“Si ha habido algún momento fundamental en la intra-historia de la tribu Warrfalhd, éste sin ningún género de dudas es la conquista, hace hoy exactamente un año, por parte de dicho colectivo de la estación de Metro de Santo Domingo, en la capital ciudad de Madrid: treinta y siete aguerridos guerreros, aprovechando el sopor habitual veraniego de los nativos, se introdujeron subrepticiamente en la citada parada del suburbano, utilizando un único bono-metro que, incluso, había caducado en Noviembre de 1.994.  Casi sin bajas que lamentar – sólo uno de los soldados falleció al engancharse el pulmón izquierdo con el torniquete de entrada -, la pequeña tropa se hizo fuerte en el cuarto de la limpieza, donde desde aquel glorioso día esperan nuevas órdenes. De vez en cuando, y a fin de matar el aburrimiento, ven en un reproductor Nevir y luego comentan la sexta edición de Gran Hermano: todos coinciden en que Juanjo no era un caballero ni ostias” (Milton Brubaker; “Guri Guri in the sky”, Ed. Elefante Bicéfalo; 2.008).

Bien, bien… Antes de nada, comentar que las prácticas amorosas entre impúberes latinas considero que pertenecen por completo a su más íntima esfera privada (debiendo, por tanto, buscar en otras páginas de contenido erótico los links correspondientes); y respecto  a la última película de Disney, tanto el Profesor Frusna como el Sr. August Herold Meyer me la han recomendado fervientemente así que, para una película que merece de verdad la pena, gástese los siete euros que había reservado para cocaína y vaya al cine. ¡Di no a la Piratería, jovencito!

Tras haber pasado ocho días sin escribir en este su Blog, vuelvo presto a retomar las riendas del mismo al objeto de ampliar sus conocimientos con la basta cultura que atufa esta humilde página. Se preguntarán dónde he estado todo este tiempo – y si no lo hacen, carecen de uno de los rasgos más característicos del pueblo español: las orejas -: podría no decir nada, dejando en el aire la respuesta y de ese modo darme aires de tipo misterioso, de manera que imaginaran que tengo una vida rica en peligros, acción y emociones… pero la triste realidad es que me he tirado todo este tiempo desenmascarando una red de espionaje saudí que pretendía conquistar el mundo, echando polvos pica – pica en los botes de Cola-Cao. Lo dicho, un coñazo… lo único bueno es que he matado a mucha gente.

Una vez resuelto el enigma que no era tal, decirles que durante un tiempo voy a poder dedicarme a mi solaz esparcimiento físico y mental, dado que el Gobierno para el que trabajaba me ha recompensado con la coqueta cifra de tres gritones de euros, dinero más que suficiente para poder alimentarme y comprar la Teleindiscreta (el mejor título para una revista, después de “Qué me dices”) durante muchos, muchos días…

De ahí que, estrujando a fondo mis neuronas (las ocho), he decidido plantearles la siguiente pregunta:

¿Por qué George A. Romero ha hecho una mierda como “Diary of the Dead”?

En la vida uno comete errores como pensar que puede estudiar en una tarde todo el temario que se ha impartido durante cuatro meses, o golpearse el pene con un martillo pensando que era un monstruo de “Starship Troopers”… pero lo de ver este tipo de películas ya avanzado el siglo XXI sólo responde a una cosa: el amor. Utilizando el umbraliano término, mi santa – léase, mi señora – es una fanática de las películas de zombies (a otra gente le da por zurcir calcetines), y no deja escapar la oportunidad de ver gente escapando todo el santo día de hordas de muertos vivientes. Y quizás ése sea uno de los principales problemas – que de hordas, más bien poco – que tiene la puta bazofia, por expresarme con elegancia, que ha cometido el Romerito de los cojones. Lo expresaré mejor en cinco puntos fundamentales:

