Estimados y fieles lectores de este su blog: variadas e importantes han sido las novedades ocurridas durante el fin de semana, como para perder su tiempo con ensayísticos textos sobre la población warrfalhd o andanzas heróicas legendarias. Por otro lado, mi capacidad de concentración ya es de por sí bastante escasa, así que o les hablo de lo que les quiero hablar o me voy a ir por los Cerros de Úbeda sin GPS.

Por un lado, tal y como cité el otro día, la Reina de Vds., Doña Sofía de Grecia – de quien las malas lenguas afirman que tiene siempre tan buen aspecto porque se conserva en alcohol, concretamente en vodka – ha revolucionado el patio mediático a raíz cuadrada de la publicación del libro “La reina muy de cerca” (título que he de reconocer me provoca cierta angustia física). En el libro, fruto de una serie de conversaciones mantenidas entre la regente y Pilar Urbano – una mezcla de Linda Hunt y Gollum -, la primera ha soliviantado a la sociedad bienpensante en general con sus declaraciones respecto al matrimonio homosexual (que se casen si se quieren, pero que no lo llamen “matrimonio”), a la religión (hay que enseñarla “hasta una cierta edad porque necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida”, que todos sabemos que el “Big Bang” es un invento del Corte Inglés para vender más) o el aborto (que aborten si quieren, pero que no lo llamen “aborto”). Más allá de que quizás, y sólo quizás, puede que Sofía de Grecia no haya dicho exactamente eso sobre la interrupción voluntaria del embarazo, lo cierto es que Vds. los humanos se sorprenden con cualquier cosa (que “Escenas de matrimonio” siga en antena, sin embargo, me asombra a mí y a Vds. se la trae pendular): obiviamente, dada la edad de la interlocutora, la educación recibida y que la Conferencia Episcopal española le haya insertado un micro-chip en el cerebro, es perfectamente natural que S.A.R. vaya diciendo por ahí esas cosas. Lo sorprendente sería que defendiera la eutanasia activa para los mayores de 65 años – independientemente de su estado de salud -, el uso terapéutico del cannabis para sobrellevar los fines de semana lluviosos o que se introdujera la alcayata como ingrediente del Whopper. 

No obstante, estoy de acuerdo con Vds. en que la Reina, por su status quo privilegiado (y no me refiero a que la banda de Francis Rossi le toque “Whatever you want” cuando ella quiera), debería ser más comedida en sus declaraciones. O eso o que no abriera la boca más que para decir “ay, que niño más mono” o “échame más hielos”. Algunos de Vds. han defendido el derecho a la libre expresión de la monarca consorte como si de una ciudadana más se tratara; pero es que no es una ciudadana más (anda que las buenas gentes de Algeciras han quemado fotos mías – algunas de ellas en las que ni salía yo – y nunca ha pasado nada). Por suerte para los de mi raza, los dhlafrraw no tenemos monarquía – tampoco TDT ni pilas alcalinas, pero bueno… -, sino un sistema político imperial democrático: nuestro Excelso Emperador de Gamma-3 es elegido por sorteo ante Notario tras envíar un mensaje al 6666 con la palabra “EGOIMPERATOR”.

