“De entre los númerosos miembros de la realeza warfalhdiana, quizás el personaje más llamativo sea la Princesa Leonora Palmira Eudivigis Cuca Samantha Brickmann Bush, conocida también como “La Choches” o “la pequeña de los Sánchez Padilla”. Esta regia muchacha se caracterizaba por tener una personalidad jovial y risueña, amiga de las chanzas y los chascarrillos, y con una carencia por el alcohol que superaba a la de un marinero deprimido. No obstante, su estado de ánimo, cual veleta movida por los aires de lo inconsistente, se tornaba en ocasiones en lóbrego y apesadumbrado, como recoge Floriam Baptiste, uno de los crónistas sociales de la época: “(…) su estado de ánimo, cual veleta movida por los aires de lo inconsistente, se tornaba en ocasiones en lóbrego y apesadumbrado”. Dichos cambios de humor motivaron el que la “princesita de los cojones” – como se refería a ella el papa Putrencio XII – obligara a su sometido padre a decisiones cuando menos ligeramente absurdas. Un día, por ejemplo, suplicó al monarca el que, ante la tentación de los súbditos masculinos del reino de querer ver su noble cuerpo en las mismas condiciones en que su madre la Excelsa Reina le trajo al mundo (eso es, cubierto de sangre y con cordón umbilical), recibieran aquéllos diez latigazos con un fusta de siete colas. Esto provocó el enojo de los ciudadanos con discapacidad visual exagerada, así como el de los ciegos del reino. Por otro lado, varios movimientos populares se levantaron contra tal medida, como la “Asociación de Lesbianas Con Ganas De Marcha Bullanguera” (por su más que evidente discriminación) o el “Colectivo de Personas Que Hacen Ruiditos Raros Al Ver A Otras Ensangrentadas Y Con Cordón Umbilical”; uno y otro fueron desterrados a Marbella. (“Te lo juro, tía, fue así!: el reinado de Pepón VIII”, Marcus Haagen-Dasz; Ed. Ojo Púbico; 1.991).

Cuando ya son millones los que corean mi nombre a lo largo de la Red de Redes por haberles abierto los ojos ante el problema fundamental de la “piratería internauta”…; cuando Jefes de Estado y líderes mundiales varios se arrodillan ante mí, rogándome con lágrimas oculares detenga mi derroche de sabiduría (pues tanto conocimiento les está provocando unas migrañas estomacales de narices)…; cuando hasta he recibido la inesperada visita de Dios, Buda y Jesulín de Ubrique para agradecerme su renovada confianza en el género humano… decido culminar, con la humildad de la que siempre hago gala de “Murcia, qué hermosa eres”, mi diserción sobre el intercambio p2periano y sus consecuecias con un  golpe definitivo, maestro y, porqué no decirlo, mapache.

 

Punto 3: “La piratería está acabando con la industria cinematográfica española, siendo el canón digital la única solución”

Síntesis de la argumentación: Bueno, leyendo el punto tres creo que está claro, ¿no?

Refutación:  Para empezar, y para aquéllos que hayan estado viviendo en una burbuja a lo John Travolta los últimos tres años, daré un explicación breve, concisa y, por supuesto, sesgada y parcial de lo que es el “canon digital”.

El canon de marras es una tasa con la que se pretende recaudar el pago de la compensación equitativa por copia privada, de la que hablaba en el post anterior.  En otras palabras: Vd., incauto consumidor, ante la más que posible posibilidad (la redundancia es mía) de que realice una copia privada de sus propiedades audiovisuales para su uso personal y sin fines lucrativos ni colectivos, se ve obligado a abonar un pequeño estipendio con que compensar al pobrecito creador de la obra “fusilada” (sí, sí, las comillas también son mías; ¿no se da cuenta que soy yo quien está escribiendo esto?), dada la exorbitante cantidad de vil metal que va a perder con su reprobable actitud – la de Vd. consumidor, no la del creador.

