“Desde un punto de vista más objetivo, es indudable y obvio – sin caer en ninguna de las absurdas trampas que el intelecto warrfalhdiano siembra a cada paso, desde la ignominiosa mentira hasta el cerril pero no por ello menos peligroso desconocimiento -, por no decir ridiculamente cierto (si bien con alguna que otra honrosa excepción, la mayor parte de ellas difíciles de descubrir pero ampliamente satisfactorias en su descubrimiento) y extremadamente veraz, a la par que profundamente reconfortante para el espíritu,… es indudable, decía, el hecho de que no tengo ni puta idea de lo que estoy diciendo” (Edovingio Tanhausser, en el Discurso Inaugural de la Guardería “Los tres monos y la oveja babosa”, 1.984).

Como podrán haber obsevado los miles y miles de lectores de este su blog, este humilde redactor se ha desplazado en épocas recientes a una pequeña villa sureña, recóndita, bulliciosa y coqueta de jamón. No voy a negar que, para un par de norteños como mi Señora y yo, el sentirse a gusto lleva su tiempo: no por sus habitantes (gente encantadora que en ningún momento nos ha comentado su intención de destriparnos con un sable laser), sino por sus altas temperaturas, sus bajas opciones culturales y sus medias de seda. De ahí que, dándole vueltas a la cabeza, como si de Linda Blair en “El exorcista” se tratara, he decidido abordar un tema que, por las veladas amenazas recibidas si se me ocurría publicar algo al respecto sin respeto, había aparcado junto a un seat panda rojo: las peores adaptaciones.

Harto difícil sería el elaborar una lista con las mayores pifias cometidas por directores, guionistas y demás gente de mal vivir a la hora de trasladar a la pantalla joyas de papel; y más harto estoy de que se elabore el “top” de turno seguido de un “five” o un ten… Así que aquí va mi TOP SEVEN (o Siete Topos: los que no vieron ni por asomo la manera de evitar cagarla):

– En el número siete, mágico numeral, se lo encasqueto a Don Angustias Díaz Yanes y suHala, qué triste”, bodriaco supino hispano en torno a los entuertos y embrollos en los que se ve envuelto el Diego Alatriste de Pérez Reverte (para los adictos a “Canta Singstar”, señalar que los dos últimos apellidos son los del autor, un tal Arturo). No es que el escritor cartaginense sea saint of my devotion – es más, me parece que escribe mejor una cebolla podrida -, pero al menos hay que reconocer que en la saga de Alatriste, si bien la calidad brilla por su ausencia (no por poner muchos modismos seculoaurenses un escrito alcanza una mayor calidad… y éste blog es prueba de ello), ritmo no le falta al fulano. La película, por el contrario, avanza, en un fenómeno que la ciencia no ha sido cápaz de explicar, en velocidad inversamente proporcional al metraje transcurrido… Sólo la escena inicial, con Javier Iribarren como protagonista, se salva de la quema inquisitoria (¡qué bien traído, ¿eh?!).  

De todos modos, y siendo sinceros, Arturiturituriii nunca ha contado con el peneflácido de las musas a la hora de ver sus obras – por llamarlas de alguna manera – trasladadas a la gran pantalla, si de los Kinnepolis hablamos: “La Carta esférica” (Imanol Uribe, 2.007), “La tabla de Flandes” (Jim McBride – sí, sí, el de “Gran Bola de Fuego” o “Querido detective” -, 1.994) o el propio Polansky y su “Novena Puerta” son un tostón de padre y muy señor mío. Por rescatar alguna, y por los pelos, me quedo con el “Territorio Comanche” del tanto te produzco, tanto te dirijo, tanto en contra, Gerardo Herrero.

– En el número seis, y les puedo asegurar que en estos momentos me estoy jugando la vida, situaría, sin ánimo de ofender a nadie y con la esperanza de mantener las dos piernas o, al menos, parte del tobillo izquierdo, cuando alguien lea esto… ejem… pues sería… buff… “Juez Dredd”, del resucitado Silvestre Stallone. Pese a escuchar el inquietante silbido de un misil tierra – gromland, diré en mi defensa que la culpa – obviamente, por Dios!! – no es del amigo Rainbow, sino de, curiosamente, un guionista al que tenía cuasi en un altar: Steven E. de Souza, pergeñador de joyas como “48 horas”, “La jungla de cristal”, “El Gran Halcón”… Aunque habría que resaltar que cuando el amigo Sousa se pone a adaptar, la cosa le sale rana mutante: “Street Fighter” (¿Pero tan necesitado de pasta estaba Raul Julia para aceptar ese papel?), “Los Picamierda” (no, no es una errata) o “Superdetective en Hollywood 3”. Vale, esta última no es una adaptación, pero sí es una asquerosidad.

