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Hola, amigas y amigos del bloc “Gromland”. Soy yo otra vez, Matilde Pereira Sánchez – Padilla, la vecina de los muchachos que hacen esta cosa. Estaba yo en mi casa zurciendo compresas para la pérdida de orines, cuando me ha llamado a la puerta el pequeñajo peludo, el “Spandauballet”; a lo que se ve, el articulito que hice tuvo mucho éxito entre vosotros, y se preguntaron a sí mismos “¿por qué no dejar a la Sra. Matilde que haga otro?”. Debe ser que no se contestaron, y como “el que calla, astorga”, se han marchado a comerse un cocido maragato, dejándome a mí las llaves del bloc. Pues bien, como no soy mujer de muchos remilgos – que para eso tomo mucha fruta -, sus voy a hablar de una película muy rara que el otro día mi sobrino Jaime me trajo a casa.

El Jaimito, como yo lo llamo – para chincharle, más que nada, que el mocetón ya tiene treinta y ocho años, y tiene una querencia por el anís del mono que no es normal -, es hijo de mi hermana Guadalupe; a ésta la llamo de todo, de puta para abajo, desde que tuvimos unos problemillas con la herencia de mis difuntos padres (la muy fresca se quedó con el colisionador de hadrones, que le hacía “juego con las cortinas del salón”, decía). Yo al Jaimito le tengo mucho aprecio, porque es muy cariñoso, y siempre viene a hacerme compañía. Algunas tardes ha jugado conmigo y mis amigas de la residencia al subastado; aquí, en nuestra coquetra Algeciras, el subastado lo jugamos yéndonos a la playa de Getares, y cuando vienen las pateras, apartamos a uno de los negritos y subastamos para ver quien se lo lleva a casa. Yo una vez me llevé a uno por tres mil pesetas (no sé cuánto es eso en dólares); pero se me murió a los tres días, probecito mío, asfixiado por unos gases tóxicos, cuando me estaba limpiando los bajos – ¿os he dicho que tengo un edificio en propiedad? -. El caso es que Jaimito siempre se porta muy bien, y siempre me come todo lo que le pongo delante – ¿os he dicho que soy una gran cocinera? -. Además, ve con buenos ojos todas esas manías que tenemos la gente mayor y nunca me dice nada si me coge haciendo alguna pillería – ¿os he dicho que me pirra el sadomasoquismo y hacer sexo anal con lámparas de pie?-.

El único problema es que las películas que quiere que vea con él son muy raras. Se ve que haber trabajado en el periódico del Pedrojota (ése que está casado con una mesa camilla), se le ha revirado el gusto, y sólo le gusta el cine “de denuncia”, como él lo llama – desde luego, a los que lo hacen sí los denunciaba yo, sí -. Yo es que soy más de películas de amor, de las que se hacían antes: “Lo que el viento se llevó”, “Love story”, “Tú y yo”, la de “Puti Woman”… o alguna de risa, como “Los almóndigas en remojo”, que me acuerdo que fui con la Paqui la Etérea a verla al cine Esplendor (ya lo han cerrado y ahora han puesto una delegación secreta del MI6), y nos reímos tanto que le pegó un mal y se murió allí mismo, Dios la tenga en su gloria.

Así que cuando me apareció por casa con la de “Vals con Bashir”, me dije: “mira qué majo, que me has traido una romántica”. Porque yo, ingenua de mí, pensé que era una del estilo de “Sissi Emperatriz” (qué guapa era Romi Scheneider; un poco zorrón, sí, pero guapa como ella sola), por lo del vals.  Al ver la cara de estreñido que puso, me dio que no tenía que ver ni con princesitas ni con musicales (a mí, que “El último cuplé” me vuelve loca… pero de manera literal: es comenzar a verla y me pegan unos arrebatos de quitarme la faja y gritar “Attica! Attica!”, vete tú a saber porqué; será por algún trauma de niña, o por cuando me violó Don Ausipicio, el cura).

Jaimito me explicó, cuando aún no se le había subido el tercer “sol y sombra” a la cabeza que “el director israelí Ari Foman utilizó la técnica llamada «rotoscopia», tal y como utilizaron Richard Linklater en “Walking Life” o “A scanner darkly”, o Ralph Bakshi en “El señor de los anillos”, así como animación tradicional y flash en 3-D. En primer lugar, grabó las intervenciones de los entrevistados en vídeo, y luego utilizó las imágenes grabadas como base sobre las que crear los dibujos”. No os creais que todo esto lo recuerdo de memoria, sino que, como siempre me llevo una grabadora encima para grabar lo que me dice la gente (desde que en la Iglesia de la parroquia me acusaron de haber yacido carnalmente con Satanás), pues lo he copiado tal cual lo soltó mi sobrino antes de perder el conocimiento. Que a mí me da lo mismo que lo mismo me da, que el saber que lo hicieran con una “ortoscopia” – que debe ser como los argentinos llaman a meterte una cámara por la puerta trasera – o que un tal Rafa el Vasco hubiera hecho otra película del Señor de los Anillos (¡como si hiciera falta alguna más, después del serial macabeo que se largó el otro gordo bajito ése…!), pues como que me importa tanto como conocer el número de granos que puede tener una niña de catorce años en la cara. Pero, en fin, a mí me han educado de otra manera, y cuando me hablan, pongo cara de estar atenta, aunque por un oído me entre y me salga por el culo.

