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III.- ¿QUIÉN DIJO QUE LA VIDA ES ABURRIDA?

Joe “Chicocerilla” McPherson, un reportero amigo mío del “The Soitu Journal”, me comentó en cierta ocasión que estaba haciendo un reportaje sobre las Micromafias. En el transcurso de su investigación, había conseguido infiltrarse en una de ellas haciéndose pasar por una maleta Roncatto, desarrollando, de paso, unas molestas irritaciones en los testículos como consecuencia de ir arrastrándolos por todo el suelo (dato que, seamos sinceros, no le había pedido). Me explicó que la Famiglia Calzone había conseguido controlar gran parte de los locales de la Blogosfera, ofreciendo protección a cambio de unos míseros doscientos mil euros por blog abierto. Los Calzone mandaban un par de sicarios – los hermanos Firewallini – y mantenían a raya a los posibles gamberros que pretendían divertirse a costa de los gafaspasta de la zona. “Cuentos de viejas, Cerilla”, le dije entonces: “todo el mundo sabe que los Trolls son un invento de las propias Micromafias para chuparle los ingresos a los estúpidos crédulos cobardes”.

¿Les he dicho ya que mi segundo nombre es “Bocazas”? ¿Y que el tercero “Rosemary”?  

Hasta aquella noche lo más peligroso que había hecho en mi vida había sido comerme un yogurt de maracuyá caducado con un tenedor. Así que cuando me encontré cara a cara con siete Trolls, con más adrenalina en el cuerpo que Pocholo Martínez Bordiu tras un despegue espacial, supe que las cosas pintaban bastos. Por suerte, mi instinto de supervivencia también lo tengo muy desarrollado, así que decidí callarme a la espera de que se cansaran de mí:

– SI ESTAS AKI PARA APOYAR A JULITO, DE PUTA MADRE XO SI NO, LARGATE DE AQUÍ PAYASO!! – exclamó uno de ellos dirigiéndose a mí (lo intuí porque no había nadie más en aquel callejón).

– JULITO EL MEJJOR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! – gritó otro, con un extraño parecido al eslabón perdido.

– LUCIA, NO ERS MAS CERDA PORKE NO PUEDER SERLO – remató finalmente un tercero, para luego añadir que ” angry_smile10 angry_smile13 angry_smile14!!!”  

Supuse que se tratarían de los miembros más díscolos del gang “Los Trolls de BigBrother”; unos verdaderos cernícalos. Así que, al no tener ni idea de quién coño eran los tales Julito o la antihigiénica Lucía, y estando los cañones de sus pistolas apuntando a diferentes partes de mi cuerpo a las que tengo especial cariño (mis órganos vitales, por ejemplo), permanecí unos instantes en silencio, mirándolos fijamente pero hacia otro lado. Sin embargo, recordé la frase que me habían enseñado en la Academia de Infodetectives: “no hay mejor defensa que un buen ataque” (siete meses de curso para una sola frase; imagínense el nivel). Así que saqué fuerzas hasta del carnet de identidad, me puse firme y les solté:

– Disculpadme, niñitos, pero ¿no deberíais estar en casita con mamá y papá? Cómo sigáis en esa actitud, os vais a quedar sin postre – y puse la segunda sonrisa más falsa que he esgrimido en mi vida (la primera fue después de que el jurado del casting de “Fama” me preguntara que tipo de minusvalía física tenía en las piernas). – Y, para que lo sepáis, no tengo ni la más remota idea de quien es ese Julito; pero si vosotros lo defendeis, apuesto cien contra uno a que tiene menos actividad cerebral que un caballo percherón muerto -. Acto seguido, me di media vuelta y comencé a caminar en dirección contraria.

La primera regla que uno aprende al entrar en este negocio es que “si se mueve, no es una piedra”. La segunda, “la pluma es más fuerte que la espada,… pero si hablamos de una pistola, date por jodido”.

