Recibo con cierto estupor un correo electrónico de Steven Spielberg, en el que, además de reproducirme la receta del salmorejo cordobés, me comenta indignado el contenido del post “CD-Rom, CD-Rom, CD-Rom, me he comprado un CD-Roooom (y tres eran tres las hijas de Elena)“; entre otras lindezas, y cito textualmente, afirma que “t has pasao 3 pueblos kn lo de kritikar a los dl cine spañol; algunos ns preocupams de hazer un trabjo decnte, y no ns tirams yorando todo el rato. Ad+, yo no he tomao drogas en mi puta vida, ke soi judio”.

 Obviamente, rectificar es de sabios (pero cuando lo presentaba Julia Otero, no la etapa de Isabel Gemido, que conste), si bien tengo que puntualizar lo siguiente:

Primero.- Que, querido Sr. Spielberg, si bien de todos es conocido que Vd. nació en la localidad de A Cañiza (Pontevedra; Galicia), no me refería a Vd. con lo de “miembros de la industria cinematográfica española”;

Segundo.- Que quizás haya cometido el imperdonable error de dar por sentado aquello de que “quien se pica, tiene la sarna”. Está claro que no todos los cineastas, actores, productores, guionistas de este país… y demás integrantes de esa gran familia Monster que es el cine español son unos quejicas sin talento que pretenden sustentarse gracias al público español pero no en forma de venta de entradas sino a través de sus impuestos con forma de subvención; ahí tenemos los ejemplos de Nacho Vigalondo y sus “Cronocrímenes”, Alex de la Iglesia, el “Casual day” de Max Lemke, Borja Cobeaga, Gonzalo López – Gallego, “El rey de la montaña” (es el título de su película, no es que el amigo Gonzalo haya ganado la etapa ciclista del Tourmalet) … gente que lucha contra viento, marea y mal gusto para sacar adelante sus obras. Mis cáusticas críticas se dirigen a aquel sector de la industria flimica que considera que su trabajo tiene más relevancia social que la del panadero de barrio – al que, por cierto, las ayudas estatales le son “ligeramente” esquivas -.  Mi odio visceral se encamina a collejear a los “creadores” con comillas (tal y como ha leído Vd.) que consideran que su falta de inteligencia y agudeza deba ser sponsorizada por los demás, sin ´más motivo que el “hay que apoyar la cultura”. Y no sigo que me caliento y se estropea la mayonesa…

Tercero.- En el cine español se da el más claro ejemplo de distinciones sociales: desde luego no todos los artistas son iguales.

Por último, y ya que estamos con las rectificaciones, señalar que en el post “Biografías Gromianas III”, cuando pone “es una época que el filósofo ingles Bertrand Russell definiría como “el triunfalismo de la bestia sobre la razón, pero de una bestia con los ojos llenos de ladillas”, debería poner “es una época que el filósofo ingles Bertrand Russell definiría como “el triunfalismo de la bestia sobre la razón, pero de una bestia con los ojos llenos de piojos”.

Dicho queda.

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