“Dentro del mundo del entretenimiento catódico, los Warrfalhd disfrutan con creces de las heces de los concursos y programas de pruebas idiotas; sin temor a equivocarme (no tengo miedo a nada desde que una llama andina me acosó sexualmente en los lavabos de la estación de tren de Calahorra City), se puede afirmar que el presentador más carismático, querido y, porqué no decirlo, con peor olor corporal es Edward Plimpton, quien lleva más de treinta y ocho años al frente del espacio “Tú trae tus huevos, nosotros te los escalfamos”, programa donde seis de los más reputados chefs del país cuestionan al concursante sobre temas de física cuántica hasta que no lo soporta más y se hace sus necesidades encima. Otro de los concursos estrella de la parrilla de marisco es “El desconocimiento no ocupa lugar”; la mecánica es bien sencilla: un grupo formado por cuatro concursantes se enfrenta a un grupo de ovejas hambrientas, en una competición por saber quien, en el espacio de cuarenta minutos, es capaz de resolver más preguntas o bien si son sus contricantes quienes comen más kilos de pienso animal. Señalar que en la última edición de “El desconocimiento…” volvió a ganar el equipo de los concursantes warrfalhdianos, pues las ovejas se atascaron con la pregunta de cuantos habitantes tiene la ciudad de Orlando Bloom” (Ramón of Switzerland, “El canal plus, las rayitas y otras historias de murciélagos”, Ed. Palingromenaüer; 2.001).

A petición de mi señora esposa – hecho que me hace replantear muchas cosas sobre su estado mental -, les obsequio con la vida, obra y milagros de un ser a simple vista anodino y aburrido, pero que tras analizarlo con un poco más de detenimiento descubrimos que es un verdadero coñazo insulso: Don Francisco Javier Davila González.

  Así, por el nominal, quizás se queden Vds. cómo estaban (sentados, con la mirada puesta en la pantalla de su ordenador, digo yo); si, por el contrario, al leer la identidad del biografiado y ver la foto adjunta sufren sopor, mareos, accesos de vómito… es que conocen, aunque sea de vista, al citado sujeto. Con esto no quiero decir que simplemente con mirar la oronda silueta del amigo Davila descubra que la naturaleza es cruel – que también -, pero no me podrán negar (y si quieren hacerlo, pues me mandan Vds. un mensaje que diligentemente Sparky, mi orangután mascota, se encargara de bannear como Dios manda) que Javier Davila representa todo aquello que la raza humana se ha encargado de erradicar durante milenios: los empollones.

Carezo de datos fiables, pero puedo afirmar con rotundidad que el Sr. Davila ha ganado con cada una de sus apariciones en concursos televisivos la nada despreciable cantidad de ochenta y tres mil millones de euros. Podría parecer una exageración, pero ha de tenerse en cuenta que el compañero Javier ha participado en todo concurso que se le pusiera delante de su rolliza testa (nota mental: ¿se puede considerar humana una cabeza con setenta centímetros de diámetro?): en “Saber y Ganar”, hizo compañía a ese otro entrañable extraterrestre, Jordi Hurtado, durante 100 interminables programas; ganó la primera etapa de “Gran Slam” (no confundir con con los torneos de “Grand Slam”: la única relación entre el reino de Rafa Nadal y Javier Davila es que la cabeza del segundo tiene forma de pelota de tenis); estuvo en el “Pasapalabra”, donde lastimosamente falló, con la letra “D”, la definición “apellido del concursante que estuvo 100 programas en el concurso “Saber y Ganar”; llegó a la semifinal de “Hombres y mujeres, y viceversa”; fue expulsado del “Gran Prix”, al matar a una vaquilla de un cabezazo…

Pero, se preguntarán Vds. ansiosos (seguramente, por el consumo de algún tipo de sustancia psicotrópica), cual es el secreto de este salmantinocántabro abogado para retener tantos datos absurdos en su melón de Villaconejos (como saber cuántas verrugas tenía Jorge VI o el símbolo químico del Real Betis Balompie). La respuesta, por simple, no deja de ser inquietante: en el interior de la cabeza de Javier Davila no hay absolutamente nada, a excepción de un equipo de gualkitalkis a través del cual el mega-hiper-concursante recibe las respuestas a todas las diferentes idioteces que le lanzan el garrovillero más famoso del mundo o la chispeante Nuria Roca (también conocida por escribir un libro sobre las prácticas sexuales de Topo Gigio) en el ya mencionado “Gran Slam” o en el más cercano “El gran Quiz” (nota mental 2: ¿Marta Sánchez sabe leer? ¿O es que el tamaño de su pecho le impedía ver con claridad las tarjetas de las preguntas?). La voz que le va dictando las contestaciones correctas no es otra que la de su hija – sin nombre conocido… por mí, al menos -, famosa por su simpatiquisima intervención en el especial que el equipo de “Saber y ganar” le obsequió a su curioso padre con motivo de los 1.000.000 programas – quítele uno o dos ceros para mayor exactitud -.

Otra leyenda urbana que circula por mi cuarto de baño pequeño es que Davila, así como otros engendros sabelotodos como Manolo Romero, Rosa Nestal y Belén Esteban, pertenece a una organización secreta de pitagorines, cuyo fin último es conquistar el planeta a base de epatar a la audiencia con todos sus conocimientos… No obstante, dicho rumor ha sido completamente descartado por el propio Manolo Romero, afirmando que “no monto yo una organización secreta con Javier Davila ni jarto griffa”.

Dudas surgen en nuestro magin a la hora de pensar en este personaje: ¿Es impresión mía o tiene una extraña manera de pronunciar la palabra “Loretovalverde”? Su pelo, ¿es natural o con gas? ¿Por qué creemos – Sparky y yo – que Javier Davila y Bertín Osborne son amantes? ¿Qué extraño rito gestual pone en práctica el amigo Javier para calmarse antes de sus intervenciones: “taichi de andar por casa”, como él afirma, o simple epilepsia? La respuesta a todas ellas, en caso de ser afirmativas, valen dos mil euros; si acertara sólo tres, perdería mil euros y el apartamento de Torrevieja; si acierta dos e imita a una oca preñada,…

Les dejo, por un lado, con una última duda: ¿encuentra algún parecido entre estas dos instantáneas?

Y dos, una nueva ENCUESTA IMPOSIBLE GROMIANA:

¿Qué personalidad hollywoodiense considera más atractiva: George Clooney o Cristobal Montoro?

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