“No se puede afirmar sin más que el sistema legal warrfalhdiano sea – en palabras del jurista Usufructo Viudete – “una gilipollez bovina”. Los conceptos “delito” o “acto de responsabilidad criminal” son a día de hoy el resultado de años y años de reflexión y puesta en práctica: concretamente, por parte de la Comisión de Sabios del Alto Tribunal de Cosas Feas e Irreprochables que, durante el mes de Marzo, se reúnen para definir cuál es la doctrina jurisprudencial que debe seguir dicho órgano jurásico en la aplicación de las leyes. Son numerosas las asociaciones legalistas que achacan a la mencionada comisión cierta falta de seriedad (los miembros del comité se reunen, vestidos de lagarterana, en un lupanar donde el alcohol y la cocaína corren a lo Usain Bolt), si bien nunca se les ha podido achacar nada, curiosamente siempre por falta de pruebas. En la última asamblea, la comisión ha decidido que atarse los cordones de unas zapatillas de deportes sin canturrear algún tema de Lola Flores será castigado con la pena, penita, pena”. (“De cómo se prepara el arroz con calamares en el derecho comparado”; Rita Risotto; Revista Legislalitas; 2.008).

Malos tiempos para la lírica, decían los integrantes del conjunto Impactos por debajo de la cintura”; y para el cine, la literatura, el macramé… Ultimamente, y a raíz de un artículo de Daniel Sánchez Arevalo (cromático director de “AzulOscuroCasiNegro”), la blogosfera anda más revuelta que una indígena en Chiapas: el sensible cineasta tiene a bien llamar “gilipollas, ladrones, paletos e incultos” – sin ánimo de ofender, por supuesto – al pueblo español por permitir la proliferación del top-manta, la piratería y el desenfreno p2periano. Obviamente, y como en cualquier asunto, cada uno ha sacado su propio culo (léase “razones”) para defender una u otra postura, desde aquéllos que piensan que el intercambio internáutico de películas y obras varias hace que el sector patrio vaya de culo (léase “a la ruina”), hasta los que, cariñosamente, mandan al mentado flimmaker a tomar por culo (léase “culo”).

Ante tanto desvarío mental, y vistas y leídas las argumentaciones de uno y otro bando, el Presidente del Gobierno me ha remitido un imeil en el que, cito textualmente,:

“(…) con un mejor resultado en el análisis financiero, Rubalcaba no le hubiera quitado a Moratinos el bocadillo de Nocilla; de ahí que, si tuviera Vd. a bien, y en base a su amplia base tanto jurídica como química, le ruego en mi nombre y en el de Su Majestad el Rey, finalice esta absurda polémica, porque ya no puedo más y sólo tengo ganas de llorar sin motivo.” 

Ante tal sincera súplica, sólo me queda actuar como el buen ciudadano que soy (lejos quedan mis años de privación de libertad por haber asesinado a veintiocho monjas zombie), y finiquitar de manera absoluta los rifirrafes existentes en torno a esta infantil controversia. No lo pienso repetir más de una vez, así que, escuchen la primera de las entregas de mis doctos conocimientos:

Punto 1.- “La piratería está acabando con los cines en España”.

  Sintesis de la argumentación: se considera que el intercambio discriminado de archivos en la red (y cuando digo archivos, me refiero a películas, que hay que explicárselo todo) motiva la falta de asistencia del pueblo llano a las salas de exhibición. Por el contrario, el pueblo montañoso actúa de forma idéntica.

Refutación: Imaginemos que, en un momento de lucidez (escasos en mi caso, la verdad), decido embarcarme en la magna empresa de montar un Corte Inglés en medio de Las Alpujarras, única y exclusivamente para vender botellines de agua mineral caliente. Pero, injusticia flagrante, a escasos cientos de kilómetros de mi coqueto establecimiento, el Ayuntamiento de Roquetas del Mar (Almería) ha instalado impunemente en medio de la Plaza Mayor una fuente gratuíta (y recalco lo de gratuíta) donde todo el mundo, sin pago de merced alguna, puede nutrirse del líquido elemento. Obviamente, mi primera reacción es movilizar a mi ejército de ovejas mutantes para borrar de la faz de la tierra al Consistorio de Roquetas del Mar por su administrativa felonía, ya que, de no existir esa opción de balde (bueno, de balde, de copa, con la mano… cada uno que beba como quiera) el sediento personal acudiría en masa a mi emporio para saciar sus necesidades acuosas…