Con el primer disparo supe que, si quería salir indemne de allí, tenía que hacer mi famosa imitación de Carl Lewis. Me lancé a correr desquiciadamente por los diferentes callejones menos iluminados que me encontraba, mientras las balas pasaban a mi lado silbando “El puente sobre el río Kwai”. Debo añadir que, lo que tengo de cobarde, lo tengo de patoso, por lo que no me resultó difícil el encontrarme en menos de dos minutos en un callejón sin salida… y no estoy hablando metafóricamente. Apoyado en una pared, y con medio pulmón fuera (esto sí es una metáfora), vi como se acercaban empujándose los unos a los otros, completamente desbordados en su locura y a grito de “MUERET A LOS FANS DE LUCIAAAA!!1!”. Bonita manera de acabar: perdido en plena noche, acribillado a balazos por una panda de Trolls aborregados, y con las piernas al aire y sin depilar.

Ya estaba pensando con cuánta pasta iba a tener que sobornar a San Pedro para poder entrar en el Heaven’s Club, cuando esa puta de lujo que es la Suerte me dio otra oportunidad: una de las puertas situadas en la pared de la derecha se abrió de golpe y apareció de improviso la banda rival: los “Spammers de Blogston”.

– “Entra en “2000tetas.com” y consigue fantásticos premios!” – exclamó el líder de la pandilla, un tipo alto, desgarbado y con pinta de tener menos vida social que una cinta de casette de chistes de Lepe.

– JAJAJAAJAAJAJA, TROLLS, A TROLLEAR A ESOS HIJOSD E PUTAAAAA!!!! cuernos33

– “Gracias por haber ingresado a nuestro sitio, o por haber elegido algo referido a nosotros. Os informaremos mensualmente los sitios TOP TEN de internet!!”- gritó otro miembro de los Spammers, mientras comenzaba a disparar sin ton ni son.

Soy un tipo carnívoro, por lo que odio las ensaladas, y más si son de tiros. Así que aproveché la coyuntura (y la puerta entreabierta) para escapar de tales nefastas compañías. Tomando impulso, me lancé en una vertiginosa carrera esquivando como podía las balas, los cuerpos caídos en la refriega y a un comercial de “Jazztel” que se puso a explicarme cómo ahorrar dinero con mi cuenta telefónica. No diré que me apenó el que, al meterse en una línea de tiro que pasaba por allí, su cabeza adoptara el aspecto de una sandía lanzada desde un cuarto piso. Entré de un salto; el local era un blog de cine gestionado por  lo que parecía un rollito de primavera gigante y que resultó ser una señora de unos ochenta años. Las paredes estaban cubiertas de fotos de Mel Gibson en diferentes escenas (en su papel de Mad Max, como Martin Riggs en “Arma letal”, pegándole a unos judíos). El delirio enfermizo de una menopáusica sin complejos. Afortunadamente para ella, el carecer de orejas le impedía escuchar el concierto para Colt45 que tenía lugar en el callejón de atrás. Desgracidamente para mí, la propietaria del blog podría ser sorda pero no ciega: al verme aparecer de improviso, y tras emitir un chillido semejante al de una gaviota violada, me lanzó con todas sus fuerzas una cuña repleta de orina cosecha del 36. Al esquivar los fluídos corporales, me apoyé sin querer en la frase “Dos pájaros a tiro“… que, cosas del directo, resultó ser un link. En un abrir y cerrar de ojos, fui succionado hacia su interior.

Ya no recordaba cómo era navegar a través de los enlaces. Desacostumbrado como estaba, casi tengo un paro cardíaco al notar como mi esculpido cuerpo – por un niño de primaria con plastilina, es cierto; pero esculpido al fin y al cabo – se estiraba más de lo habitual. Las mejillas se me pusieron a bailar reggaeton a consecuencia de la velocidad. No distinguía nada por culpa de la brillante luz. Y en lo que me parecieron siete largos minutos (la octogenaria seguro que tenía una conexión de 56 k por segundo), fui expulsado, cubierto de líquido coaxial y repeinado a lo “lamido de vaca” en medio de otro blog, con una puntería digna de Guillermo Tell: concretamente, sobre una mesa de mármol, la cual destrocé para sorpresa de sus ocupantes y dolor de mi corazón y resto del cuerpo.

