“La sucesión sucesiva de sucesos sucede sucesivamente con la sucesión de tiempo. ¿Es eso un sinsentido? Sin saberlo, sentenciar someros sintagmas sólo significa sufrir sífilis sexual en las sienes” (Extracto del manual pedagógico “Mejore su dicción… ahora!”, publicado por la Asociación sin ánimo de lucro cesante “El ceceo”; Ed. Eduarnorton, 2.004) .

Coincidencias de domingo por la mañana: al acercarme al blog de mi estimado Escrito por, me he topado con el post “Videos secretos de Sarah Palin y Katie Holmes”  (no se pierdan el video de SNL, no tiene desperdicios); y, por otro lado, ayer revisioné “Batman Begins”, de Chris Nolan, donde la pomulenta (o pomulosa; no sé muy bien cómo se define a una persona que tiene los pómulos como el culo de Jennifer López) esposa de Tom “Profident” Cruise interpreta a la amiga de la infancia del protagonista, convertida hecha una mujer, en fiscal del Distrito. Esta brutal coincidencia hace plantearme que mi vida es un carrusel desenfrenado de experiencias al límite, un non-stopping de sensaciones extasiantes sobrellevadas con mi habitual capacidad de adaptación al medio. En fin…

El caso es que debo ser una de las pocas personas de la blogosfera que aún no ha visto “El caballero oscuro” (no por ganas, que conste, sino por los ya comentados problemas de desplazamiento, público adyacente, doblaje insufrible y orden de alejamiento de cualquier núcleo urbano), lo que no me impide, no obstante, en calificarla como la mejor película de todos los tiempos – para sorprendidos por tal afirmación, vea el Punto 1 del Pentálogo gromiano, ahí a su diestra -. Dado que yo también deseo formar parte de esa gran familia que son los bat-críticos, me limitaré a epatarles con un magistral repaso a la más mejor interpretación que del Detective se haya realizado jamás: la creada por el actor Lewis Wilson.

Antes de nada: para aquéllos de Vds. que hayan estado viviendo en medio de la selva amazónica los últimos 80 años, explicarles que “Batman” es un superheroe creado el siglo pasado (concretamente, en 1.939) por el dibujante, de cinematográfico nombre, Bob Kane, para la editorial “DC Comics” – una curiosidad: “DC” son las siglas de “Detective Comics”, por lo que ahora la editorial se llamaría “Detective Comics Comics”, no vaya a ser que no quede claro que se dedican al noveno arte -. La historia no puede ser más sencilla: Bruce Wayne, hijo de los hiperforrados Thomas y Martha Wayne, ve cómo sus padres son asesinados por un delincuente de poca monta (un tal Joe Chill, el creador del “chill-out”… ejem, bueno, olviden esto) a la salida de una sesión de cine. A partir de ese momento, el joven Bruce, con la ayuda de su fiel mayordomo Alfred Pennysworth (en español, Alfredo Valordepene, en serio), decide someterse a un severo entrenamiento en artes detectivescas, artes marciales y artes camuflatorias; todo ello con el objeto de llevar la paz y seguridad a la ciudad de Gotham City, lugar donde sus fenecidos padres fenecieron. Sin embargo, y buscando en convertirse en el símbolo que pueda aterrorizar a los más que supersticiosos criminales de la podrida urbe, Bruce decide convertirse en “Batman”, sirviéndole de inspiración un murciélago que entra por la ventana de su lujosa mansión (¿Se imaginan que, en vez de una rata con alas, entrara por la ventana una cigüeña?). Posteriormente, se le unirá en su lucha contra el crimen un joven acróbata cuyos padres han corrido la misma suerte – lo que dice muy poco de la seguridad callejera de Gotham -, que adoptará los rasgos y las mallas ajustadas de Robin, el Chico Maravillaaarr, formando el conocido como “Dúo Dinámico” – lo que dice muy mucho de los gustos sexuales de nuestro heroe -.  La moraleja de toda la historia es clara: no hay que ir al cine.

1.943, o cómo ayudar al ejército desde todos los frentes.

Alfred Pennyworth: ¿A cuántos he matado?

Bruce Wayne: A siete.

Alfred Pennyworth: Pero si sólo había cuatro rufianes.

Dick Grayson: Es que a tres de ellos los mataste dos veces.”

No, no son los Hermanos Marx; el diálogo transcrito pertenece a la serie de películas que la Columbia decidió realizar con el Detective Murciélago en 1.943, a fin de dejar bastante clarito a la audiencia (y eso que los americanos no son en absoluto influenciables) quien era el verdadero enemigo en una contienda que los E.U.A. (a.k.a. E.E.U.U.; a.k.a. U.S.A.; k.a.k.a.) estaban librando allende los mares, y que luego sería conocida como “Segunda Guerra Mundial”.

