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Estimados lectoseguidores de este su blog, me acerco nuevamente a interrumpir la paz de sus hogares, como si de un vecino coñazo se tratara, para exponerles un brutal acontecimiento que ha tenido lugar días atrás y que podría cambiar para siempre el orden mundial tal y como lo conocemos. Teoricamente en estos momentos deberían Vds. estar leyendo a la Sra. Matilde y su crónica cinéfila – desconozco a) porqué esta mujer se piensa que es la colaboradora habitual de este su blog para tratar temas del séptimo arte; y b) porqué huele todo el santo día a coliflor cocida -, pero los hechos son lo suficientemente importantes como para saltar el orden de posteo que se había establecido sin mi conocimiento

La cuestión es que me encontraba en el día de ayer ocupándome de mis quehaceres habituales (zapear entre los programas de Susana Griso y Ana Rosa Quintana para comprobar quien dice mayores gilipolleces) cuando decidí acceder, arrastrado por un arrogante egocentrismo totalmente nuevo en un ser tan perfecto como yo, a la página youtubiana donde reside esa minúscula joya llamada “Behind the Mask: A day in David Prowse’s life”. Para quienes desconozcan de que va dicho cortometraje que ha encandilado a seres de otros mundos – se ve que en la Tierra no ha hecho mucha gracia, a tenor de que tiene tantas visitas como un proctólogo ciego – fue un trabajo a cuatro manos dirigido, escrito, interpretado, montado, iluminado, sonorizado y más adjetivos que acaban en “-ado” por un servidor de Vds. y el estimado Doctor Frusna (verdadero responsable de la excelsa calidad del corto; yo simplemente me limite a aportar un poco de mi habitual genialidad). Podría decirle que las razones que nos llevaron a realizar lo que Martin Scorsesse calificaría como “el perfecto ejemplo de cómo rodar una gran obra con una cámara chiquitita de cojones” fueron el mostrar la fatal realidad de los ídolos de barro, la futilidad de la fama o las molestias del estreñimiento en un hombre de mediana edad; pero lo cierto es que resulta todo mucho más prosaico: habiendo quedado Frusna y un servidor para comer con el estimado August Herold Meyer (y comentar las posibilidades de las inversiones bursátiles en compresas de madera), a éste le fue imposible asistir, por lo que el mismo Frusna de un poco más arriba y yo decidimos pasar las cinco horas que teníamos libres en rodar lo que Martin Scorsesse definiría, todavía más borracho, como “lo mejor pá echarte unas risas; guapo, guapo, tú!!”.

Pueden ver (o volver a disfrutar) el cortometraje aquí. Nota de la dirección: véanlo antes de seguir leyendo para evitar espoilers (no me refiero a que sufran dolorosas lesiones en el talón, sino a que se enteren de relevantes aspectos de la trama)

Pues bien, el caso es que entre los – incomprensiblemente escasos, viendo que los videos de gente con menos oído musical que un destornillador arrasan – visitantes, uno de ellos me dejó un inquietante mensaje. Se lo reproduzco (con las medidas profilácticas oportunas) en el recuadro de la imagen:

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“Pero, ¿qué macabra broma, fruto de la calenturienta mente enferma de un psicópata sin escrúpulos, es ésta?”, pensé al ver que en “Espejo Público” le preguntaban a la abuela de Marta del Castillo si creía que iban a encontrar el cadáver de su nieta en medio de todas las toneladas de basura. Mas mi fidelísimo Saprky, con un sutil gesto que hizo que me saltaran las gafas a la otra punta de la habitación, me animó a leer con detenimiento el mensaje que el encargado de la página oficial del Sr. David Prowse – donde se dedica a importantísimas actividades, como vender sus propios autógrafos o a instar una campaña para que erijan una estatua de Darth Vader (¿?) en su Bristol natal –  nos enviaba.