Desorientado por el viaje linkeal (y por la semejante ostia que me metí), me quedé tumbado en el suelo con los ojos cerrados pero, al menos, en su sitio. La noche me reservaba otra: reconocí las voces de todos los asistentes. Eran conocidos míos: Guionista Hastiado, Tío Vania, Escrito Por, Chico Santamano y Pianista en un Burdel (obviamente, éstos no son sus nombres, sino sus apellidos). Intenté levantarme, pero el esfuerzo fue inútil, y decidí quedarme en la misma posición de llegada, pese a que tener la pierna derecha por detrás de la nuca no sea una postura realmente cómoda.

– Pero… pero, ¿qué coño hace aquí el gilipollas de Gromenaüer? – exclamó Pianista en un burdel, quizás el más sensible del grupo. – ¿No se supone que debería estar con…?

– Juraría que ha aparecido a través de ese enlace de IMDB – Tío Vania se acercó al link por el cual había salido despedido – Sí, todavía esta caliente.

– Bueno, no perdamos la calma. Esperaremos a que se recupere y le preguntaremos qué es lo que ha ocurrido. – Guionista Hastiado intentó calmar al resto.

– Joder, pues parece obvio: ha salido como un rayo de ese enlace y se ha cargado la mesa de un cabezazo. – Escrito Por se arrodilló a mi lado y, cariñosamente, comenzó a golpearme en la cara. – ¡Gromenaüer, despierta! Nada, parece que está en shock. – Yo intentaba articular palabra, pero las únicas que se me venían a la cabeza era “radar de submarino” y encima sin artículo.

Chico Santamano, que había salido despedido de la habitación a consencuencia de la onda expansiva, volvió haciendo aspavientos (un postre típico de Ávila):

– Tenemos que sacarle de aquí cuanto antes! Puede mandar al garete toda la operación.

Entreabrí como puede un ojo (esfuerzo que creo que me provocó una hernia discal) y observé que el local estaba repleto de botes de pintura, cuerdas de escalada, pancartas, sprays, unos treinta o cuarenta contenedores de gasolina, pasamontañas, equipos de camuflaje y un tanque. En condiciones normales no hubiera tardado más de tres horas en notar que no es muy habitual que los propietarios de un blog de guionistas tengan armamento militar apilado por los rincones (si tal, bocadillos de chorizo); pero el impacto marmóreo debía haber despertado algún tipo de sexto sentido en mí. Atando unos pocos cabos – guionistas y  armas con las cuerdas de escalada -, tuve una sorprendente revelación: me encontraba en la sede secreta de los “Guionistas Hartosdeltó”. Lógico: la lucha armada contra el sistema es el único recurso de los guionistas que no tienen ALMA.

– Deberíamos hablar con Ella – dijo Tío Vania -; que nos diga qué tenemos que hacer. Y… ¿por qué coño va vestido como Lina Morgan!?

¿Ella? ¿Se referirían a la Diosa hecha carne que me encargó el trabajo? ¿La deliciosa ninfa corpórea (y vaya “corpórea” que tenía) que no me podía quitar de la cabeza? A cada instante que pasaba, crecía la sensación de que la conocía de mucho antes; incluso, que “tuvimos” algo en el pasado… Entonces, ¿cómo conocían los miembros de “GH” a mi apetecible cliente? ¿Qué operación tenían estos en marcha? ¿Entraba yo en la ecuación? ¿Y qué pretendían: despejarme para siempre?

– Deberíamos tirarle un cubo de agua – propuso Escrito Por.

– No sé, después del golpe en la cabeza, con tirarle el agua bastaría…

– Oh, Pianista, el Rey del Humor! – se burló Chico Santamano, comiéndose los aspavientos con un tazón de Colacao.

– Santamano, no me toques los diálogos. Si vamos a volver a discutir por lo de los P2P…

En ese momento, se oyó una tremenda explosión, como la que hace una pared al derrumbarse. Y es que la pared del frente se había derrumbado a consecuencia de una explosión tremenda. En medio de la polvareda, escuché gritando a Guionista Hastiado:

– La “UPN”! Nos han localizado! Rápido, a cubierto!

