“Y Grom el Único, demiurgo milenario y hacedor solvente, sustrajo con resolución los Aros Dorados de la Inmortal Luvigia – ser abominable que gozaba de una fuerza sobrehumana sobre todo gracias a los pendientes con forma de arete que pendían (de ahí el nombre) de sus tres orejas, mastodónticas a la par que bastante coquetas – y, engarzándolos en su lanza mediante una cincha de esparto de la Laguna de Murguield, se lanzó colina abajo sobre la misma. Y así fue como Grom el Único,  valedor de la sapiencia, adalid del conocimiento y paladín a la taza, inventó un vehículo de dos ruedas de igual tamaño cuyos pedales transmiten el movimiento a la rueda trasera por medio de dos piñones y una cadena: el posteriormente conocido como kayak”. 

Aprovechando que estamos en tiempos olímpicos (aunque Rusia parece que no se ha enterado) y tras haber visto el last but not least fracaso del deporte español – ninguna medalla en la crono ciclista -, creo que sería un crimen no hablar de “Los cronocrímenes”.

[Nota mental: Si vuelvo a escribir un párrafo como el anterior sin alguna excusa plausible, como tener una resaca del quince, padecer gastronteritis o simplemente estar en coma cerebral, me comprometo a ir personalmente casa por casa a suplicar perdón a todas aquellos ingenuos que, seguramente por error, hayan leído este blog. Palabrita del Niño Bravo].

A la hora de comentar el último trabajo del Sr. Vigalondo, varias son las trampas en las que se puede caer; a saber:

a) Que, como el director-guionista-actor (¡¿actor?!) es un tipo majísimo, no seamos capaces de ver el árbol por no sé cojones que pasa con un bosque;

b) Que, como el cine patrio es tan origenial, alabemos sin más la película simplemente porque es nuestra (al igual que hacemos con la tortilla de patatas, el toro de Osborne y la multiculturalidad linguística… bueno, a lo mejor con lo segundo no);

c) Que, como es una opera prima, y está hecha con cuatro duros, y es una premisa novedosa para lo que hacemos aquí, y que si tal pascual… pues eso.

Por suerte para todos Vds., ansiosos de conocer mi opinión sobre tan peliagudo tema – no hay más que ver las polémicas tan radicales que se han montado en la internés con el flim – se lo puedo resumir en tres palabras: yo… que… sé.

[Nota mental dos: Bueno, esto es el colmo! Pergeñar un párrafo que tiene menos gracia que ver a Monserrat Caballé desnuda untada en melaza, pase… pero plagiar a Les Luthiers…! En el futuro intentaré en la medida de lo posible evitar este tipo de situaciones. Ruego disculpen la interrupción y continúen con la lectura.]

Nos ponemos en situación: salida de los cines Princesa de Madrid (tuvimos que desplazarnos mi señora y yo hasta la capital de España, previo paso por Venecia y Florencia, para poder ver la cinta en versión original); el sabor que le queda a uno en el cuerpo es como cuando te comes un chuletón de Ávila con patatas asadas y Fairy: hay algo que no encaja. No sabría decir qué es: el guión es milimétrico, encajando cada una de sus posibles aristas a la perfección (no como a la hora de montar una estantería comprada en el Eroski, no sé si me explico); el ritmo es lo suficientemente tranquilo – que no lento – de manera que un cerebro acostumbrado a “El muro infernal” se pierda en laberintos narrativos varios; la interpretación de Karra Elejalde es fantástica de narices (y demás partes de su cuerpo)…

En este punto me permito hacer una disgresión para rebatir los argumentos que achacan a uno de los protagonistas de otra mítica del cine español, “Airbag”, una actuación sosa y con falta de vigor: no sé Vds., pero a mí me ocurre lo que al personaje de Héctor y les puedo asegurar que me comportaría exactamente igual: liándola más. En otro blog he llegado a leer que “Deja Vu”, del nunca respetado Tony Scott – que por algo será -, es mejor cinta de viajes en el tiempo que “Los Cronocrímenes”; claro en aquélla es Densel Guasinton quien intenta resolver los embrollos que van surgiendo a cada salto temporal; bien, pues en ésta, imaginense a Alfredo Landa desfaciendo los entuertos como puede…   

De la interpretación del resto de actores, poco que decir: Bárbara Goneaga está muy buena, pero su rol no deja de ser un mero detonante (en el amplio sentido de la palabra); Candela Fernández (también conocida como “la mujer que habla raro”) es un suspiro en el metraje; y Vigalondo… a ver, cómo lo explico.

Mi primera impresión era que habiendo tantos actores en paro en este nuestro país, el chico podría haber descansado un poco y reservarse las labores de dirección y guión exclusivamente; sin embargo, finalizada la película – y por determinados acontecimientos que tienen lugar durante la trama que, dada mi benevolencia innata, no voy a desvelar -, su interpretación me encajaba un poquito más que durante el visionado de la película.

Por último, la historia: condensar en 90 y pico minutos de metraje toda la trilogía de “Regreso al Futuro” (vale, sin Marty McFly), varias paradojas espacio-temporales, unas vendas, una mesa que no cabe por la puerta pero luego sí cabe (???), máquinas del tiempo que parecen pasteurizadoras, caseríos más aislados que un gafotas con acné en un Instituto, gabardinas rojas, abrigos sucios y unas tijeras que tanto me recordaron a “Crímen perfecto” (del tipo éste, el gordito… bueno, no me acuerdo), recuerda a un viaje en el tren de la bruja de las fiestas de barrio: lento pero seguro, descubres aquí y allá referencias de lo más inesperadas como “12 monos” (obvia, quizás) o Caperucita roja (más sutil… tanto que a lo mejor ni existe, y es una paja mental mía).

Quizás el sabor de boca extraño del que hablaba no se deba a que fumo demasiado, sino a que la película se destapa demasiado rápido como los típicos “whodunit” (las obras en las que hay que averiguar quién hizo qué) en los que a mitad de metraje ya sabes cómo va a acabar todo, y no te queda más que acompañar al bueno de Nacho en su periplo hacia el final… aunque a lo mejor sí que estoy fumando demasiado y “Los Cronocrímenes” es una gran película.

Sobre las paradojas de tiempo, simplemente decir que hay cosas que se entienden menos que un audiolibro grabado por Jorge Sanz.

Espero que haya quedado clara mi opinión sobre la película; no obstante, releeré lo escrito hasta ahora para comprobar que todo está claro como el agua; a ver, mmmmm… 

Joder, el primer párrafo es terrible… y, Ay Dios!!, pero si en un momento dado plagio a Les Luthiers!! Será mejor que añada unas notas mentales para no volver a cagarla de ese modo. Mientras tanto, les dejo con la segunda de las ENCUESTAS IMPOSIBLES GROMIANAS:

¿Para cuándo un biopic de Magic Johnson con Gabino Diego de protagonista?   

A la espera de sus respuestas, les dejo con este video (un minuto veinte segundos que resume mi visión de todo) que les hará reflexionar sobre su vida… y que todo puede ir a peor.

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