Decidí echarle un vistazo por mí mismo al mensajito de marras – pese a que lo poco que sé de inglés es que pueden ser brasileñás -; por lo visto, un tal Sr. Webmaster sufre de hipo (inicia su mensaje con un “Hi”; o eso, o es que me iba a llamar “hijoputa” y luego se arrepintió). Tras este irrelevante dato sanitario, anuncia que trabaja como oficial (¿de tornero fresador? ¿de caballería?) en la web oficial del Sr. Prowse, y que lo representa; este dato me parece intrigante: ¿quiere decir que el tal Webmaster va por ahí representando a David Prowse en teatros? ¿O que si el propio Prowse se presenta, llega él minutos más tarde y te dice “Por cierto, éste es David Prowse”? Demasiadas generalidades…

Posteriormente, nos conminaba a remover el video porque Prowse tiene sueño (“Mr. Prowse has seen”) y eso le ofende (lógico, el insomnio pone de mala leche a cualquiera). En este momento, mis masculinas carcajadas resonaban por toda la casa: ¿cómo pretendía esta alma candida que removieramos un video, como si de una vulgar sopa de sobre se tratara? Además, durante 24 horas! El pobre desgraciado de Webmaster apuntaba a que si no lo removíamos, hablarían con los de Youtube para que lo hicieran ellos (como si los de Youtube no estuvieran suficientemente liados quitando vídeos de Telecinco…!).

Por último, y como muestra de que a este hombre no le funcionaba muy bien la cabeza, finalizaba el mensaje confirmándonos que está como una regadera (“regards”).

Sin embargo, noté que algo no iba bien cuando mi fidelísimo y políglota Sparky había abandonado la labor (le está haciendo al amadísimo Niño Estrella un chandal en punto de cruz) y me miraba entre angustiado y estrábico. A mi pregunta de cuál era la razón de su estado visual (de vista), me explicó que, en realidad, lo que pretendía el tal Webmaster era que, en su condición de representante de David Prowse, quitáramos nuestro humilde y soberbio cortometraje dado que el segundo, tras verlo, se había sentido ofendido (todo esto me lo explico Sparky que domina tantas lenguas que estoy pensando en sólo alimentarle con bromuro). Tras procesar la información que me había dado mi ayudante en silencio – alrededor de dos o tres horas -, una rabia como no había sentido desde que combatí a los temibles Vernarmeidof en la batalla de Güolstrit (heroica hazaña que pasó a los anales de Gamma-3, signifique lo que signifique eso) comenzó a aflorar en mi interior. Dado que mi flora intestinal ocupa el 80% de mi cuerpo, la rabia recién florecida no tenía espacio dentro de mí, así que salió despedida abruptamente junto a un bramante “¿¡Pero… qué… coño!?”.

Entiéndanme; comprendo perfectamente que alguien que se pueda ver ofendido por los comentarios, acciones u obras de un tercero sobre su persona (a menos que los comentarios vayan dirigidos a Xavier Horcajo); pero en el presente caso, tal indignidada reacción por parte de los secuaces internauticos de Prowse no sólo me resultaba absurda, sino más absurda todavía. Y es que (atención a los que no hayan visto el vídeo, no se me quejen) al final de “Behind the mask:…” se descubre que en realidad todo es más falso que la sonrisa de Rouco Varela: ¡SOY YO EL QUE ESTÁ TRAS LA MÁSCARA! (fin del spoiler, ea!).

Lo cual me indicaba dos cosas: uno, que en realidad ni el Master Güeb ése ni se había visto el vídeo ni nada; dos, si lo hubiera visto, su incapacidad para entender el castellano le impidió ligeramente el entender el mensaje final; tres, si conoce la lengua cervantina, es que es más tonto que Miguel Ángel Rodríguez con dos kilos de speed encima.

