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Hola, amigas y amigos del bloc “Grumland”. Aquí me teneis otra vez, a vuestra amiga Matilde Pereira Sánchez-Padilla, la vecina de los jovenzuelos que hacen esta cosa. Os tengo que confesar algo: estoy emocionadísima con lo de ser colaboradora oficial; el otro día en la calle se me acercaron dos chicos y me preguntaron si yo era “la Sra. Matilde”, la que habla de cine; cierto es que cuando les dije que sí, uno de ellos intentó romperme la crisma con una barra de pan duro: se ve que eran palentinos – de Palentina; los que parecen una mesa camilla, por el tapete a cuadros en la cabeza, vamos… – que estaban unos días por nuestra preciosa y concreta Algeciras (seguro que a vender armas) y que no les había hecho mucha gracia mis comentarios sobre la película de dibujitos que me había puesto el otro día mi sobrino Jaimito. Por suerte, recordé unos pequeños trucos que aprendí de cuando trabajé en el puerto inspeccionando la mercancía en busca del arca perdida y pude zafarme de ellos. Eso sí, un consejo os doy, queridas amas de casa: si le arrancais a alguien la carótida, aseguraos de apartaros luego rapidamente, que la sangre es muy escandalosa y luego no sale bien de las blusas de lino. Ni siquiera lavando en frío; os lo digo yo que me tiré restregando la mía con jabón “Lagarto” un par de horas dentro del congelador, con lo molesto que es eso (no sabía cómo ponerme, pues en el congelador es donde tengo al cuerpo de mi Venancio y los dos no cupíamos muy bien).

El caso es que, como los chicos que se encargan de esto siguen preparando la mudanza, el pequeñajo que huele a escobilla de water, el Smirnoff, me comentó que si podía seguir escribiendo cosicas sobre películas, que ellos estaban muy liados. No sé si se refería a que estaban ocupados recogiendo cosas o a que tenía una relación de ésas de homosensuales con el de gafas, el Gromzalo; que si es lo segundo a mí no me importa, ojo, que cada uno haga lo que quiera, que todos somos criaturas de Dios, hasta los maricones. 

Como la Concha, la del carnicero, se rompió la cadera el otro día intentando hacer de vientre (es muy estreñida, que mira que se ha hecho hasta transfusiones de zumo de kiwi), hubimos de cancelar la partida de paint-ball que teníamos en el Hogar del Jubilado para esta tarde. Así que me iba a tirar yo toda la tarde tumbada en el sofá, más aburrida que Massiel en una reunión de Alcohólicos Anónimos. Por eso llamé a mi sobrino Jaimito para que me trajera alguna película con la que pasar el rato; el chaval, que es más majo que las antiguas pesetas, no me trajo una sino dos películas. “Anda, mira, sesión doble, como cuando tu tía era moza”, le dije. Mi sobrino me contestó que cuando yo era joven el cine no existía, que como mucho en mi juventud mataríamos el aburrimiento cazando mamuts. Yo no le hice caso, porque sé que Jaimito no tiene maldad alguna, que si anda un poco irritado es porque le echan drogas en la bebida (lleva tres meses trabajando como sujeto de pruebas para una farmaceutica, la Loreto, que tiene el negocio en la calle Blas Piñar). Así que me preparé unas palomitas – las hago al horno, porque no quedan tan secas como las codornices -, me puse una copita de anís de Cazalla (nada, un par de litros de nada) y me senté en la salita, con la manderley puesta, a ver los debedés. Si me vierais, toda risuseña, como cuando la pandilla ibamos al Cine Rex… me acuerdo que el dueño era un pastor alemán que, un día, vendió las ovejas y se vino de su Münchigfallhstadrugen natal a Andalucia, y se quedó prendado de nuestra tierra, nuestro mar y nuestro aire – esto fue antes de lo de los vertidos tóxicos, claro -. ¡Qué recuerdos! Ya no se hacen películas como las de antes, no señor: estaba la de “Mogambo”, que el guapo de Reclark Gable se había zumbado a la hermana, la Gris Kelly, y estaba la morena ligerita de cascos… ¿cómo se llamaba? Avan Garde . “Las minas del Rey Salmerón”, “Luz de Gas”, , “Escaroelmús”, “Ben-Hús” y tantas y tantas películas bonitas. Cuantas tardes pasé yo con mia amigas, soñando con príncipes azules que nos sacaban del pueblo y nos follaban en un descampao…

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Estoy al fondo con el Venancio, pero no se me ve porque estoy de rodillas, haciéndole una…

La primera película que me trajo Jaimito me dejó un poco, como decís los jóvenes, con “el culo torcido” (la Soledad, la del 6º P, lo tiene así de nacimiento; por lo visto, estando la madre preñada de ella se tomó un coñac caducado): “Zack y Miri hacen un porno”. A mí, las películas de guarradas me desagradan mucho – la única subida de tono fue cuando fuimos los de la parroquia a un viaje organizado a ver al Monasterio de Monserrat; Luciano, el de la Filomena, se enteró que muy cerquita, en Perpiñán, estaban echando “El último tango en París”, con Marlon Blando… Y claro, pensamos que era como “El último cuplé”, la de Sarita Montiel, porque el Brandon también había hecho musicales. Y allí nos fuimos todos, el Padre Julián incluido al cine; imaginaós el espectáculo cuando vemos que coge el protagonista y le enchufa a la chavala mantequilla por el culo. Estábamos todos escandalizados (yo, que la película más picantona que había visto, era “Sor Citröen”) y le pegamos una soberana bronca al Luciano, menos el Padre Julián, que es un bendito, y que incluso se quedó a ver un par de veces más la película para conocer bien qué detalles tenía que denunciar ante el Episcopado. Un santo.

