“Si bien, hace años, los programas del corazón ocupaban el 45% de la parrilla catódica warrfalhd (el 55% restante se dividían en anuncios de lejías y partidos de fútbol entre invidentes borrachos), en estos momentos sólo son dos los programas los que incluyen entre sus contenidos un apartado de información rosa: “Madrugando con Amanda y Zenobio el Cauto” y “Que te digo que es así, coño!”. A primera vista, parecería que el televidente consumidor de este tipo de noticias podría verse perjudicado por ese extraño giro hacia la objetividad y el rigor periodístico, pero los directivos de la única cadena existente, “Antelecuanco 2”, contando con el beneplácito del Gobierno en pleno y de un señor con bigote que tiene un bar cerca del Parlamento, han decidido que la información ofrecida en dichos programas pueda ser insultante, irrespetuosa, agresiva y, conditio sine qua non, falsa. De ese modo, los espectadores pueden en todo momento estar desinformados sobre las relaciones personales y laborales, tanto de celebridades como de personas anónimas (otra de las situaciones permitidas desde el propio Gobierno). En las últimas semanas, por ejemplo, los “corrillos” de “Madrugando con…” se han dedicado a destrozar la vida privada de Lucero Birmingham Sánchez-Padilla, de profesión frutera, y a quien sus vecinas acusan de haber mantenido una relación extramarital con un walkie-talkie con el logo de Naranjito. Esta noche, y en horario de prime time, se emitirá un careo entre la misma Lucero y la mujer del walkie (una radio AM con forma de Iker Jiménez)” (Extracto del reportaje “El tornero fresador: ¿nace o se hace?”, publicado en el número de Marzo 2.004 de la Revista TeleTVtelevisión). 

Sin que sirva de precedente – y olvidando el juramento que hice ante el Consejo Superior de Deportes de renunciar a mi anterior vida como leguleyo, picapleitos y abogaducho -, desempolvaré mi vieja toga, testigo de incruentas batallas jurídicas y del brutal asesinato de un arenque; le quitaré el polvo (que es lo mismo que “desempolvar”, pero bueno…) a mis ajados volúmenes de Derecho, cuyas amarillentas páginas contienen más sabiduría que todos los prospectos de “Predictor” juntos; prenderé en la solapa de mi gastada chaqueta tweed color amarillo Piolín la insignia del Ilustre Colegio de Abogados de Carrascosa de la Sierra (Soria); y me iré a por el pan.

Sí, a ver: iba a confeccionar un brillante – en mi línea habitual (la 2: La Elipa – Cuatro Caminos) – alegato de defensa a favor de Emilio Aragón y sus deliciosos payasos socios de “Mediapro”, dicho sea con todo el cariño del mundo, frente a la sentencia por la que un Juzgado de Barcelona les obliga a no emitir imágenes de programas de Telecinco. Pero pensando cómo contrarrestar la ofensiva demanda de Vasile y sus delictivos payasos secuaces de “Pro-mieda” (añádanle por ahí una “r” y ya tienen el juego de palabras), dicho sea con todo el cariño del mundo, recordé el caso de Piero Manzoni, artista compatriota del encubridor de cosas como “Gran Hermano”. Hay cosas que se te vienen repentinamente a la mente, sin relación aparente con tu propio pensamiente.     

Para aquéllos de Vds. que desconozcan la vida y obra – y nunca mejor dicho – del citado Manzoni, señalarles que nació un 13 de Julio de 1.933 (el único 13 de Julio que hubo aquel año, curiosamente), en la localidad de Soncino; para que se hagan una idea, Soncino está cerca de Cremona; se ubican, ¿no?. Según su biografía oficial, el joven Piero crecería en Milán – como efectivamente hizo -, y las vacaciones veraniegas las transcurrió a Albisola Marina, en Liguria, localidad famosa por sus célebres bufandas para ñúes. Este dato familiar sobre el lugar escogido por los Manzoni para su asueto estival puede parecer inútil, pero según continúen leyendo descubrirán que es perfectamente gratuíto.

Su aristocrática familia no vería con buenos ojos que el imparable Piero comenzara a dejarse engatusar por las malas artes de las bellas artes; su padre, hombre en exceso flemático (por un catarro mal curado) pronunciaría, y de hecho pronunció, la famosa frase: “Mira, haz lo que te salga del culo”. Nunca una frase resultó ser tan premonitoria.  En 1956 debutaría en la “Fiera Mercato” del Castello Sforzesco de Soncino (cerca de Cremona, ¿recuerdan?); en la primavera del año siguiente entraría a formar parte del “Grupo Nuclear”, fuera lo que fuera eso, y firmaría un manifiesto “contra el estilo”. Así, en general.

