“Y tras un esfuerzo sobrehumano, titánico, ambivalente, Grom el Único consiguió romper las míticas cadenas místicas que el malvado Gayus Zerolus, Señor del Agujero Oculto, había impuesto sobre el eterno Héroe. Muchos fueron los que habían predicho su muerte, regocijándose en tal hecho; algunos incluso se aventuraron en afirmar que estaba en Benidorm, poniéndose ciego de tapas de jamón ibérico y kalimotxo, víctimas sin duda de la envidia y del consumo de setas alucinógenas caducadas; unos pocos ni siquiera sabían que Grom el Único existía… Pero una cosa está clara: meter unos vaqueros nuevos en la lavadora es joder toda la colada” (“La epopeye el marino”, Ataulfo Palomeras, Ed. “Palingromenaüer”, 1.997).

Tachaaaaan; héteme aquí de nuevo, cuando la mayor parte de vosotros, internautas descreídos, considerabais este blog más muerto que la líbido de la Duquesa de Alba. Pues bien, dos noticias: la tardanza entre el último mensaje y éste se debe a ya sabéis qué; y dos: la Duquesa de Alba y tal.

¿Y qué mejor modo que retornar al red-il que solazando vuestras febriles mentes con una nueva entrega de las Biografías Gromianas, que tantos y tantos e-mails o corrersus electrónicos han alabado? ¿Con alguna reseña de películas de temática navideña, decís? Pues también…, pero ahora que he gastado siete minutos y cuarenta segundos de mi vida escribiendo esto, aplicaos lo que le dijo Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, al monarca Felipe III cuando éste lo acusó de corruptelas, latrocinios y delitos crematísticos varios: “¿Por qué no le vas a tocar los cojones al Príncipe de Gales, majete?”.

Abrid bien vuestras emuleadas mentes pues, a falta de un insigne personaje, hoy, y sin que sirva de precedente, os regalamos la biografía comparada de dos monstruos (literalmente hablando) de las praderas catódicas: JORDI HURTADO y RAMÓN GARCÍA.

Al final de los años 50, el mundo se halla en un terrible estado de excitación post-bélica; es una época que el filósofo ingles Bertrand Russell definiría como “el triunfalismo de la bestia sobre la razón, pero de una bestia con los ojos llenos de ladillas” (sus contemporáneos no tardarían en afirmar que Russell haría mejor leyendo a Kant que ponerse ciego a pintas de Guinnes). La denominada “guerra fría” – “”cold war”, para los hispanohablantes – haría mella en todos los países, creándose una tupida red de espías, contra-espías y recontra-espías en busca del control de las comunicaciones mundiales. Por aquel entonces, España, primera potencia mundial – siempre según Bertrand Russell – decide crear un proyecto secreto que haría temblar los cimientos de la lógica y lo ético: me refiero al denominado “Proyecto Alfredo Landa” (P.A.L.).

Científicos desertados y desertores de repúblicas bananeras como Alemania, Francia o los Estados Unidos Geyper inmigran a España al objeto de unirse a tal magna empresa. El objetivo: crear una raza de super-hombres que, en caso de originarse una nueva contienda interplanetaria, alzaran al país de piel de toro que abanicos de colores parecen sus patas sobre el resto de contrincantes o, cuando menos, nos hicieran llegar al final de una Eurocopa. En 1.956, Richard Von Strunmgjrtgerriodusjgakmleng toma las riendas del proyecto… pero éste se le desboca. Es sustituido un año más tarde por Mr. Z, enigmático genetista del que se decía era el hombre más misterioso del mundo; por desgracia, las autoridades franquistas pierden el papelito donde habían apuntado su número de teléfono y no pueden volver a contactar con él.   

Cuando las esperanzas se habían perdido, aparece en escena Eleuterio Sinforosa, químico, biólogo y taxidermista, a la sazón que cuñado de Doña Carmen Polo. Bajo su mando, el P.A.L. comienza su definitiva andadura. Los primeros resultados son más que satisfactorios: Sinforosa y su equipo de jornaleros son capaces de recrear en la espalda de una rata la oreja izquierda de Primo de Rivera. Alentados por este éxito, los científicos se van de putas. Pero el General Franco, tras oír que los franceses habían sido capaces de clonar la cabeza de Marcel Marceu en el interior de una col de Bruselas, exige mayores resultados. Sinforosa paga y vuelve al laboratorio.

