“Y Grom el Único, genial galante, gigantesco gracioso, grandioso geranio, tras cumplir con los rituales sagrados (sacrificar un cordero, beber su sangre, despellejarlo y hacerse con la lana un fouton), entró en la Sagrada Caverna del Sintempo, donde permanecería encerrado, sin más compañía que su espada “La Ponderosa” y Aurelius, un acomodador del Estadio de fútbol de la Condomina. Dicho encierro duraría treinta días con sus noches correspondientes; Al cabo de la séptima luna, el Consejo de Sabios de la Tierra Inífuga decidiría quien de los dos debería abandonar dicho refugio y ser devorado por Klamfter, la Bestia con Pelos en las Piernas. Y la primera noche Grom el Único y Aurelius ya discutieron por quien tenía que hacer los baños”.

Por razones que a día de hoy se desconocen, el noruego Finn E. Kydland, premio Nobel de Economía 2.004, dió una conferencia titulada “Macroeconomía: factores de riesgo y la curva de Kessel en menos de 12 parasegundos”, durante la celebración del “Toro de la Vega” en la vallisoletana ciudad de Tordesillas. Durante dicha clase magistral, y media hora antes de que los asistentes, ebrios de gozo festivo y tinto de tetrabrick, se esparcieran convirtiendo al pobre animal en un colador a base de lanzadas, Kydland pronunció la siguiente frase: “Eg kjem frå Noreg;  Kva heiter han? Und dette er ein hest: Regnbågen har många färger”. Las autoridades y fuerzas vivas, los lugareños presentes, los turistas venidos de todos los lugares del mundo guardaron un sincero y reflexivo silencio; incluso la banda municipal dejó de tocar instantaneamente “Paquito el chocolatero”. Acto seguido, agarraron al pobre y desconcertado Kydland y, de una certera lanzada, le provocaron un desgarro anal tal que un dentista podría colocarle un empaste por la espalda.

Y se preguntarán Vds., confusos y aún sobrecogidos por la brutal anécdota,: ¿cuál es la moraleja final de todo esto? La respuesta es sencilla, así que dejo que la adivinen Vds.

Me refería días atrás a la podredumbre estética que asola las pervertidas mentes de nuestra juventud (el porqué asocio la búsqueda de fotos del pechugamen de Carmen Porter con los menores de 25 años también es evidente, así que ya saben: a estrujarse el magín). Mi llamada a la reflexión, no obstante, ya ha obtenido una serie de frutos: la dirección del Centro escolar “Mace Windu”, en Burgos, ha prohibido terminantemente a los alumnos que vean “Cuarto Milenio” so pena de expulsión del centro durante una semana o castración química, lo que salga en la ruleta. Y la asociación de madres y padres (H.A.M.P.A.) de dicho colegio ha contactado con la citada celebridad mediática para invitarla a impartir unas charlas sobre el satanismo en las residencias de la tercera edad; en realidad, es una excusa para, en un momento de descuido, dejarla sin sentido (como si a la pobre Carmen aún le quedara algo) y quemarla en el patio del colegio, justo después del partido de futbito contra los Salesianos. Fuentes cercanas al centro han comenzado a expulsar sangre.

Bien, pues una vez que esta nuestra sociedad comenzaba a adoptar el camino recto, la senda correcta para su definitivo despegue, llega el amigo americano y nos echa por tierra todas nuestras esperanzas. Por lo visto, la entidad bancaria Lehman Brothers (nombre que recuerda más a un dúo country de los que llevan chorreras hasta en las axilas) y la aseguradora A.I.G. (G.I.A., en español) han quebrado de manera estrepitosa y repentina, llevándose cual elefante empastillado en una cacharrería al Down Jones, al Ibex, al FTSE, al CAC y al Nikei por delante – para aquellos de Vds. que sepan de economía mundial lo que Sonia Monroy de literatura, aclararles que los citados perjudicados son índices bursatiles; o dicho de otro modo, dedos de la mano, con tres falanges, situados a continuación del pulgar encargados de sujetar la bolsa del Carrefour.

