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Estimados lectores de este su blog: anoche, madrugada del día 23 de Febrero (tarde/noche del 22 allí, por eso del cambio horario y por una maldición que lanzó una bruja en el siglo XVII), tuvo lugar la octagésimoprimera entrega de los Premios de la Academia del Arte y las Ciencias de Hollywood. El Kodack Theatre de Los Ángeles acogió a lo más granado (aunque también había otros colores) de los titiriteros de Yanquilandia: desde Bradgeline Jolipitt – existen rumores de que se han unido quirurgicamente -, pasando por un sorprendente Mickey Rourke (debido a su hierática sobriedad), hasta Sam Mendes, más conocido como el señor que le lleva las bolsas de la compra a Kate Winslet – es el primer caso de un director de Hollywood que le hace la cama a su axtriz principal… literalmente -. Todo un jolgorio padre, montado por todo lo alto, como esos seres vivos conocidos como norteamericanos saben hacer.  

Muchos de Vds., estimados lectoseguidores, tuvieron a bien participar en la campaña “Apadrine Vd. una quiniela oscarística” que desde esta su humilde casa creamos con motivo de tal evento (y porque Sparky y yo nos aburrimos como una monja flotando en medio del espacio exterior, las cosas como son). Antes de nada, por tanto, deseo darle las afectadísimas gracias por aceptar el reto tanto a mi Bella Esposa como a los estimados Sonoio, Email Galicia, Escrito Por, Lady Linspector, Petite Chabel, Frusna, Insustancial, Killerwoman, Noel, The Dad Knight, Momk, Ruth, Sar y Miss Balboa…

… Ah, bueno, sí: y a un tal August Herold Meyer.

Sparky, que ve como la vena frental se me está hinchando a lo María Patiño, me recomienda que, para tranquilizarme y antes de que ponga todo perdido de espuma rabiosa, haga los ejercicios respiratorios que aprendimos en el Tibet (mi fiel ayudante y yo pasamos una temporada en aquella zona de Asia Central, antes de que se volviera inhabitable por culpa de los violentos monjes budistas). Un poco más calmado, y con un  terrible dolor de cabeza, paso a explicarles el motivo de mi malestar. Sólo les adelanto que el ganador de la quiniela utiliza un bote entero de gel cada vez que se ducha (una vez al año), es capaz de escribir en el messenger con los pies y perdió la virginidad a los veintidós años para volver a encontrarla siete meses después.

Tal y como les comenté en los anteriores posts, sostenía la teoría de que resultaba harto difícil – mas no imposible – el rellenar una quiniela oscarística sin acertar ninguna de las categorías premiadas. El porqué me interesaba más tener 24 fallos más que los 24 aciertos de rigor me lo guardo para mis memorias, y sólo será explicado cuando mi albacea, una vez yo haya fallecido o muerto (lo que ocurra antes) abra el sobre lacrado donde resuelvo ésa y otras cuestiones – como porqué me negué a ser Presidente de los Estados Unidos en 2.004, por ejemplo -. Mientras tanto, permítanme vivir con mis excentricidades, que no le hago daño a nadie, y si se lo hiciere, me fabrico una coartada en un momento.   

El caso es que mientras un servidor de Vds. elaboraraba la denominada – principalmente por mí – “The LOOSER LIST”, mi simiésco asistente, siempre presto a llevarme la contraria, escogió los posibles vencedores en todas las categorías. Luego, bajó al “Supersol” que tenemos enfrente de casa para comprar tres kilos de carne picada – estamos intentando cazar una díscola polilla que se nos ha hecho fuerte en la suite de invitados -. Por último, se preparó un cola-cao y se fue a leer las Obras Completas de Fernando Vizcaíno Casas. “Pero, veamos, ¿qué extraña razón lleva a este simpar cinelofílico, a este estudioso de lo pantallesco, a relatarnos las cuitas diarias del peludo y sin embargo atento mayordomo oranguntanoide?”, se preguntarán Vds. destrozando ligeramente la lengua castellana. Pues sencillamente ninguna; pero me pareció relevante el alargar el párrafo, por aquello de mantener el suspens

Así que ahí nos tienen a Sparky y a mí, a las 02:00 AM del Lunes 23-F, comodamente repantingados sobre la chaise-longue, esperando que comience la ceremonia. Dado que ésta se inicia con ese funesto paseíllo por la alfombra roja (las stars van camino del matadero de los críticos de moda), decidimos acicalarnos para la ocasión: yo, con mi traje oficial de gala de Teniente Dhlafrraw y unas pantuflas Nike que me compré en un chino; y Sparky, con su esquijama de David Hasselhoff y una pajarita gigante de payaso – al final, conseguí convencerle para que se quitara el sombrero de copa lila -. Como previsión para que el Dios Morfeo no acabara con nosotros a golpes de leño y zetas, mi adelantado asistente preparó un poco de café con el que mantenernos despiertos; cierto es que podríamos habernos bañado en él, a la vista de los cuarenta  litros que preparó. No es de extrañar, pues, que con la entrega de los últimos premios, tuviera en el cuerpo mayor cantidad de cafeína que de sangre (me movía como el Neo de Matrix cuando le disparan).

