo yo). El lavavajillas ensucia la loza, la lavadora ensucia la ropa y la televisión ensucia la imagen, aunque en esto último puede ser debido a que, por problemas con la antena, sólo sintonicemos Telecinco. No obstante, y en lo que a la cocina se refiere, soy igual de desastroso: pese a tener una de las mentes más brillantes del Universo conocido y por conocer, sigo asombrado de que, habiendo preparado un bocadillo de jamón de york, supiera a queso con membrillo. Pese a que me cueste aceptarlo, he de reconocer que las labores del hogar no son lo mío – no sé cómo pueden ser lo de alguien, se lo aseguro! -; de hecho, cualquier cosa que tenga que ver con los trabajos manuales (excepción hecha de la masturbación, por supuesto, materia en la que me desenvuelvo muy bien. Y también me envuelvo muy bien) me está completamente vedada, ¿vedad? El otro día hasta tuve nuestro primer encontronazo con un vecino que, amablemente, se ofreció a ayudarme a montar un mueble: mientras aquél iba ensamblando profesionalmente las piezas, yo se las iba pasando con celeridad y gracejo (que parece el nombre de un dúo cómico); desgraciadamente, uno de los listones de madera se lo pasé por un mal ángulo – concretamente, por el recto -, lo que llevó a nuestro vecino a soltar el grito más desgarrador que he oído en mi vida y les aseguro que he escuchado muchos (no me he perdido Eurovisión desde hace quince años). El buen hombre se marchó mascullando, a ver si era capaz de parar la hemorragia, y pese a mi inutilidad descrita – mientras cursaba los estudios de Derecho, casi no me conceden la Licenciatura porque llevaba arrastrando la asignatura de Pretecnología desde Sexto de E.G.B. -, hice de tripas corazón, no me gustó el resultado y lo volví a poner todo en su sitio, y me perjuré a mí mismo que no me detendría hasta que acabara de montar el mueble yo sólo. Dos semanas y media más tarde, y sobrándome unas cuantas piezas, le di el toque final a una preciosa mesa camilla; la única nota contraria la puso mi perspicaz y cada vez más radiante Bella Esposa al apuntar que no se parecía absolutamente en nada a la cuna infantil que venía en la fotografía del embalaje.

Repecto a los miembros de la plantilla de este su blog, ya les he hablado del fidelísimo Sparky y del minúsculo Mistetas, el cual tuvo un conato de pelea con los habitantes del 8º D, unos crustáceos decápodos expertos en artes marciales que se autodenominan “los langostininjas”; es lo que tiene vivir en ciudad de mar… Afortunadamente para todos, la cosa quedó en miradas amenazadoras, amagos de sacar las navajas (que son unos colegas de los langostininjas, y que quedan de rechupete a la plancha) y poco más, ya que en ese momento bajó el portal con un bote de mayonesa y un babero King Size. De la Sra. Matilde y su sobrino Jaime, sabemos que nos echan de menos tanto como nosotros a ellos no, y sigue la buena mujer empeñada en colaborar con este su blog con sus encendidas y superficiales crónicas cinematográficas – según me gritó por teléfono (¿dónde coño habrá conseguido el número?), tiene preparada una crítica comparando “The International”, “La sombra del Poder” y “Noche en el Museo 2”, que, según sus palabras, “no tiene desperfectos” -. En fin, ya veremos…

Así están las cosas, estimados lectoseguidores, casi sin tiempo para nada y con el amado Niño Estrella a puntito de hacer su aparición estelar. Entiendan que, por todo ello, mantener “Gromland” relativamente vivo es tarea harto difícil. Pero bueno, mientras se asientan las cosas (y el polvo), intentaremos publicar entradas de vez en cuando. Quisiera agradecerles una cosa: que, pese a todos estos días, sin aparecer por aquí, hayan tenido tiempo para acordarse de la gente de este su blog. Sinceramente, estamos todos muy cansados (muy felices, pero agotados, la verdad). Pero con lectoseguidores como Vds. no hacer un esfuerzo es un pecado. Muchas gracias y seguiremos informando.

Por cierto: ¿alguien sabe cómo se abre una lata de berberechos? No encuentro las instrucciones…

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