“¿Y la película, Matilde, de qué va?”, me diréis. Pues cuenta la historia del propio director que empieza un viaje de un lado a otro, intentando recordar que pasó cuando estuvo como soldado judío en la Guerra del Líbano. Habla con éste, habla con el de más allá (todos compañeros suyos), y se va haciendo una idea de todo lo que pasó. Hay alguna escena muy bonita: me gustó cuando van por un naranjal y aparece, criaturita, un niño con un lanzagranadas y la lía cuadrada. La música es muy dulce, así como “tin-tiritín-ti-tín-tititiritín” (en piano queda mucho mejor, claro), y es a cámara lenta, y nos dice que hasta los niños son juguetes rotos en la guerra – que esto lo escribió Ana Rosa Quintana en su revista (o a lo mejor se lo escribieron) y se me quedó grabado -, y que un niño que recibe doscientos disparos, aunque sea en un naranjal, también se muere.

En resumiendo, la película que asín, asán, pero sí que hubo algunas cosas que no me gustaron nada:

– las voces: como se ve que es una película israelí, los que aparecen hablan como si estuvieran intentando toser todo el rato; ¿sabeis cuando carraspeais, así como para escupir, porque se os habeis tragado un pelo? Bueno, pues igual toda la película; que digo yo que esta gente podía hablar en cristiano como todo el mundo. Menos mal que abajo había letritas que iban explicando qué decía cada uno, que si no iba a entender menos que la Infanta Elena en un clase de 1º de la ESO;

– que todo el rato está el tipo protagonista, el director de barbas, yendo de un lado para otro, intentando saber qué narices le pasó en la guerra contra los moros. Y digo yo: ¿no es mejor olvidar? ¿A santo de qué viene ahora el pensar si tuvieron los judíos culpa o no (y eso que no me caen muy bien porque fueron los que mataron a Nuestro Señor Jesucristo) en las matanzas de Sabra y Chatila (me acuerdo de los nombres porque me los he apuntado, ojo)? Ésas son sus cosas y a mí no me gusta meterme en la vida de los demás, no como la Antonia del 5º Ñ, que más debería preocuparse de que el marido tenga un querido en Ronda o que el pequeño esnife tanto pegamento que los de Imedio le van a contratar de mascota. ¿Que se mataron a muchos inocentes? Venga, venga, ¿y cuándo no? Además, no me gustó que se diga que los falangistas cristianos del Líbano fueron los malos; primero, porque un verdadero falangista es cristiano o no es falangista; y segundo, porque no hay falangista malo, que toda la culpa es de la democracia, que hasta las mujeres de bien salen en pelotas en las revistas de pilinguis.   

– que al final aparezcan imágenes de verdad: estás todo el rato viendo dibujitos de gente muerta (que no te importa tanto porque son árabes) y al final te aparece de sopetón la cara de una niña muerta, y te desagrada por mucha terrorista que pueda ser. Yo que estaba comiendo un yogur casi se me convierte en cuajada en la boca. Muy mal. Que ya sé que la guerra es muy mala, que no soy tonta. Si he estado viendo la película sin dormirme, coñe, no me dejes mal cuerpo al final.

Bueno, esto es lo que me ha parecido la película. Asín que ésta es mi puntuación:

rodillomadera_altarodillomadera_alta1rodillomadera1rodillomadera2rodillomadera3

 

 

Pues nada, amigas y amigos, espero que os haya gustado, y a ver si la próxima vez os hablo de alguna película normal. Saludos a los lectores del bloc “Gramlond”.

ACTUALIZADO (DE MANERA URGENTE Y ABOCHORNADA) POR EL FIDELÍSIMO SPARKY: Estimados lectores de este su blog de mi amo, ante todo pedirles disculpas por la sarta de improperios que la cabestra de nuestra vecina ha tenido a bien (¿?) escribir en este post. Ha sido tal la sorpresa al leer las barrabasadas que la muy cernícala ha soltado por su boca que el señor Grom se ha encerrado en su habitación para, palabras textuales, “no tener que ir a darle la medicación a ostia limpia”.

Tanto el señor como yo también hemos visionado recientemente “Waltz with Bashir” (la señora Bella Esposa decidió seguir los consejos de su embarazo y dormirse a los tres minutos), y nuestra opinión no puede más que diferir de la descerebrada de nuestra vecina. Si bien es cierto que el mensaje de la película no es precisamente de nuestro agrado (revolotea por todo el metraje una cierta autojustificación frente a las aberraciones cometidas contra los refugiados palestinos en plan de “yo no pude hacer nada; así que… aaah, se siente!”), no es menos verdad que como obra artística el documental de Ari Lofman es una verdadera maravilla y que plasma bellamente – en la medida en que eso sea posible – los horrores de la guerra. La fuerza de sus imágenes sobrepasa cualquier posible discusión sobre lo que está narrando (en especial, las escenas del baile que da título a la película; o la del fotógrafo que se ve a afrontar la realidad en el hipódromo, una vez roto el objetivo de su cámara). Sólo coincidimos con nuestra fascistoide vecina en que la inserción de fotogramas reales en el final del film rompe un poco la confianza depositada en el espectador, y al que se le presupone cierta inteligencia que le permita vislumbrar el horror de lo ocurrido en aquellos días sin que sea necesario abofetearle la retina. En conclusión: una gran película.

Me despido, reiterándoles mis disculpas, estimados lectores, con la promesa de que la Sra. Matilde sólo volverá a aportar un nuevo post de cine si es para hablar de “En busca del valle encantado IV”. Afectadísimos y avergonzados saludos.

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