Para amenizar aún más el más que posible efecto adormidera, decidimos seguir el evento acompañados de los inteligentes y puñeteramente divertidos comentarios del estimado Noel en su “Heladosyoscars.2”; hecho que nos salvó de roncar a los veinte minutos de espectáculo. Y es que la gala fue exageradamente sosa: los presentadores se sucedían en el escenario a velocidad de vértigo, es cierto, e incluso repartían dos y hasta tres premios cada uno de ellos – en un momento dado, me dió la impresión de que Daniel “Pégame si tienes huevos” Craig y Sarah Jessica Rocinante Parker iban a entregar las estatuíllas ellos solos -, los clips de secuencias de películas (realizaron varios a lo largo de la retransmisión: comedia del 2008, drama del 2008, acción del 2008… todos del 2008, curiosamente) se acompañaban de música pop (por lo que no había stop) y un montaje MTV que haría las delicias de un epiléptico. Que conste que no tengo nada con que se haga un recopilatorio de imágenes de Jerry Lewis a ritmo de coldplay – desconocía que había grupos musicales con nombre de yogur – pero quizás eché algo de menos la espectacular petulancia de las galas de principios de los noventa. No sé, a lo mejor me estoy haciendo viejo; atractivo y encantador, sí, pero viejo al fin y al cabo, hecho que se ratificó con mis constantes problemas con el tuiter (me temo que en un momento dado le envíe el mensaje “lo de Halle Berry sí que son tetas” al Secretario de la Conferencia Episcopal).

El host de la gala fue Hugh Jackman, quien se marcó un divertido y original número de presentación (interpretó una canción en las que se hací referencia a las películas nominadas… Sparky alabó lo novedoso del número y, al no percibir rasgo de ironía en sus palabras, le golpeé con un mechero en la cabeza hasta que no se grabara a sangre y fuego (por eso fue con un mechero) que el único que podía cantar temas sobre películas nominadas es Billy Cristal. No obstante, el muchachote australiano no lo hizo mal del todo – yo podría romperme hasta el lóbulo si intentara levantar la pierna hasta donde lo hacía ese buen hombre; no digamos ya si lo consiguiera… -. Eso sí: no entiendo cómo Hugh Jackman no pide que, en la próxima película de Lobezno que haga, se pueda pintar las garras de rojo pasión (Sparky comenta que es imposible que Jackman pueda perder aceite; si así fuera, se resbalaría al hacer las piruetas).

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Sí, sí, esta mala bestia les hace un spagat que para qué… 

Después de este breve inciso pseudoincorrecto, les diré que la entrega de premios empezó como se suponía: con nuestra lozana Penélope Cruise… Cross… Cruxificio… la de “Jamón, jamón”, recogiendo el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por su trabajo en la última película (por llamarla de alguna manera) de Woody Allen (por no llamarle otra cosa). La primera curiosidad fue que la presentación de las candidatas a conseguir la preciada estatuílla – una de esas frases hechas, como “marco incomparable” – se realizó a través de la aparición sobre el escenario de tantas ganadoras del citado premio en años anteriores como candidatas había, dedicándose las primeras a lanzarle floridas alabanzas a las segundas. Si había cinco candidatas, averigue el número exacto de presentadoras, teniendo en cuenta que una de ellas era una réplica exacta en caucho de Goldie Hawn.

Ese procedimiento de presentación se repetiría en el resto de categorías actorales (en el caso de mejor actor de reparto, aparecieron en escena cuatro actores y Cuba Gooding Jr.), lo que le confería una extraña apariencia a “Gran Hermano”: “Robert Downey Jr. … estás nominado”.  Sparky, en ese momento, y haciendo un absurdo razonamiento – supongo que consecuencia del consumo masivo de café – comenzó a dar saltos de un lado para otro: “si la presentación de los actores recuerda a «Gran Hermano»”, comenzó a explicar atropelladamente, “y «Gran Hermano» lo emite Telecinco; y Telecinco emitió «50×15», y “Slumdog Millionaire” está basado en «Quiere ser millonario», entonces “Slumdog”…”, y acto seguido cayó inconsciente a consecuencia de un colapso nervioso…

Mañana les sigo explicando.

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