“Lo más llamativo de la capital warrfalhd es, sin lugar a dudas, su red de alcantarillado: millones y millones de kilómetros de tuberías conectados entre sí que desembocan en la sala de estar de Don Filiberto Cockhorse Sánchez-Padilla. El motivo por el que todos los detritus, residuos y basura en general desembocan en la pequeña y coqueta estancia de esta persona (por llamarla de alguna manera) no sólo sigue siendo un misterio, sino que además se desconocen las causas. En 1.990, un grupo de científicos del “Instituto Stephen Hawking para la defensa del lemming” alquiló en VHS una copia pirata de “Solo en casa”. Este hecho, que cito unicamente para cumplir una promesa hecha a la Virgen del Rocío, provocó en su día airadas protestas por parte del colectivo de estudiosos contra el citado Sr. Cockhorse, propietario del videoclub donde los primeros arrendaron el primer trabajo del por entonces joven actor Macaulay Culkin (en la actualidad, sexador de pollos en Lehman Brothers). El problema de la cinta residía en que, a mitad del metraje, la película se cortaba para dejar paso a las pruebas de casting de María Teresa Campos para el programa “No te rías que es peor”; para colmo, el final del flim no coincidía con el visto en las salas – en la copia alquilada, el personaje de Kevin mataba a los intrusos utilizando los poderes telequinéticos que había adquirido al consumir un petit-suit caducado. El atribulado videoclubero, negando la evidencia, expulsó a los furiosos clientes de su establecimiento, soltando sapos y culebras por la boca… literalmente (luego se descubriría que estaba poseído). El que el grupo de científicos fuera el encargado de diseñar la red de alcantarillado de la ciudad es un dato, al entender de este cronista, completamente irrelevante.”  (“Confieso que me he babado: memorias de un epiléptico”; Justino Vandálico; Ed. Sobaítos; 2.000). 

Joum, suit joum“, como diría Xeskpir, nuestro más grande dramaturgo de Gamma-3. Tras mi ya comentado exilio voluntario, mi Santa Esposa y yo volvemos a nuestro hogar una vez que Sparky, mi fiel orangután mascota, nos comunicara que las buenas gentes de Algeciras ha decidido perdonar mi inocente boutade de aniquilar a un tercio de su población. Sin desconfiar ni un instante del afable carácter del pueblo algecireño y de su buena voluntad cristiana, creo que la absolución civil no se debe tanto a su clemencia y savoir fare a la hora de aceptar las bromas, como la velada amenaza por parte del ejército dhlafrraw de convertir la ciudad y sus aledaños en aparcamiento para nuestros cruceros interdimensionales; eso, sin contar que la mayor parte de los “desaparecidos” pertenecían a la Línea de la Concepción…

Ayer noche, pues, arribé al hogar acompañado de mi media naranja (los de mi raza hemos descubierto que medio cítrico suele ser un arma más poderosa que cualquiera de sus misiles crucero), mientras mi Santa Esposa subía las maletas: es digno de mención cómo una mujer tan grácil y femenina como la mía es capaz de subir ella sola doce maletas a un quinto sin ascensor. Tras un somero repaso a nuestra humilde morada, he descubierto varias cosas:

– Nunca se debe dejar el cuidado de una casa a un gran simio arborícola, por muy Licenciado en Periodismo que sea;

– La fruta terrestre no aguanta más de diez días a temperatura ambiente;

– Frente a los dos que pensaba, tenemos treinta y ocho cuartos de baño.

Por el resto, normalidad absoluta (el encontrar restos humanos debajo de nuestra cama de matrimonio lo atribuyo a caprichos del destino). Es momento de rememorar lo que me ha aportado este viaje, si es que me ha aportado algo, para borrarlo inmediatamente del disco duro que tengo insertado en la espalda. No se puede decir que sea una persona nostálgica – incluso se podría afirmar que ni siquiera soy una persona -, y considero que las enseñanzas vividas son un pesado lastre para los de mi raza: a mayor información retenida, más nos cuesta andar; y a la vista de mi errático comportamiento de las últimas semanas, creo que necesito de toda la movilidad posible por si tengo que salir por patas o, en su defecto, corriendo.

