Por razones que no vienen al caso – y que de comentarles, me óbligaría a eliminarlos a todos Vds. -, ayer por la noche (hora peninsular) me encontraba en una convención del partido demócrata estadounidense. A las 11:28 P.M. (hora española), Barak Obama, el candidato de “los burros” – yo qué quieren que le haga si el pollínico animal es el símbolo del partido! – y gran seguidor de Carlos Areces, decidió sintonizar en una de las pantallas gigantes el segundo episodio de “Plutón BRB Nero” (en mala hora)…

A la vista de la instantánea superior, creo que todo está dicho… Bueno, no: el rollizo teenager de la camiseta gris fue detenido instantes después, acusado de haberse comido a uno de los senadores de Illinois.

Uno tiene su paciencia (escasa, pero la tiene); pero el dantesco espectáculo que el Sr. de la Iglesia nos introdujo vía ocular ayer noche no tiene nombre – el único que se me ocurre podría acarrearme graves problemas legales con la Casa Real -. No me malinterpreten, que para mal interpretar ya está Carlolina Bang, la “androide sexy” de “PBN”; comprendo perfectamente que, a la vista del tiempo de rodaje, los medios, las presiones y el catering – hechos que Don Alejandro explica en el blog oficial de la serie, con ese desparpajo que le caracteriza y que no se encuentra en la serie por ningún lado -, la calidad del producto se vea tan resentida como los directivos de Telecinco frente a La Sexta. Pero no olviden Vds. que:

1.- “PBN” es un producto que financiamos con nuestros bolsillos (con los de todos; las autoridades terrícolas ya me han advertido que, aunque pertenezca a otra dimensión, mis obligaciones fiscales, y cito palabras textuales, “no se las salta un canguro y, como no pagues, te vas más rápido que Usaín Bolt a hacerle compañía a Julián Muñoz, que Hacienda sois todos, ostias!”). Como lo Joaquín Cortés no quita lo valiente, señalaré que el presupuesto de “PBN” parece ser ligeramente superior a la paga que a los quince años recibía semanalmente Borja Thyssen – si bien no hay cifras oficiales; o, habiéndolas, no las he encontrado; o, habiéndolas encontrado, no recuerdo qué hago aquí. No obstante, reitero y repito: “PBN” es un producto del Ente Púbico, financiado por todos nosotros (menos por Julián Muñoz) y del que se espera unos mínimos de calidad… aunque cueste unir en la misma frase “RTVE” y “calidad”;

2.- Alex de la Iglesia, tal y como comenté en un post anterior, es un profesional que me merece respeto (si me lo encontrara en un callejón oscuro también me provocaría un pánico atávico, pero ese es otro tema). Y me desagrada profundamente que todas las esperanzas que deposité en la serie estén menguando como si de un “corralito cultural” se tratara. Me siento en estos momentos como el angelical niño/a al que sus padres le repiten, fin de semana tras fin de semana, “tranquilo, el siguiente vamos a ver “Tropic Thunder“, que hoy a papá le duele mucho la cabeza y le ha venido la regla”. Ese/a niño/a – que podría ser cualquiera de Vds./as (los de mi raza no tenemos padres en el sentido literal de la palabra; y, en caso de tenerlos, desde luego no tienen el periodo) – ve como la cartelera muta, se transforma y tiene la convicción de que en unos ocho o nueve meses “Tropic Thunder” desaparecerá de los cines (según algunos agoreros, puede que desaparezcan los propios cines), y su ánimo se vuelve sombrío, taciturno y ambidiestro.

“Pero, Virgen de los Remedios, ¿tan pésimo le habrá parecido a este luminiscente pensador el segundo capítulo de “PBN”?”, pensarán Vds., siempre pendientes de mis pensamientos, pense a todo. Se lo explicaré de la siguiente forma:

En el episodio de ayer se recogían dos sub-tramas: de un lado, el capitán Valladares (Gil) debe descubrir qué miembro de la nave se ha dedicado a dilapidar el presupuesto gubernamental en llamadas a un teléfono erótico (?), investigación que tendrá imprevistas consecuencias…; y, por otro, el androide Wollensky (Tallafé), suspirando por los circuítos de la androide Lorna (Bang… y se murió…; vale, me callo), ve como ésta, tras reiniciar su programación – Wollensky tuvo a bien partirla por la mitad al principio del episodio -, se enamora perdidamente del subteniente Querejeta (Areces), con las consecuencias previstas… Sin embargo, un quark a tiempo puede solucionarlo todo. Fin de la sinopsis.