Sus innovadoras ideas conceptuales chocarían frontalmente contra la inmovilista tendencia de sus coetáneos, llegando a provocarle a uno de ellos un esguince de hígado. En 1.957 (diez años después de 1.947) firmaría sus primeros “achromos”: grandes superficies blancas embebidas de cola y caolino – un tipo de arcilla blanca – que recordarían mucho después a mis trabajos de pretecnología cuando yo hacía la E.G.B.

El artista, finalizada su jornada laboral

Fundador de la revista “Azimuth”, junto a Agostino Bonalumi y Vincenzo Agnetti (más conocidos por haber ganado el IX Festival de la canción de San Remo, bajo los nombres artísticos de Domenico Modugno y Johny Dorelli, con su delicioso tema “Nel blu dipinto di blu“), Manzoni comenzaría una prolífica etapa creativa donde, entre otras, sorprende a crítica, público y privado con:

1.- Globos inflados por el propio Manzoni, en la serie denominada “aliento del artista” (los habría de varios sabores);

2.- La serie “bases mágicas”: pedestales encima de los cuales cualquier hijo de vecino (legítimo o no) se convertiría en una obra de arte;

3.- La exposición “El consumismo del arte”, en la que el artista distribuiría huevos cocidos – autografiados con su huella dactilar – entre los asistentes, invitando a éstos a devorar las obras (dicha perfomance sería objeto de acervadas críticas por parte de cierto sector del público, al no acompañar los huevos con un poco de mayonesa).

4.- Firmó a personas vivientes (llegando a dar certificados de autenticidad) como si de esculturas vivientes se tratara; incluso llegó a nombrar una lista de personas a las que calificaría como “obras de arte”, Umberto Eco entre ellas – se desconoce si Bud Spencer y Terence Hill formarían parte de dicha relación.

Pero sería en 1.961 cuando Piero Manzoni daría definitivamente la campanada: elaboraría una serie de 90 latas de metal de 5 cm. de alto y un diámetro de 6,5 cm., en la que el autor introduciría… 30 gramos de sus propias heces. La colección recibiría el críptico nombre de “Merda d’artista” (“mierda de artista”, para los que desconozcan el idioma itálico). Esto es: con la crítica conceptual como excusa, Manzoni haría de vientre, metería la mierda seca autoelaborada, y la presentaría como obra de arte. ¿Ven ahora la relación con Telecinco?

Belén Esteban, Ana Rosa Quinteinhor, “La noria”, Jaime Peñafiel, Pepa Jiménez, “Gran Hermano”, el amarillismo de los telediarios de Pedro Piqueras,… Todo ello forma parte de la idea que Paolo Vasile, compatriota del defecartista Manzoni, tiene del arte televisivo. Por ello, no tengo argumentos jurídicos suficientes (ni ganas, para qué les voy a engañar) para contrarrestar el contenido de la Sentencia: lo que emite Telecinco es arte; un arte que quizás no nos convenza, de acuerdo; incluso, puede apestar… Pero arte al fin y al cabo. ¿Y quiénes somos nosotros, simples seres racionales con una inteligencia superior a la media, para decidir qué es lo que es bueno o mera mierda? Debemos poner todo nuestro empeño en que el trabajo intelectual, fruto de muchas horas de esfuerzo, se conserve intacto y puro, y no pueda ser “fusilado” por otros que, para su desgracia, tienen demasiada inteligencia y talento.

Dos reflexiones para el final: Manzoni, fallecido a los 33 años (la edad de Cristo,… ¿coincidencia?) de un ataque al corazón (por el esfuerzo de elaborar sus obras, supongo), no vería cómo uno de los objetos de su serie “artist’s shit”, con 30 gramos de sí mismo en su interior, fue subastada en la casa Sotheby´s por la ridícula cantidad de 124.000,00 € – esto es, 4.133 euros por gramo de simple caca (qué buena compra para el afortunado adquirente!!). ¿Ven cómo un millón de moscas no puede estar equivocado?

Y dos: recientemente ha surgido una polémica en relación al verdadero contenido de las latas mierderas de Manzoni, las cuales – según declaraciones de Agostino Bolanumi (tambien conocido como Doménico Modugno) – simplemente contendrían un poco de yeso. Lo curioso del asunto es que NADIE ha abierto ninguna de las latas para comprobarlo realmente. Y es que gastarse más de 20 millones de las antiguas pesetas en mierda conceptual para que luego te den yeso sería una tomadura de pelo… ¿O no?  

¡Y aún dicen que el pescado es caro!

Mientras reflexionan sobre todo lo anterior, les dejo con uno de los nuevos GRANDES PENSADORES DE LA HISTORIA, Don Miquel Noguera. Disfrútenlo.

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