Nota personal: Por cierto, en el último mensaje que les dirigí, mis fieles y siempre estimados lectores, a través de mi ayudante Sparky, en el día de hoy les iba a hacer partícipes de una noticia que haría tambalear los cimientos de la realidad tal y como la conocen… Para su desgracia, mis superiores me han hecho recapacitar momentaneamente, recomendándome que espere unos días en soltar esta bomba informativa (y cualquier otra bomba): no desean, y coincido con ellos, en que el pánico haga mella en Vds. demasiado pronto y nuestros planes de colonización se vayan al garete antes de tiempo. Sólo les puedo adelantar si voy más rápido que Vds., no sé si me entienden…

Volviendo a lo anterior, decirles que, gracias a las ingentes cantidades de dinero que mi Santa Esposa recibe de sus empleadores, hemos podido adquirir en la capitalínea ciudad de Madrid una serie de productos de ocio que harán de nuestras horas de asueto un oasis de felicidad cultural. Por si no han entendido esta última frase, me refiero a que se puede decir que hemos saqueado la FNAC (léase como un mordisco) para no tener que salir de casa unos tres meses, si bien es cierto que alguna cosa sí la hemos pagado: “Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood“, de William Goldam, o “Making of“, de Oscar Aibar (uno de los autores con el nombre más fonético que he escuchado en mi vida) han sido algunos de los nuevos volúmenes que nutrirán mi extensa biblioteca. Me hubiera encantado llevarme “Manual del Guionista de Comedias“, escrito por el estimado Guionista Hastiado, para así tener ya cinco libros, pero unos incomprensibles problemas con el saldo de la tarjeta y un malentendido con los guardias de seguridad por apalizar a un joven con gafas de pasta y camiseta de Custo Barcelona que había hecho un desagradable comentario sobre “Zoolander” provocaron que abandonáramos el local con más prisa de la que deseábamos. No se preocupe, estimado Hastiado, le tengo en mi punto de mira (yo de Vd. me alejaría de la ventana).

¿Qué comentar a mayores? Principalmente, que en Madrid hay mucha gente, demasiada, pensarán algunos; no es mi caso: considero que a mayor número de personas, más alimento. Otro dato curioso: pese a ser la urbe más importante del país, es la más grande. Me llamó poderosamente la atención el hecho de que se pueda llegar a tardar más de setenta minutos en transporte público desde que uno sale de su casa hasta que llega al cine, por ejemplo (siendo sinceros, sólo he cronometrado cuánto dura el trayecto hasta un cine; a lo mejor, hasta un parque acuático son tres minutos a pie). Y tercero, que casi no hay coches.

Les comentaba lo del cine porque, aprovechando nuestra estancia en Magerit, mi Santa Esposa y un servidor de vds. decidimos experimentar que se siente viendo una película pagando. La elegida fue “Quemar después de leer” (“Burn after reading“; 2.008), el último trabajo de los Hermanos Coen. Vaya por adelantado que mis gustos sobre el séptimo arte son bastante personales – mi película favorita es una secuela de “Los Goonies” que me imaginé una vez borracho -, pero he de reconocer que los estimados Joel y Ethan me han hecho disfrutar más de una vez; bueno, no ellos personalmente, sus películas, quiero decir. Considero “Muerte entre las flores” la mejor adaptación que se ha llevado a la gran pantalla del universo Dashiell Hammet (con todos mis respetos hacia el Sr. John Huston y su halcón maltés); mis neuronas se revolucionaron de lo lindo con “Barton Fink” y “El Gran Lebowsky” (otro homenaje al otro Grande de la Novela Negra, Raymond Chandler; por cierto, ¿por qué nadie se acuerda en alabar al impresionante Steve “Mr. Shhh” Buscemi cuando se habla de este flim?); “Arizona Baby“, “O’ Brother” (fantástica edición en DVD la publicada en suelo patrio con subtitulos en árabe o húngaro, pero no en castellano), “Fargo“, “Fargo“, “Fargo“…