Será en 1.958 cuando el P.A.L. alcance su cota máxima: un mismo embrión multipluricelular con A.D.N. inorgánico-atómico(siempre según Russell, por supuesto) dará como resultado a los primeros Super-hombres hispánicos. De acuerdo con el plan secreto, uno de ellos será enviado a Garrovillas (Cáceres) al objeto de que sea adoptado por una familia postiza; al niño se le pondrá el nombre de Jordi Hurtado – obsérvese la ironía de su apellido, “Hurtado”; o, dicho de otro modo, “robado”, como si hubiera sido arrebatado de las manos de la Madre Naturaleza… Esta última frase es de Bertrand Russell, cómo no. Tres años más tarde, la otra mitad del embrión se engendrará en quien se le conocerá como “Ramón García” (nombre en clave dentro del P.A.L.: “Ramontxu”), quien será destinado a Vizcaya. El motivo de ubicar a este segundo protohombre en tierras vascas respondía a la intención franquista de tener controlada cualquier incidencia separatista y, principalmente, a que aprendiera a cocinar el marmitako.Respondiendo a las mismas directrices cerebrales, Jordi Hurtado y Ramón García comenzarán su trabajo de lavado mental al resto de la población a través de las ondas de radio: el primero en Radio Barcelona; el segundo, en Radio Vizcaya; ambas de la Cadena Ser. ¿Coincidencia? No.

Sin embargo, no corresponde a los hombres ser dioses y, cegados por las mieles del éxito, Sinforosa y sus aparceros perdieron de vista (seguramente porque estaban cegados por las mieles del éxito) la trayectoria de sus creaciones: Hurtado comenzaría a dar extraños síntomas de su comportamiento al doblar al televisivo “Epi” (de los Epi y Blas de toda la vida), mientras que Ramón García trabajaría en el programa radiofónico infantil “txorro-morro-piko-taio-ke”, que, para aquéllos que por desgracia no sabemos euskera, suena realmente inquietante.

Nuestros personajes van perdiendo el Norte: Hurtado, aquejado de una parálisis facial en forma de sonrisa perenne, se deja ver por el concurso “Si lo sé no vengo” (¿acaso el título del programa se trataba de alguna forma de llamada de auxilio?), mientras que García presentaba “No te rías que es peor” (¿acaso el título del programa se trataba de alguna forma de llamada irónica?). Dos personas diferentes, dos concursos… ¿Coincidencia? Que no, coño.

A partir de ahí, las semejanzas se van acentuando: Jordi Hurtado desarrollaría una aterradora manera de imitar a Jesús Hermida o José María Carrascal con la que torturaría a los concursantes de “Saber y Ganar” desde hace más de diez años. Ramón García potenciaría sus chascarrillos en productos como “¿Qué apostamos?” – co-presentado con otro experimento genético fallido, Ana Obregón – o “Grand Prix” (donde Ramontxu, acostumbrado a trabajar con animales desde “No te rías que es peor”, se sentía como pez en el agua lidiando con la vaquilla de turno).

Las chaquetas de Jordi Hurtado, la capa de Ramón García; los comentarios pseudo-jocosos del primero, las gracietas de cuñado-en-cumpleaños del segundo; no tener puta gracia… ¿Qué nuevos ataques sorpresa nos depararan estos seres ultrahumanos pero, para qué nos vamos a engañar, entrañables? ¿Veremos a Jordi Hurtado presentar los Oscar? ¿Acaso Ramón García sabe más que un niño de primaria? ¿Por qué coño bebía tanto Bertrand Russell?

Preguntas sin respuesta, que se pierden en el infinito como se pierden los mecheros en un sofá de tres plazas…

… como decía Bertrand Russell.    

  

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