¡Y una mierda pinchada en un palo de Frigodedo! Dar por sentado que la posibilidad de conseguir algo de manera gratuíta tiene repercusión en la falta de ingresos de determinado negocio es tan aleatorio como decir que Mayra Gómez Kemp presentaba el “Un, dos, tres” porque Leopoldo Calvo Sotelo no daba bien en cámara (que no lo hacía, que conste): no existen datos fiables y contrastados que acrediten la relación entre el incremento de los p2p, descargas directas, webs que permiten visionar películas en tiempo real… y el descenso de ingresos en taquilla de las salas. Existen otros múltiples factores: la supuesta crisis-que-no-es-crisis económica, las condiciones físicas de las propias salas (he llegado a estar en cines que me transportaban a Kosovo durante la Guerra de los Balcanes), el visionado de las películas acompañado niños molestos – de los que ya hablé en tantas ocasiones -, palomiteros rumiantes, comentaristas amateurs,… Por no hablar del coste de las entradas; me parece realmente curioso que todas aquellas personas que defienden a capa y espada el argumentito de marras repitan entre balbuceos y llantinas que “la gente prefiere no pagar por aquello que le dan gratis”, lo que:

a) me parece lógico, digo yo;

b) puede ser relativamente aplicable a ciudades de cierta enjundia. Me explico: un censado madrileño puede disponer en su villa de salas en versión doblada, en versión original, con toda la cartelera al alcance de su cartera, sin tener que vender en el mercado negro parte de su anatomía para acceder a ciertos servicios de ocios… Ahora bien, un palafranero de Vds., que ahora se encuentra en la gaditana Algeciras y que (como también comenté anteriormente) debe desplazarse 5 kms. en autobús – con su correspondiente dispendio tanto económico como temporal – para ir al cine donde exhiben películas “con el mejor doblaje del mundo”, rodeado de hienas con forma de niño, ¿creen que cuenta con algún atractivo que le incite a pagar hasta doce euracos de vellón por ello? Pues va a ser que no.

Esto, evidentemente, no es culpa de los creadores de los trabajos (de ellos hablo en el siguiente punto), sino de unos señores por regla general muy acaudalados conocidos como “distribuidores y exhibidores” que miran por lo suyo, como no podía ser de otra manera, cuidado;pero que ante su ceguera empresarial no hacen más que patalear a grito de “joooooo, venid a mi cine, dadme vuestro dinero por ver películas comerciales dobladas que podreis visionar en hasta tres salas a un tiempo”. Mis queridos amigos montados en la riqueza: mi respuesta, surgida de lo más profundo de mi corazón, es la misma que le di a aquel vendedor de consoladores de esparto, y que no me atrevo a reproducir, no sea que en un momento dado me denuncie a mí mismo ante la SGAE.

Respecto a la bajada de los ingresos de taquilla, permítanme que lo dude (aunque si no me lo permiten, me la trae bastante floja, advierto). En estos momentos, “The dark night” “El caballero oscuro” para aquellos que desconozcan el idioma mandarín – es la cinta más fusilada por los internautas, en una calidad sólo aceptable para nutrias y seguidores Jorge Javier Vázquez- Pues bien: raro es el día que Don August Herold Meyer, siempre a la última en lo que a cuestiones de recaudación se refiere, no se escandalice por la acumulación monetaria que la última aventura batmaníaca se está llevando cruda: desde su estreno, y a lo largo y ancho de nuestra bola azúl, el perturbado coleguita de los murciélagos lleva amasada la exigua cantidad de 922.417.800 dólares USA; esto es: 105.933.777.100 de las antiguas pesetas.

Tomen aire. Vuelvan a leerlo. Ahora sigan.

Supongo que los de la Güarner Bros. estarán tirándose de los apéndices capilares, preveyendo la ruina hacia la que se encaminan de manera inexorable. Y eso, sin contar con la venta de emisión a las televisiones, DVD’s (en todas sus variables: simples, dobles, coleccionistas, con jamón y queso,…), reposiciones aniversario y mandangas varias…

Claro que existe parte de la industria que se las ve y se las desea para llegar a fin de mes; pero creerse a pies juntillas el axioma de “película que se descarga, espectador que no pasa por caja” es de una candidez supina, que así luego uno entiende muchas de las cosas que pasan en nuestra querida Hispania con determinados profesionales en el campo audiovisual (léase “culo”).

Mañana (o no), máx.

[Actualizado: Pinche AQUÍ para leer la segunda entrega de este apasionante ensayo completamente improvisado]

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