Algunos agoreros califican esta situación de crisis económica mundial, similar a la producida en los años 1.929 (“el crack del 29), 1.973 (“el crack del 73”) y 1.981 (“El crack”, dirigida por el rey del cine de acción Jose Luis Garcí). Y yo me pregunto: ¿por qué determinados acontecimientos (el crack económico, el big – bang, el boum inmobiliario…) se expresan con onomatopeyas? ¿Deberíamos empezar a referirnos a la guerra civil española como el “patapumba” del 36? ¿Y qué piensa hacer al respecto el cine español?

Por todo ello, y ante la más que posible baja en masa de ADSL’s varios que les impidan acceder a este su blog – y, consecuentemente, dejar de alimentar mi hambriento ego -, les propongo una salida digna y acorde con los tiempos a fin de que puedan seguir manteniendo el nivel de vida de un jeque arabe trabajando al ritmo de un miembro de la Casa Real: el futuro, queridos lectores, está en los reallity shows.

Piensen un momento (tranquilos, no hagan caso de lo que han oído por ahí: pensar no duele): en nuestro país y en el corto tiempo que llevamos de canales privados se han emitido:

Nueve ediciones de “Gran Hermano” (y la décima en camino); tres de “La casa de tu vida”; siete ediciones de “Tú sí que vales” (sólo puedo decir: la puta madre que los parió); dos de “La granja de los famosos” (donde era difícil distinguir a los animales) y de “Supermodelo” (donde era díficil distinguir a los seres racionales); siete de “Operación Triunfo”;…

Y eso por no hablar de aquellas joyas catódicas que una audiencia vulgar y sin miras obligó a caer en el ostracismo televisivo más profundo. ¿Quién no se maravilló con la sabiduría del grupo de los guapos en “Nadie es perfecto”, presentado por Jesús Vázquez (cómo no! Si a este tío no le dejan presentar el Telediario porque ya tienen a otro sex-symbol como Pedro Piqueras)? ¿O disfrutó con las andanzas de los integrantes de “El Bus”, en Antena Trois? ¿Quién no querría estar encerrado e incomunicado, compartiendo mesa con gente como la Santera Miguelina, Astaroth, el Profesor Mercury, el Conde Luconi, la Pitonisa Lola,…? (pero si, más que “El Castillo de las Mentes Prodigiosas”, aquello parecía el Cluedo!!) “Pop-star”, “Tienes talento”, “Fama, a bailar” y su spin-off “Fama School”, “Esta cocina es un infierno”,…

Por otro lado, y además de ingentes cantidades de dinero gratis, los concursantes podrían ejercer de “Supervivientes” en la “Selva de los Famosos”, en la “Isla de los Famosos”, en el “Bidé de los Famosos” (bueno, sí, éste último me lo he inventado… pero verle los testículos a Jaime Ostos sería fascinante, ¿no creen?).

Dinero fácil para momentos difíciles por mínimo esfuerzo. Así que ya saben: haganse una trepanación de cerebro, tomen vieiras en mal estado, lean toda la bibliografía de César Vidal… lo que sea para conseguir que sus neuronas alcancen el número de espectadores de una película de arte y ensayo polaca en un cine de pueblo. Rebajado su cociente intelectual a la mínima expresión – les recomiendo que conserven las neuronas suficientes para poder emitir sonidos medianamente inteligibles y no hacerse de vientre delante de las cámaras – y haciendo de la necesidad una virtud, les animo a que muestren su mejor sonrisa, despidan cualquier tipo de complejo y se conviertan en un nuevo integrante más de la gran familia reallity. Puede que piensen que están perdiendo su dignidad, que se rebajan a que media España (la otra está viendo fútbol) tenga la impresión de que se venden por cuatro duros, pero no se preocupen porque, en lo más hondo de nuestro corazón televidente, sabemos lo que reallitymente – si me permiten el juego de palabras – son Vds. al compartir con nosotros un trocito de su intimidad: simple puta escoria. 

Deseando haberles abierto una nueva puerta a un futuro más venturoso, me despido con una nueva ENCUESTA IMPOSIBLE GROMIANA:

El concurso “Estudio de Actores”, de Antena 3, ¿existió realmente?

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