“Otra de las figuras que forman parte del imaginario porpular warrfalhd es “el Leprusiamg”, también conocido como “La Pitones”; este ser, mitad hombre, mitad político, se dedica según la leyenda a atemorizar a los niños en las lluviosas noches de cuarto menguante (esto es, aquéllas en las que las habitaciones encogen por el agua), contándoles las condiciones de los préstamos hipotecarios de “La Caixa”. Otras variaciones del mito son que roba los juguetes de los hijos de los campesinos y se los vende a “Toys R’ Us”; que es capaz de volar montado sobre una maleta “Samsonite”; o que en realidad es Jesús Quintero con gastroenteritis. Los padres suelen utilizar a la figura del “Leprusiamg” para atemorizar a sus hijos díscolos desde que el Primer Ministro warrfalhd, Don Ricky Martin, decretó que obligar a los niños a ver “Está pasando” se considera un delito castigado con la muerte o con la depilación de la ingles a martillazos, a elegir.” (“Nicolás Sarkozy: el político; el enano”; Mildred Von Negut; Ed. El Elefante bicéfalo; 2.004).

Estimados lectores de este su blog: les escribo desde mi destierro forzado a tierras norteñas (para saber el motivo, lean el anterior post en el que relato cómo, tras arrojar a una nonagenaria vecina mía aquejada de síndrome de Diógenes por la ventana de su cocina, y a fin de evitar que una turba irracional utilizara mi piel de alfombra, acallé los ánimos de la multitud dejando caer sobre ella dos asteroides de ocho toneladas cada uno… bueno, ya no hace falta que lo lean). Transcurren los días lentos y apacibles, como el suave devenir del orgasmo de un oso perezoso. La brisa marina mece con liviano cariño mis canosos cabellos, los cirros y los cúmulos forman caprichosas figuras sobre el celeste firmamento, y las gaviotas son asquerosas. 

Pese a tanta tranquila serenidad, todas las mañanas paso revista a sus bitácoras, pues no sólo me hacen compañía sino que además hacen que no me sienta solo. Y, navegando en la red de redes, he arribado (es decir, me he subido) al blog de mi estimado Cerilla donde plantea una inquietante reflexión: para considerar un flim como excelente “no es necesario una buena historia, simplemente un buen guión”. Obviamente, el estimado vecino pone algunas frases más en su artículo, pero dado que tienen ahí arriba señalado el enlace, pues entran Vds. en el post, que es muy interesante, le hacen subir las estadísticas y yo me llevo la comisión de doscientos mil corty-coles que me ha prometido si le engordo las entradas (no, no es que le vaya a inyectar botox en las sienes).

El estimado Cerilla compara dos películas cuya temática gira en torno a la tragedia del once ése: “WTC” y “United 93“; de ambas yo sólo he visto la dirigida por Paul Greengrass (el director con el apellido más obvio del mundo que hace películas sponsorizadas por Biodramina; durante la proyección de “El mito de Bourne“, en la secuencia de la persecución por Moscú, una anciana que estaba a mi lado salió disparada hacia el techo por la inercia de las imágenes; si van Vds. a los Yelmo Cineplex de Vigo, sala 2, aún la verán allí clavada). Y he de reconocer – porque quiero, ojo – que, dado que no me gusta la ciencia ficción, no la disfruté en demasía, ni siquiera en decortijo (risas).

Este último chiste ha sido patrocinado por la Fundación para la Igualdad de Andaluces y Catalanes a la hora de comer frutas redondas; como, por ejemplo, la naranja.

Mas cual Ariadna recojo el hilo antes de perderlo y expongo yo la misma duda pero en otros términos: ¿qué es más importante: el “qué” o el “cómo”? Vds., mis fieles lectores, esperarán que con una de mis acertadas sentencias despeje cualquier duda razonable que puedan albergar en torno a este tema. Pues bien, la respuesta no puede ser más sencilla: asegún.

En ocasiones, la trama de determinada película puede ser lo suficientemente impactante como para atrapar al espectador desde el inicio; en otras, si bien la historia que narra no es nada del otro mundo, su manera de contarlo es tan atractiva que uno no puede dejar de mirar a la pantalla (otra opción es tener un pinzamiento de cuello mientras se ve la televisión, que así tampoco se puede dejar de mirar a la pantalla a menos que se mueva a lo Robocop, pero ése es otro tema). Tomemos como ejemplo la película “Memento“, del ahora denostado por algunos, endiosado por otros y nifunifaniado por mí Christopher Nolan.

Memento“, por si alguien no la ha visto, se puede comprar en el Corte Inglés. Gira en torno a las desventuras de un agente de seguros que busca constantemente al asesino y violador (no sé en qué orden) de su esposa; hay un colega del que uno no sabe si fiarse, moteles y femme fatales; un prodigio de originalidad, vamos. Ahora bien, dos son los aspectos llamativos de la película:

1.- El protagonista sufre amnesia anterógrada, un tipo de amnesia “donde los nuevos acontecimientos no se guardan en la memoria a largo plazo, es decir, no se es capaz de recordar algo si se le deja de prestar atención unos segundos”; de ahí que el protagonista lleve el cuerpo decorado como una pared de barrio. Este detalle forma parte de la trama, de la historia, del “qué”, de la historia.

2.- El otro detalle que hizo las delicias de determinados cinéfilos y fue calificada como una arrogante “boutade” por otros (“boutade” es “tontería” en francés; lo he puesto en idioma galo para que se hagan una idea del carácter de dichos gafaspast… perdón, cinéfilos) es el hecho de que la película se desarrolla en sentido inverso a las agujas del reloj. O dicho de otro modo más inteligible: va p’atrás. Esto formaría la esencia del “cómo”; la esencia.

Ahora bien: dado que tanto una como otra peculiaridad vienen recogidas en el guión y que éste surge a partir de la historia, ¿podríamos preguntarnos si, ya que el “qué” y el “cómo” estaban en la historia, no haría falta un buen guión? Pues sí, podriamos preguntárnoslo. Mi contestación no variaría un ápice de la ya expuesta: no tengo la menor idea. 

¿Es Chiquito de la Calzada el mejor humorista del mundo? No ¿Son sus chistes una muestra de inteligencia hilarante? Tampoco. Entonces, ¿por qué lo nombro? A saber. Lo único que tengo claro es que Chiquito-jan es un perfecto ejemplo del “cómo” sobre el “qué”. Una persona que haya visto “Aquí llega Condemor” sabrá de que hablo (por cierto, si es la misma persona que no vió “Memento” le agradecería que abandonara el blog inmediatamente; gracias).

En estas tierras de meigas (las meigas, por si alguien lo desconoce, no es la manera en que un disléxico dice “migas”, sino que son las brujas gallegas; Ana Pastor, por ejemplo), hay un rica tradición en cuentacuentos – también en cocido y albariño, que conste -, personas que enriquecen su relato con una narración teatrera y grandilocuente, mística y terrenal, y con seseo si son de la zona de Cangas: es la perfecta unión del qué y del cómo. De ahí que pueda perfectamente afirmar, ahora sí, que respecto a si es más importante tener una buena historia o un buen guión, lo verdaderamente fundamental es que nunca expulsen a la enana de “Gran Hermano”. Y que las gaviotas son asquerosas.

“Y aquí termina por hoy el espacio radiofónico “Escribir por escribir”, donde su anfitrión de todos Vds. ha pretendido demostrar, sin ningún tipo de éxito, el que, cuando no hay nada qué contar y, además, no se sabe cómo, lo mejor es apartarse y dejar a los profesionales. Les dejamos con la radionovela “Liendres en tiempos de paz”.” 

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