La presente entrada está dedicada a la estimada Lady Linspector por facilitarnos tan curiosa información.

thais1Estimados lectores de este su blog: para aquellos que desconozcan el término – y que, curiosamente, no hayan preguntado hasta ahora lo que significa, teniendo en cuenta que ya se han publicado dos anteriores entregas, una cinéfila y otra catódica -, les explico que una serendipia es un neologismo que define aquellos descubrimientos científicos obtenidos por casualidad; por tanto, si Vd. se encuentra un billete de siete euros y cuarto y mitad mientras pasea por un volcán en erupción, no reúne las características serendípicas, dado que, por mucha casualidad que se dé, ni se trata de un descubrimiento científico, ni existe papel moneda de esa cantidad, ni Vd. puede pasear por un volcán en erupción (pues, como todo el mundo, sabe los volcanes son seres mitológicos).

Dicho neologismo (concepto que, por si Vds. también lo desconocen, engloban a las palabras nuevas que aparecen en una lengua – entendiendo ésta como “idioma” y no como “órgano móvil situado en el interior de la boca”, en cuyo caso estaríamos hablando de un “afta” o “estomatitis aftosa”) proviene del inglés “serendipity”, término acuñado por el escritor Horace Walpole en 1.754. Este escritor con nombre lavadora le envió el 28 de Enero de ese año a Horace Mann, profesor y político republicano (y ocasional gogó en una discoteca de la época), una misiva o carta comentándole que, tras la lectura del cuento “The Three Princes of Serendip”, se había quedado perplejo, patidifuso y con dolor de cuello por una mala postura. El texto relataba el cómo las tres altezas were always making discoveries, by accidents and sagacity, of things which they were not in quest of: for instance, one of them discovered that a mule blind of the right eye had travelled the same road lately, because the grass was eaten only on the left side, where it was worse than on the right”.

O lo que es lo mismo: “(…) estaban siempre realizando descubrimientos, bien por accidente bien por su sagacidad, de cosas que realmente no buscaban: por ejemplo, uno de ellos descubrió que una mula ciega del ojo derecho había recorrido el mismo camino hacía poco, ya que solamente estaba comida la hierba del lado izquierdo, donde estaba peor que en el derecho”.

De ahí que Walpole se hubiera inventado el término “serendipity” (traducido al español como “serendipia”, y al alemán como “östientumiraquécosen!”) gracias al infantil relato para definir todo aquello que se descubre casualmente sin buscarlo – el de qué puede servir a la Humanidad el que una mula ciega se alimente de hierba es algo que se me escapa, sinceramente -. Lo que me lleva a afirmar que si el cuento se hubiera titulado “The Three Princeps of Logroño”, Walpole hubiera pasado a la historia – además de por ser el escritor que inauguró el denominado “terror gótico” – como el creador de la palabra “logroñity”.

Les he dado esta pequeña explicación totalmente gratuíta – dado el alto nivel intelectual de Vds., estimados lectoseguidores, y de la existencia de la Wikipedia – para plantearles el siguiente dilema que me impide dormir si me cuelgo de una percha (¿qué quieren? A veces me da por ahí…):

a) José Miguel Monzón Navarro (A.K.A. el Gran Wyoming) presenta un programa de Lunes a Jueves – si no hay furbo – en “La Sexta” llamado “El Intermedio”; en dicho espacio, cuenta con las pizpiretas colaboraciones de la certera Beatriz Montañez, la desatada África Luca de Tena, la psicoanalítica Lara Ruíz, la psicotrónica y sevillana Usun Yoon, y la sagaz Thais Villas. Sí, sé que estos datos los conoce casi todo el mundo, pero es para darle emoción…

b) A su vez, el Gran Wyoming  posee, entre otros muchos bienes (como un palacete en Dubai o una fábrica de preservativos en la República Checa, en la que trabajan cientos de niños huérfanos y desnutridos, un par de ellos cojos… siempre según datos no confirmados de “Intereconomía T.V.”), una casa en la localidad gaditana de Zahara de los Atunes;

Mi dilema es el siguiente: conociendo los datos a) y b) – si no los recuerda, léaselos otra vez, caramba, que están ahí al lado -, ¿podemos considerar como serendipia el que, a exactamente 14,8 km. de la casa del Sr. Monzón Navarro, tomando primero la A-2227 y luego la Carretera Nacional 340, se encuentre el también gaditano pueblo de TAHIVILLA

¿Qué? ¿Cómo se han quedado? Como diría Iker Jiménez, “Carmen, déjalo ya, que me estás haciendo daño…”.

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