La “Unión de Productores Nepotistas” era el sindicato de productores audiovisuales más importante del país. Y los principales afectados por la huelga de guionistas. Corría el rumor de que llevaban meses contratando mercenarios para crear un cuerpo paramilitar con el que combatir a los miembros del “GH” o, como último recurso, dialogar con ellos. Estaba a punto de descubrir si era cierto.

Arrastrándome como Ortega Cano tras un programa de “Mira quien baila”, llegué hasta un rincón del local. Me oculté tras un cartel de “Alastriste” (sabía que con lo duro era tragarse la película entera, las balas no podrían atravesarlo). Allí tirado, mientras volvía a comenzar una verdadera batalla campal – pero en la ciudad, lo que no dejaba de resultar paradójico -, encontré una enorme cartulina que rezaba “Escaleta para «Gromland»”.     

” Pero qué demonios…! ¿Estos tipos saben lo que es «Gromland»?” – pensé (cosa nada fácil, con el ruído que había en el local). Al fijarme con un poco más detenimiento, leí:

11. EXT. AVENIDA TIM O’REILLY. NOCHE

Philip Bocazas Rosemary Gromenaüer se encuentra repentinamente con el Doctor Frusna y August Herold Meyer, quienes lo llevan hasta la azotea del Blog “El rechoncho londinense”. Allí…

Justo cuando iba a seguir leyendo, un balazo entrometido me arrebató la escaleta de las manos. Definitivamente, no entendía nada. Los que yo suponía mis amigos se habían confabulado con Risitas y Pierre Nodoyuna. Estaba claro que no podía confiar en nadie; por eso, cuando recuperé algo de fuerzas, salí de allí entre la nube de polvora como alma que lleva el Diablo en un Ferrari Testarossa. El Pianista gritó, escondido tras el poster de la última película de Juan Pinzás:

– Hastiado, Gromenaüer se larga!

Lo siento, amigos *. No permitiré que me convirtáis en montadito de infodetective.

Cogí un chaleco negro que había en el suelo que, si bien me hacía arrugas en la sisa, me serviría para ocultarme mejor. Atravesé una ventana (le había empezado a pillar el gusto a eso de lanzarme a través de cosas) y caí sobre un montón de basura perfectamente ordenado en cubos. Corrí lo más rápido que pude, alejándome de la balasera. No sé cuanto tiempo estaría galopando. Cuando pensé que estaba lo suficientemente  a cubierto, me paré a descansar. Y cual sería mi sorpresa al descubrir, tras girar una esquina, al Señor Insustancial (con la cabeza vendada) acompañado de la dulce Sar. ¿Qué hacían en medio de la Blogosfera? Entonces, ¿había sido cierto que la vivaracha camarera le había atizado? Y si era así, ¿por qué estaban juntos? (sabía que Insustancial tenía buen corazón, pero perdonar así como así a quien te había puesto una bandeja de sombrero, era motivo de beatificación).

Me disponía a acercarme a ellos cuando, de entre las sombras, apareció el Ser más bello que habitara alguna vez la faz de la Tierra. “Mi cliente”, con la angustia adornando su precioso rostro, se dirigió al policía y a su acompañante… ¡y se pusieron a hablar amigablemente! La vivaracha Sar rodeó en un cariñoso abrazo a la Mujer Suprema, mientras Insustancial miraba de un lado al otro como montando guardia. Había sido vilmente traicionado.

Intenté poner en orden mis pensamientos; la misteriosa mujer (que estaba más presente en mi pasado de lo que debería), Insustancial y la dulce Sar estaban de alguna manera conchabados. Mis colegas guionistas, no sólo pertenecían a un movimiento radical antisistema: también querían servirme a Meyer y Frusna como aperitivito. Y seguía sin saber porqué este último no llevaba nunca camiseta.

Dispuesto a poner todas las cartas sobre el mugriento tapete, les hubiera cantado allí mismo las cuarenta en oros… si no fuera porque en ese mismo instante – oh, casualidades de la vida -, me pegaron un tiro por la espalda.     

(Continuará)

* En español en el original (N. del T.)

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