Lo del “Juez Dredd” como mala adaptación responde, para que conste en acta, a una cuestión intravenosa: uno, que hace muchos años, se compraba tebeos en los quioscos (no es que ahora me los baje de internet, ojo!), tenía especial predilección por este salvaje defensor de la ley que, si no recuerdo mal, fue publicado en España por Zinco. Quizás a la peli le falta un poco de la mala baba que supuraba en los comics; no sé, a lo mejor es cosa mía, pero el Dredd de Souza y compañía me parece demasiado… blandengue. Y eso que el mencionado guionista tenía experiencia para trazar personajes con más mala ostia que el decirle a Monserrat Caballé que “lo que no mata, engorda”: el John Matrix, de ese clásico del humor llamado “Commando”, por ejemplo. 

– En el número cinco (te la introduzco por el recto) y cuatro, se los concedo “ex-aequo” a dos películas con el hombre con calzoncillos de plomo como protagonista: “Superman IV: En busca de la paz” (olé sus testículos para el creador del título) y “Superman returns”. La primera parece que fuera rodada por los publicistas que hacen los anuncios de Supermercados DIA, y la segunda simplemente es una bazofia pretenciosa del en estos momentos gay con más influencia en Hollywood, por delante de Ellen Degenerada – no entiendo de qué otro modo podría la Güarner Brodels darle los tropecientos millones con que va a rodar Bryan Singer la secuela del pestiño ese. [Nota mental: evitar en posteriores ocasiones escribir párrafos tan homofóbicos como el anterior… a menos que hagan referencia a Bryan Singer].

– Y ya en el podio, con el número 3, “Frankenstein de Mary Shelley” de Kenneth Brannaghhhh de Los Lirios del Campo. ¿Cómo, insisto furibundo, cómo es posible que el apacible shakesperiano Kenny nos deleitara  “En lo más crudo del crudo invierno”con “Enrique V” y haciendo “Mucho ruido y pocas nueces”…, para luego abofetearnos con esa soplapollez videoclipera que hizo? La culpa, no obstante, la tiene Coppola: si se hubiera estado quietecito con el “Dracula de Bram Stoker“, y no hubiera recaudado una porrada de pasta – hecho que Don Augusto Herold Meyer y su caja mojo podrá confirmar, o no -, a los estudios no les daría por adaptar clásicos de terror con la formula “Monstruo, de Escritor Famoso”+actores de campanillas+revisitación moderna. Muy mal, hijo de Don Carmine; Vd. a lo suyo, a rodar preciosidades con Robin Williams y punto.

Medalla de plata, y llegamos a una situación extraña: una mala película de un mal libro. Les doy pistas: Tom Hanks, recién escapado de un peluquero borracho; Gandalf, huido de un peluquero sobrio, eso es cierto, con cara de decir “bueno, ¿cuando se cobra aquí?; y una tal Amelie, desconcertada por estar trabajando en un blockbuster – y no me refiero a los desapareciables videoclús -… Así es: “El Código Da Vinci”, libro infumable, pelicula para fumársela. Agradecedería que quien hubiera visto el flim y hubiera aguantado más de quince minutos sin moverse del asiento me enviara un e-mail comentándome qué tipo de drogas consumen; personas muertas abstenerse.

-Y, por último, en lo más alto, en la cúspide de mis más despreciadas adaptaciones…. redoble de tambor…. “La Dalia negra“, dirigida, metaforicamente hablando, por Brian de Palma, un barbudo que pasó por bastante mejores épocas y que cayó en picado a lo más hondo de la inmundicia audiovisual, gracias al libreto – o así lo calificaba él – de Josh Friedman, el reputado autor de “Reacción en cadena”. Uno, que es devoto seguidor de todo lo que hace Mr. James Ellroy, y que se relamió hasta los párpados visionando “L.A. Confidential”, sufrió tal colapso nervioso al ver la hiper-mega-asquerosidad que perpetró el director de “Carrie” que… que… por favor, ya no puedo seguir, lo siento.

ASCO Y VERGUENZA

Lo dicho.

Anuncios