Segundo punto: con motivo de la Noche de brujas, mi Santa Esposa y yo nos dedicamos al visionado de varias cintas con temática terrorífica. He de reconocer que las cintas nos parecieron bastante aburridas, por lo que decidimos ver una película (observar durante cuarenta y cinco minutos el casette de la banda sonora de “Buenas noches, señor monstruo” es una de las mejores maneras de perder el tiempo; eso y contar lentejas). Una de las elegidas para incertivar nuestros apéndices capilares hacia el estado vertical fue “Dance of the dead” (Greg Bishop, 2.008): simpática comedieta sobre cómo un grupo de jovenes de diversos estamentos escolares (el rebelde, los empollones, la cheerleader – ¿saben que en latinoamérica las llaman porristas? Fascinante! -, la responsable, los músicos inadapatados que buscan deseperadamente una salida de la rútina a la que se ven abocados en su paleto pueblo y que llevan un flequillo negro realmente molesto pero que sin embargo tienen buen corazón,…) se unen contra una horda de zombies que pretenden echar por tierra el baile de promoción. En pocas palabras: un refrito de “El club de los cinco“, “Carrie” y “La noche de los muertos vivientes“. Sin ser tan divertida como “Shaun of the dead” (me niego a llamarla “Zombies party“; Edgar Wright), la película tiene algunos aciertos en lo que a lo humorístico se refiere – curiosamente, sobre todo en comentarios en off se refiere) e incluso algunas escenas pueden provocar en espectadores acostumbrados a las películas de Martin Lawrence algún que otro susto o malestar general. Sin embargo, lo más llamativo de “Dance of the dead” es el que haya sido dirigido por alguien con trastorno bipolar: no entendemos mi Santa Esposa y yo cómo determinadas secuencias tengan un pulso narrativo más que correcto (la entrada en el nicho; el ataque en la funeraria), y otras rocen el más absoluto ridículo (la escapada del instituto, sin ir más lejos… que si me alejo más me salgo de la película, teniendo en cuenta que es la escena final). A veces los muertos vivientes parecen que sufren el baile de San Vito (recordando a los de esa pequeña joya llamada “Dawn of the dead” – me niego a llamarla “Amanecer de los muertos“; Zack Snyder; 2.004) o la menos acertada “28 days later” – me niego a llamarla “Pepito Piscinas“; Danny Boyle, 2.002). Si desean Vds. pasar el rato… no cuenten lentejas.

La segunda película fue “30 days of night” (ésta sí que me da igual llamarla “30 días de oscuridad” o “Nobleza Baturra“; David Slade; 2.007): más allá de que el visionado de esta adaptación del cómic de Steve Niles – cuya lectura tengo pendiente de 30º – provocara una simpática discusión entre mi Santa Compañera y yo, que obviamente ganó ella, sobre si a los viajeros de la noche les molesta la luz eléctrica o no (era discutir eso o contar lentejas, ya ven), lo cierto es que nos pareció a ambos los dos una supina estupidez: ya les he comentado en varias ocasiones que mis gustos cinéfilos se pueden comparar a los de Fernando el Católico, pero sinceramente mal vamos si un flim que se desarrolla durante un mes sin sol tenga determinadas escenas que parezcan rodadas un 15 de Junio en Benidorm. “Es que si no metemos un poco de luz, se va a ver menos a los actores que a Barack Obama en un tunel”, dirán; bueno, pues no se hace y punto. Porque para hacerlo mal ya está el cine español, caramba, que hay que decírselo todo. Algunos planos que recuerdan a la citada “Dawn of the dead” – el plano cenital sobre el pueblo asolado por los vampiros -, un poco de “La cosa” (John Carpenter; 1.982), otro poco de “Jóvenes ocultos” (Joel Shumaker; 1.987), Jos Harnett con cara de “qué bien actúo, demonios!”, y hala, a sentirse como si estuvieras contando lentejas.

Por último, comentarles que ayer se cerró definitivamente la fase de votaciones del concurso “20Blogs“. La convocatoria se celebró sin ningún tipo de contratiempos, si bien la organización está investigando cómo es posible que “Gromland”, éste su blog, acabara con DOS VOTOS DOS en el recuento final. Desde aquí, Sparky yo agradecemos infinitamente a esas dos personas que, seguramente, por equivocación nos dieron su confianza (Sparky preferiría que nos hubieran dado un apartamento en Torrevieja, pero ya se sabe la carencia que tienen los orangutanes por tocar las gónadas). Como consecuencia del excelente resultado obtenido, los miembros del Consejo Supremo han decidido no enviarnos a sacarle brillo a Plutón… cosa que no ocurrió con la anterior miembro de nuestra expedición de conquista que enviamos a este su planeta:

Se nos ha recomedado que busquemos nuevas vías para entrar en sus frágiles mentes y definitivamente dar el golpe maestro. Si bien tengo pensado, en los próximos días, buscar alternativas diferentes (de las que les daré puntual información, no vaya a ser que no se den cuenta y me manden el plan de conquista a hacer puñetas), sepan que les veo a todos Vds., estimados lectores de este su blog, no solo como alimento, sino como amigos.

Afectadísimos saludos. Y les dejo con una nueva ENCUESTA IMPOSIBLE GROMIANA:

¿Cuántas piedras hay en un kilo de lentejas? 

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