Obviamente, el vídeo no ha sido retirado en el plazo solicitado para ello: más que nada porque el mensaje, que se envió el 12 de Febrero, lo leí ayer; y segundo, y más importante, porque considero que no hay motivo alguno para retirarlo. El haber utilizado la figura de David Prowse responde a un velado homenaje a la saga cinéfila que ha marcado las vidas tanto mía como del estimado Doctor Frusna (si el estimado Herold Meyer hubiera estado allí, también hubiera secundado la idea), y nunca como motivo de rechufla, escarnio y mofa de un tipo cuyo único mérito artístico es medir dos metros y ser capaz de mover los brazos y las piernas embutido en una lata de sardinas barnizada de negro. Por tanto, si el mensaje amenazador no se debía al (inexistente) ataque al actor bristoliense (gentilicio inventado de Bristol), sólo podía haber una explicación plausible:

Gordon Brown quiere acabar con “Gromland”

Así es, estimados lectoseguidores de este su blog; mis espías ya me habían informado meses atrás de que el Primer Ministro inglés no veía con buenos ojos los textos que esta su casa publicaba debido a un problema de astigmatismo mental. Supongo, además, que como José María Aznar – quien también me odia por haber perdido conmigo una apuesta sobre si Paquirrín es capaz de decir la palabra “gin-tonic” sin vomitar – trabaja para Rupert Murdoch limpiándole los baños, habrá influido en éste para que pusiera en marcha toda la maquinaría mediática a su alcance para acabar con este su blog. Pues no señor, eso no va a ocurrir: tomando como referentes ideológicos a los maestros de la revista “La Codorniz”, desde este preciso instante “GROMLAND” LE DECLARA FORMALMENTE LA GUERRA A INGLATERRA.

[Ahora dele al play del vídeo y siga leyendo el post]

Porque, estimados lectoseguidores, la libertad de expresión es un bien que está mucho más allá que cualquiera de sus vidas mortales (las de Vds., que en mi caso, sólo puedo morir si bebo doce litros de Fairy diluido en Nocilla); porque el derecho a la parodia es lo que nos diferencia de los animales (Sparky niega con la cabeza, pero bueno…); porque no podemos consentir que a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos y a los hijos de los hijos de nuestros hijos y a los hijos de los hijos de los hijos de nuestros hijos así como a algún amiguito del cole de éstos se les impida reirse de los demás, siempre que lo hagan con ingenio y buscando la sonrisa inteligente; porque debemos huir de una sociedad aborregada y estulta donde la mediocridad campa a sus anchas; porque ver la vida a través del esmerilado cristal distorsionador de la cáustica ironía es una frase con varios sustantivos polisílabos… Por todo ello, debemos levantarnos si estamos sentados o quedarnos en la misma posición si ya estuvieramos de pie, y gritar “¡NO! ¡NO SOMOS NI ROMEO NI JULIETA, NI ESTAMOS EN LA ESPAÑA MEDIEVAL!”. 

Debemos luchar por nuestro inalienable derecho a cachondearnos del prójimo, aunque éste no lo entienda, comparta o le guste. Debemos conseguir que la crítica a lo más putrefacto y vil y tal de nuestra sociedad salga a la luz mediante chascarrillos, rechuflas y pedorretas. Y lo sentimos por aquéllos que no tengan la posibilidad de lanzar estocadas verbales, bien por incapacidad, bien porque tengan el cerebro demasiado ocupado en pensar cómo seguir jodiendo al mundo. Estimados lectoseguidores, hay que luchar. Demostrarles a esos hijos de la Gran Bretaña que los gromianos también sabemos utilizar la ironía, la retranca y el trabuco oral. ¡Abajo el té de las cinco! ¡Viva la Mahou fresquita! ¡REIRSE O MORIR!   

Seguiremos informando de los planes bélicos. ¡Salud y valor, estimados camaradas!

Este post está dedicado a Ángela Armero, Antonio Rico, August Herold Meyer, Dr Zito, Escrito Por, Insustancial, Frusna, Josmachine, Manu, Noel, Pippin, Prol, Ruth, Sar, y a todos aquellos buenos lectores/comentaristas que comparten la idea de que el humor es la mejor de las armas.

Y en especial a mi Bella Esposa con la que espero seguir toda mi vida haciendo cosas “por la risa”. 

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