Luego, la película no es para tanto: se ve alguna que otra tetilla y la pichurrina de uno de los actores, pero la cosa no es del fornicio por el fornicio. Trata de dos muchachos que, como no tienen dinero para nada, no se les ocurre otra cosa que rodar una pelicula picantona para sacarse unos cuartos. Yo veía a mi lado al Jaimito reírse mucho con algunas cosas que yo no entendía para nada; por ejemplo, la película que pretenden hacer es una parodia de la de las galaxias esa, y entonces hacen muchos juegos de palabras con los títulos de las originales y los nombres de los personajes (en vez de “Star Wars”, la llaman “Star Whores”, que significa “Putas espaciales”; a la segunda, que es la quinta, “The Empire Strickes Back” la quieren llamar “The Empire Strikes Ass”, algo así como “El Imperio le revienta el culo”, ycosas así). Me dijo mi sobrino que el director es un gordo con barba que se llama Kevin Smith; a Jaimito le gustan mucho sus primeras películas, por lo visto, a ver que me las he apuntado… “Clerks”, “Mallrats” o “Persiguiendo a Amy”, pero que luego ya se le vio demasiado el percal y que ver una nueva suya es como volver a lo mismo de siempre pero diferente. Yo no sé que narices quiso decir mi sobrino con esto; lo que yo tengo claro es que, para empezar, los traductores se deben volver locos para poner en el español todos los chistes de juegos de palabras; y que hay tantas referencias y guiños a lo largo de toda la película que yo no me enteraba (Jaimito tuvo que explicarme qué era “Lost” y de qué iba… para qué coño lo haría, que me dejó la cabeza como un bombo!). Mi sobrino se rió bastante; y yo me quedé pensando en que a los anglosajados les da cada dos por tres por hacer películas porno (además de ésta, también está ésta y ésta otra). Cómo está el mundo, Señor mío, y me callo que la cocaína me pone llorera…

Como mi sobrino y yo no nos pusimos de acuerdo si “Zack y Miri…” es buena o no, no le pongo puntiación. Así que el rodillómetro lo reservo para la segunda película que me trajo. Yo me alegré mucho: como hoy es Domingo de Sergio Ramos, me dije: “Qué majo el Jaimito, que en estas fechas de recogimiento y fervor de la Semana Santa, me ha traido una película religiosa”. Hombre, no me direis!: una película que se llama “The Spirit” parece que va sobre la Anunciación del Espíritu Santo… Pues no señores. Es de un detective que está muerto pero luego no está muerto que lucha contra un negro que es nazi pero que en realidad es un científico loco que tiene más señoras jamonas a su alrededor que Bertín Osborne y que el Spiritoso éste se las camela como si nada, y sale un comisario gruñón que sabe el secreto del detective y que es el suegro pero que no lo es de aquél, porque la hija – que es una doctora rubia con cuerpo de anchoa – es la novia del detective, y salen unos calvos que son todos iguales que hacen el tonto, y no sé qué narices de la sangre de Hercules y… Vamos, que es una mierda de solemnidad con palio y todo. El director es un dibujante de tebeos (que digo yo: si es dibujante, ¿para qué dirige una película? Es como si alguien que tiene alguna tara en la cabeza le da por hablar de temas que no sabe) , muy bueno según mi sobrino, que hizo una que se llamaba “Sin City”, y que como le gustaba mucho el tebeo original – que también se llama “The Spirit” – pues decidió él solito encargarse de joderlo, no fuera a ser que alguien lo hiciera mejor y la liara. Y es que una será una mujer de su casa, pero no soy tonta, y los chistes parecían los que suelta el nieto de la Petra, la del 3º λ, que tiene dos años, coñe. Que no se nos puede hacer esto a los mayores, tenernos hora y media viendo tontunadas de un lado para otro; que la música de David Newman es calcada a Danny Elfman, por los clavos de Cristo!, y el guión no tiene ni pies ni cabeza, y cada vez me queda menos tiempo de vida, caray, y no podemos malgastarlo en ver cosas como ésta. Que digo yo, ¿no se podría haber fijado en el “Dick Tracy”, de Güarren Bity? Que los mayores también somos personas, con sentimiento, con cerebro y con piernas… y… y… ¡Largo de mi casa, venga, se acabó! ¡Largo!

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