Punto 1.- El cine social, para los gafaspasta: No sé Uds., pero si voy a ver una pelinicula donde señores que antes estaban más tiesos que la mojama se ponen a imitar a los integrantes de una despedida de soltero ocho horas más tarde de que ésta haya comenzado, lo último que quiero es que me intente enchufar el típico mensajito vomitivo de “Oh, Dios mío, qué insensibles somos con las desgracias ajenas, lo vemos todo a través de lentes objetivas que nos impiden compartir el sufimiento que asola el mundo…” ¡Coño, por supuesto que estoy insensibilizado! Mi idea es ver una película donde los litros de sangre corran más que Ben Johson completamente dopado, y que la carnaza sea algo más que un concepto periodístico de Telecinco. Ya sé que la guerra es terrible, ya sé que la mortalidad infantil es una exageración inhumana gracias a personas sin escrupulos, ya sé que el mundo es una mierda… Pero, primero: si he querido ver una película es porque he querido – vale, quizás cobardemente – escapar de manera momentánea de esta asquerosa realidad; y segundo, tampoco merece mucho la pena preocuparse porque seguramente el mundo se acabará en Septiembre, gracias al acelerador de partículas suizo.

Punto 2.- Los zombies se supone que dan miedo… los de Jorgito A. son más bien como el típico baboso con granos y sobrepeso de las fiestas que se tira todo el rato: “oye, psss, oye, mira un momento, ¿has visto…?, escucha, ¿has visto la nueva de Will Smith?, qué guapa, ¿no?, eh, psss, mira, ¿Y Charlis Zerón?, Je, je, je, oye, que… que guapa… también, jejeje, ¿no?”. O sea, los muertos vivientes de “Diary of the dead” no atacan, molestan. Impresionante ejemplo de lo dicho es cómo la protagonista – de la que hablaré más tarde, la virgen! – acaba con uno de los malos en la peripatética escena del hospital: le dribla por la espalda, sin mucho esfuerzo la verdad, para enchufarle en la cabeza un desfibrilador. Uyyyyy, qué miedito! No me extraña luego que el director del “Amanecer de los muertos” versión 1.978 se quejara de que en el remake de Zack Snyder los zombies se movieran demasiado deprisa.  Anda, vete a cagar, Romero!!

Punto 3.- “Hola, me llamo Deb y soy un estereotipo”. Reconozco que no soy gran seguidor del viejales éste, pero de lo poco que me he tenido que tragar, me da la impresión de que la elaboración de personajes no es lo suyo. En “Diary of…” tenemos lo más variopinto y granado del hipotético reparto de una scary movie: la protagonista con agallas y resolutiva que lucha, no sólo contra los resucitados, sino también contra la visión esterilizada que su novio tiene de la realidad; el viejo-profesor-inglés-de-arte-alcohólico que está de vuelta de todo (y que para tener un delirium tremens que ríete de Bukowski, ostenta la puntería de Robín hood y Guillermo Tell juntos); el chico de Brooklyn, o Queens, o New Jersey, o de dónde coño sea, duro pero sensible; la parejita zalamera y pegajosa (ella, una tejana sin cerebro a la que se le ven las tetas en una de las escenas más ridículas de la historia del cine, él, que se muere a primeras de cambio); el gafaspasta; la chica solitaria; el cabecilla de la “resistencia”; los miembros de la Guardia Nacional cabrones (¿eso no lo habíamos visto en “28 días después”?)… En fin.

Punto 5.- “Ay, que me parto”. Por último – sí, me he saltado el punto 4, pero es que cada vez que intentaba escribirlo, no podía dejar de vomitar -, ese humor facilón, chabacano, de niño de primaria y profundamente idiota. Como ejemplos, la ya citada escena de las tetas (no pienso explicarla; si quieren saber de qué hablo, se tragan la mierda de película como yo), el personaje del amish sordomudo, los comentarios del gafaspasta…

En resumen, “Diary of the Dead” es una película que no debe faltar en su dvdteca junto con títulos como “Dos policías rebeldes 2” o “Pluto Nash”.

Me despido de Vds. con la primera de las ENCUESTAS IMPOSIBLES GROMIANAS, a la espera de que, raudos y veloces, me envíen sus respuestas:

¿Qué serie de televisión es mejor: “Los Soprano” o “Los Serrano”? 

       

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