 

Estoy dispuesto a regalarle mi DVD edición coleccionista de “La tonta del bote”, con la gran Lina Morgan, a cualquiera de Vds. que sea capaz de ver algún detalle divertido y/o/u original en la trama del capítulo. ¿Teléfonos eróticos? ¿Coitos cibernéticos? No sé, mis queridos lectores, cuál es su rasero de crítica a la hora de ver televisión, pero a mi humilde (y brillante) entender los chascarrillos de “PBN S01E02” estan al mismo nivel que el encefalograma de Belén Esteban.

Decía en el anterior post que iba a seguir confiando en el creador de “El Día de la Bestia”, pero mi confianza está comenzando a preparar las maletas para tomar las de Villadiego. Todos sabemos – y si no lo saben, se lo digo yo, qué caramba – que una serie televisiva puede tardar en arrancar, pero como ya comenté en algún blog vecino, en este segundo capítulo puedo afirmar que la serie se les ha calado. Tiene un ritmo cansino, previsible (la mención del quark y sus posibilidades de modificación espacio-temporal hacen que hasta un niño de ocho años se vea venir la solución final; por lo menos, el niño de ocho años que tenemos retenido en casa lo descubrió perfectamente); el guión borda la zafiedad más burda… Y es que, si bien no tengo ningún problema con los chistes de contenido sexual, considero que volver a hacer girar las dos sub-tramas del episodio en torno a las capacidades copulares de Lorna o la dependencia de Valladares y Hoffman (Martínez) a una línea caliente es una muestra de que: a) el equipo de la serie no tiene muy claro hacia quien va dirigida la serie – ¿quinceañeros en edad pajilleril, cuyos hitos de la comedia son los cometarios sobre glándulas mamarias y los equívocos eróticos? -; o b) Alex de la Iglesia está sufriendo en su matrimonio la crisis de los cuarenta (en dos mesecitos se nos pone el hombre en los 43 añazos).

Y eso por no hablar de su peculiar interpretación de las paradojas temporales – algunos de los personajes saben que han viajado en el tiempo, otros no -; de la reiteración en esos molestos planos durante la travesía por el quark (distorsión de los actores una vez, y otra, y otra más… Les aseguro que vuelvo a ver ese molestísimo plano y de la patada que le propino a la televisión, iba a tener que ver “El Intermedio” en el microondas)… Y ese grito final de Valladares a Hoffman, herencia de las sit-com más conservadoras.

Por último, y por obvio, me niego a repetir que lo mejor de la serie ha vuelto a ser Carlos Areces.

A la espera de que en el próximo post comente mi futuro proyecto sobre LA SERIE ESPAÑOLA DEFINITIVA (tiemblen, guionistas del mundo!), me permito sugerirle una serie de recomendaciones al equipo de “PBN” para futuros episodios:

* Introduzcan risas enlatadas: facilitarán notablemente al espectador el saber en qué momento deben reírse. Es conveniente, además, que las carcajadas grabadas se repitan en un reiterativo sampleado ad nauseam (“hasta la náusea… y más allá!”) para potenciar el efecto cómico.         

 * Muestren sin ningún tipo de reparo al personaje de Lorna en ropa interior; o, cuando menos, ataviado con diferentes uniformes: criada, enfermera, lagarterana…

* Potencien la utilización de ventosidades como recurso humorístico: el personaje de Hoffman lo está pidiendo a gritos.

* Échenle un vistazo, así de pasada, a las ya sugeridas por esos blogs de Dios “Enano rojo”, “Guía del Autoestopista galáctico”, “Futurama”, la canadiense“Tripping the rift” (donde en el primer episodio también se hace un viaje en el tiempo, pero con consecuencias infinitamente más divertidas), la también británica “Hyperdrive”, “Quark – La escoba espacial” (igualmente con tripulantes sexys, ¿ven?)… a ver si se les queda algo.

* Hablen, cuanto antes mejor, con los muchachos de “Venga Monjas”:

 

Anuncios