Ahora bien: resulta gracioso que, si uno sigue leyendo el artículo 25 de la Ley de propiedad intelectual, donde se recoge la compensación equina (pues sólo se le podría haber ocurrido a un caballo esta idea) por la copia privada, se descubre que el acreedor de dicha tasa – oséase, quien debe aflojar la guita – no es el adquirente de los aparatos, sino “los fabricantes” así como “los distribuidores, mayoristas y minoristas”, quienes de manera solidaria – referida a que pagan de manera conjunta, no es que se pongan a adoptar niños nepalíes – deberán abonar el canon a los acreedores del mismo (autores de las obras explotadas; en ocasiones, deberían ser los autores quienes hicieran explosión, pero ése es otro tema…).

Resumiendo, que es geranio: los fabricantes de una grabadora de DVD (sin marcas, que estamos en la tele y es publicidad gratuíta), como Sony, por ejemplo, tienen a bien aumentar el precio de dicho producto para repercutirle a Vd. el abono de una tasa que no le corresponde pagar. Porque, ¿a qué a Vd. ni se le había pasado por el magín hacerse una copia privada de la segunda temporada de “Ana y los siete”? ¿Qué hay de la presunción de inocencia? Es más, ¿por qué tiene Vd. la segunda temporada de “Ana y los siete”

Por tanto, además de cargarle a Vd. el muerto, los poderes fácticos están dando por sentado que, nada más llegar a casa con su nuevo dvd-grabador se va a poner cual orate desatado a hacerle copias a toda su numerosa familia de su extensa dvdteca – compuesta por la citada segunda temporada de “Ana y los siete” y la película “Las autonosuyas” que adquirió con la compra del diario “La Razón” -.

Y, otra cuestión,: ¿y si Vd. lo que pretende es realizar copias privadas de una película porno-amateur que realizó con su cónyuge, titulada “Mi cariñito… qué ganas de potar!”? ¿Qué ocurre si su única pretensión es trasmitirle a generaciones futuras así como a su amigo Paco el del Bar una muestra de su peculiar a la par que deprimente vida sexual? Vd. no es creador/a, salta a la vista, y mucho me temo que no esté apuntado/a a la SGAE, ¿debe por ello acabar pagando una tasa que no le corresponde por unos derechos que unica y exclusivamente son suyos? Más allá de que, teniendo en cuenta a que se dedica en sus ratos libres, habría que quitarle sus derechos – sobre todo, el de sufragio -, la respuesta es un simple y contundente NO.

Esperen un momento, huelo… huelo a azufre… Ejem, bien, sigamos esta disertación hablando de las famosas entidades de gestión de derechos y, entre ellas, la más conocida: LA S.G.A.E.

Y Vds. se preguntarán: ¿Qué es la SGAE? Pues son las siglas de Sociedad General de Autores y Editores: un grupo de gente que, de manera desinteresada, y con un fuerte compromiso con el apoyo a la cultura y sus creadores, se encargan – seguramente, perdiendo tiempo y dinero – de recaudar los derechos de autor así como lo generado por el citado canon a fin de repartirlo entre sus diferentes miembros y miembras. Por supuesto, la absoluta totalidad de los artistas de este país están afiliados a dicha Entidad, de manera que cada uno de ellos percibe al mes una cantidad lo suficientemente respetable como para poder vivir de manera digna y decente, sin tener que trabajar en otros sectores que no sean los de la creación.

Obviamente, tan filantrópico ente ha recibido diferentes críticas sin ningún tipo de fundamento: que si no existe control sobre el reparto de royalties, beneficiándose a los “artistas” de las compañías y productoras más importantes, en detrimento de los jovenes creadores sin respaldo de la gran industria; que si cobradores de la SGAE han amenazado con llamar a la policía si el dueño del bar de turno se niega a abonar los derechos por un concierto en vivo de algún artista no afiliado a la mencionada Sociedad de Gestión; que si se ha pretendido la recaudación sobre creaciones de artistas acogidos al sistema del “Copyleft”

Vulgares patrañas, falacias con ganas de hacer daño, mentiras, sexo y cintas de video (por cierto, por estas últimas no olviden abonar el canon correspondiente). 