Ahora bien, también están los Coen de “El gran salto“, de “Sangre fácil” (sí, lo reconzoco, me aburre solemnemente tanto como ver a un anciano cortarse las uñas de los pies… a menos que el anciano no tenga brazos, en cuyo caso es un fascinante ejercicio de superación, flexibilidad y mordiscos milimétricos, se lo recomiendo), “Ladykillers” (o cómo hacer un remake tan innecesario como los libros de Ana Rosa Quintana), “Crueldad intolerable“,…

De ahí que a la hora de entrar en el cine, uno se pregunta “¿qué Coen voy a ver?”. En mi caso, la respuesta es clara: el del segundo grupo. “Burn after reading” tiene eso que se llama un reparto de campanillas con un guión de cencerros. Tras un comienzo que recuerda más a una película de Tony Scott (el hermano tonto-listo de Ridley), y con una banda sonora de un Carter Burwell a años luz de la lírica “Muerte entre las flores” – hasta el punto de que parezca que haya compuesto la música con un teclado casiotone y una txalaparta -, Joel y Ethan nos sumergen en un mundo repleto de idiotas, incompetentes, borrachos, egoistas, inútiles e idiotas (sí, lo repito) seres humanoides: me estoy refiriendo a los miembros de la CIA. A partir de ahí, nueva sucesión de personajes idiotas, incompetentes,… en una competición por comprobar quien tiene menos neuronas que haría las delicias de los Monty Python:

No estoy con ello diciendo que las historias sobre personajes estúpidos no puedan resultar interesantes (tengo realmente ganas de ver lo que ha hecho Oliver Stone con su biopic de Jorge W. Arbusto), pero, tal y como leí en otros blogs, coincido en que los retruécanos a los que los simpáticos hermanos nos tenían acostumbrados no tienen la brillantez de antaño: a mi modo de ver (obvio, tratándose de una película), parece que el guión se limita a sustentarse sobre las interpretaciones, eso sí, portentosas – vale, todos han dicho que Brad Pitt está inmenso y que sus bailecitos horterochenteros sólo podían acarrear malas consecuencias, pero ¿qué me dicen de George Clooney y sus hipocondríacos y maniopersecutorios movimientos (nunca nadie dio tan mal una voltereta, por Dios)? ¿O el gran Malkovich, pajarita incluida, insultando a diestro y siniestro? ¿O Frances McDormand, a quien no le hace falta acostarse con el director para intervenir en la película, que compone un personaje que da asco y lástima a partes iguales? ¿O Tilda Swinton? ¿O la breve intervención de J. K. Simmons (el irascible J. Jonah Jameson de “Spidey” o el papá de Juno, por si no lo ubican)?

En resumen: “Quemar después de leer” me parece el “Ocean’s Eleven” de los Coen… pero sin un sólido guión detrás. No negaré que en algunos momentos esbocé alguna sonrisa (la escena final entre el citado Simmons, como Jefe de la CIA, y David Rasche – interprete, por cierto, de la serie a redescubrir “Sledge Hammer”, que emitió años ha la Primera -, como su segundo, por ejemplo); pero el negro vodevil, los engaños intrincados, los dialogos punzantes… que uno esperaba ver tienen menos chicha que Kate Moss al salir de una sauna.

Podría seguir analizando la película, pero luego tendría que matarles.      

Así que me despido, tranquilizándoles en el aspecto de que he vuelto y no tendrán que acudir a la HBO para ver cultura con mayúsculas (lo he escrito con minúsculas porque se me ha estropeado el teclado, ojo). Hasta la siguiente entrega, les dejo con una nueva ENCUESTA IMPOSIBLE GROMIANA:

¿Creen necesario que RTVE realice un remake de “Verano Azúl”? Y, en caso de contestar afirmativamente, ¿por qué han dejado de tomar la medicación?

Anuncios