La trama (por llamarla de alguna manera): Batman y Robin, agentes del F.B.I. (?), deben luchar contra el Príncipe Daka – verdadera personalidad del Dr. Tito (??) Daka -, genio del mal y experto en sabotajes varios, quien tiene un rayo mortal que destruye paredes (???), alimenta con sus enemigos a sus simpáticas mascotas cocodrilianas (????) y puede convertir al personal que le apetezca en zombies eléctricos para que le transmitan señales de video a su laboratorio (no me llegan los interrogantes). Su objetivo es conseguir que la comunidad científica le “ayude” a elaborar una super arma atómica que le permita la dominación del mundo… que, bueno, yo siempre me he preguntado: una vez contruída la super arma ésa, ¿qué coño de mundo va uno a conquistar si explota por un accidente laboral? ¿Y se lo cubriría el seguro?  

Esta serie de películas (quince en total, empezando con “El cerebro eléctrico” y terminando en “El templo del Sol naciente”, pasando por “Una trampa nipona”) tenían siempre la misma estructura: tras golpes y mamporros varios, y un diálogo que haría las delicias de un pastillero, Batman y Robin acababan en el cliffhanger de turno, a punto de ser defenestrados por diferentes medios (una sierra, un tren, una aguja de calcetar gigante,…). Y en esa situación extrema, se acababa el episodio, obligándote a ver el siguiente capítulo en el que, tras golpes y mamporros varios, y un diálogo que haría las delicias de un concursante de Gran Hermano, Batman y Robin acababan a punto de ser defenestrados por diferentes medios (una sierra, un tren, un somier con ácaros,…).

Dos son los principales aspectos a resaltar en los seriales del Dúo Dinámico: su xenofobia evidente y su falta absoluta de medios (que era compensada con una mediocridad total). De un lado, los guiones, más allá de la trama principal – recuerden: los malos son “los japos”, como los llama Linda Peich, la novieta de Batman en estos flimes -, los diálogos hacen gala de un racismo comparable al de Jean-Marie Le Pen (en español, “Juan María La Polla”… que sí, hombre). Por otro, el ínfimo presupuesto “obligó” a que Batman y Robin se desplazaran en el mismo Cadillac negro en que iban a comprar una barra de bat-pan, el bat-periódico o un bat-ido de moras… -bueno, ya van dos… – yendo el propio mayordomo Alfred de chófer! Pero quizás lo más hilarante sin querer serlo es que tanto Bruce Wayne como Dick Grayson adoptaban sus identidades secretas… cambiándose en el coche!! Cuantos ciudadanos de Gotham podrían decirle a sus hijos: “Timmy, yo le he visto el culo a Batman, nuestro heróico vigilante… Sin embargo, qué extraño, el de Robin no lo he visto nunca”.

Una curiosidad: si bien ninguno de los archiconocidos enemigos de Batman (el Joker, Dos Caras, el Pinguino, Catwoman, las Supremas de Móstoles…) aparecieron en los seriales pese a ser habituales en el comic, la serie de películas introdujo el concepto de la “Bat-cueva”, inexistente hasta que fue creada. A partir de su aparición en el serial, sería incorporada a la colección dibujada, y decorada con figuritas de Lladró y una figurita del toro de Osborne.

¿Y qué se puede decir de la interpretación de Lewis Wilson? Pues que es la típica actuación de alguien que va vestido con un skijama azúl, con los calzoncillos por fuera; una mascara de cartoné, con unas orejas de murciélago que, además de parecer unos cuernos, son asimétricas y para colmo una de ellas se ladea (dando la imagen de un setter irlandés tristón); una capa robada a los integrantes de la tuna, el murciélago en el pecho, más que cosido, parece vomitado… En serio, ¿cómo pretenden que este tipo logre un trabajo minimamente decente? Bastante hace con no echarse a llorar en cada una de las escenas. Además, su físico no es lo que se dice atlético, más bien es fondoncillo y lechón. En resumidas cuentas, un puñetero desastre. Compruébenlo Vds. mismos:

La madre que los parió.

Recordándoles que, no obstante todo lo anterior, los seriales de 1.943 de las aventuras de Batman y Robin es una pieza que no debe faltar en su dvdteca (y que pueden adquirir en amazon, por ejemplo, por 14,99 $, y una portada que es fiel reflejo de lo que se van a encontrar en cada uno de los diferentes episodios), les dejo, en esta ocasión, con una REFLEXIÓN TIPICAMENTE GROMIANA:

Prefiero morir de pie que morir sentado, ya ves tú…

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