A la vista de los tres párrafos anteriores (escritos sin que en ningún momento, y sin que una extraña explosión de humo se haya producido a mi espalda, un directivo de la SGAE me haya estado amenazando con sus tridentes “David Bisbal – marca registrada”), me propongo facilitarles a los integrantes de la mermada pero querida industria cinematográfica española una serie de consejos para poder ganar el dinero suficiente con que costearse las drogas que consumen de manera habitual (pero que, según sus propias palabras, pueden abandonar en cualquier momento, cuidado):

Consejo nº 1: Dedíquense a algo más productivo; no sé… a trabajar, por ejemplo. El ser humano tiene un límite respecto a la perdida de agua de su cuerpo, y al paso de los litros de lágrimas que van soltando por las esquinas, les auguro un futuro parecido al de la mojama leonesa.

Consejo nº 2: Recuerden que las películas que crean, producen, dirigen, interpretan… deben ser consumidas por un público potencial. A ver, no discuto que las historias de un grupo de jovenes urbanitas rondando la treintena con problemas de pareja y/o realización personal podrían hacer las delicias de cualquier dragón de Komodo; pero me temo que los dragones de Komodo no van mucho al cine, además de ser los reyes en descargas ilegales. Quizás, digo yo, si volcaran sus esfuerzos en situar alguna película (no digo todas) en algún período histórico diferente al comprendido entre 1.936 – 1.970, el público se sentiría identificado y acudiría en masa al cine; y no iría al cine a ver la masa. Perderían Vds. amigos, eso es cierto (¿de qué hablarían en las fiestas de rodaje?), pero ganarían más dinero. Piensen que ver “Clandestinos”, de Antonio Hens Córdoba, y comer palomitas son dos conceptos incompatibles.

Consejo nº 3: Dedíquense a algo más productivo; no sé… a trabajar, por ejemplo.

Consejo nº 4: No ataquen las nuevas teconologías, utilizándolas como excusa de su fracaso. Líbreme el cielo de afirmar que el 85% de las películas españolas son una puta braga, en la que un grupete de colegas se comen la polla los unos a los otros, intentando demostrar lo genios que son, lo profundos que pueden llegar a ser, mientras que sus obras sólo sirven para rellenar el hueco que sigue al último trailer de Pixar… Bien sabe Dios que ésa no es mi opinión. Pero, dicho sea sin ánimo de ofensa y con la exclusiva voluntad de asesorarles desde mi humilde opinión, deberían preguntarse, así sin pensar mucho (que ya sé que no están acostumbrados), cómo es posible que una de las películas españolas más decargadas en los programas P2P , “El Orfanato”, de J.A. Bayona, recaudara en el año 2.007 la cantidad de 24.317.951,81 € (por encima de “Piratas del Caribe 3”, “Shrek 3” o “Spiderman 3”, es decir, por encima de nueve películas norteamericanas). O que el cine español haya doblado su recaudación en el primer semestre del 2008 con respecto al mismo periodo del año pasado… Ah, ¿que es gracias a sólo dos películas (la segunda de Mortadelo y Filemón, y la de “Los crímenes de Oxford”)? Pues vaya…

Consejo nº 5: Intenten buscar nuevas vías, como el copyleft, o cesión de derechos de manera gratuíta, de modo que sus trabajos sean más vistos por más y más gente; que a su vez le perderá miedo a ver unos títulos de crédito que finalicen con “Dirigido por…”, en vez de “Directed by…”; que a su vez pasará por taquilla para ver sus trabajos como Dios manda; que a su vez fortalecerá la industria, quien se arriesgará a producir trabajos más “diferentes”; que a su vez… 

Consejo nº 6 (y último): Dedíquense a algo más productivo; no sé… a trabajar, por ejemplo.

Ha quedado claro, ¿no? Pues eso.

Me despido con una nueva entrega de la Sección que maravilla a jovenes, viejos y personas con alopecia cerebral: las ENCUESTAS IMPOSIBLES GROMIANAS. Hoy:

¿Cree ciertas las afirmaciones de que el ejercito estadounidense obliga a ver a los prisioneros de Guantánamo la película “Rivales”, de Fernando Colomo?

Anuncios