“Mucho se ha hablado de la falta de coordinación locomotriz de los Warrfalhds y de sus problemas para abrir latas de sardinas sin seccionarse la femoral,… pero de lo mío, ni puto caso” (Michael Landon, “Memorias de un amnésico”, Ed. Coñazos Científicos, 1977).

Parece una cuestión baladí, pero cada vez hay un mayor número de personas que han sufrido desde lesiones leves hasta pérdidas de memoria durante años, pasando por Valladolid, al intentar tamaña proeza. De ahí que, con el afán orientador y didáctico que caracteriza este blog, me vea en la obligación moral de dar una serie de consejos para aquellas personas que, sea por la razón que sea (principalmente, estar como putas cabras), se suban a un contenedor de basura al objeto de saltar hasta el duro pavimento.

Primer consejo: es conveniente que el saltador en cuestión goce en todo momento de claridad de pensamiento así como de la lucidez suficiente como para saber qué es lo que está haciendo. Comprendo que lo segundo resulte bastante difícil de mantener – no olvidemos que está subido a un contenedor de basura para saltar desde él -, pero no es óbice para, aún en esa situación, pararse un momento a pensar si no sería más conveniente que estuviera comodamente sentado en el sillón de su casa, con las pantuflas puestas, una buena pipa y un golden trevier a sus pies, mientras ojea descuidadamente la sección de Finanzas del Herald Tribune en vez de estar haciendo el gilipollas.

Segundo consejo: En relación con el primero mencionado, absténganse los saltadores de ingerir antes de realizar su proeza cualquier tipo de bebida alcohólica (como lejía, por ejemplo), pues el consumo elevado de ésta podría entorpecer notablemente la coordinación de las extremidades del sujeto; recordemos que la cantidad de alcohol en sangre es directamente proporcional a la torpeza – tanto física como cerebral – del deportista en cuestión (Diane, tome nota: hubiera puesto “la cantidad de litros de alcohol en vena”, pero deseo evitar a toda costa que Ramoncín tenga una excusa para interponerme una demanda por plagio y obtener el suficiente dinero para operarse el apéndice nasal… otra vez).

Tercer consejo: Si está dispuesto a hacer “contenedoring”, es más que recomendable el ejecutar el salto en un ambiente familiar y reconocible, rodeado de los suyos – a poder ser que, al menos, hablen el mismo idioma -, evitando el caer en burdas provocaciones de gentes desconocidas que le jaleen con la esperanza de que cometa un error fatal en la ejecución de la acrobacia.

Cuarto consejo: Y, por último, y lo que es más importante, recuerden que los seres humanos nos caracterizamos por caminar con las piernas, extremidades inferiores que nos permiten desplazarnos, correr, acuclillarnos, arrodillarnos y, fundamental en esta exposición, saltar. A la hora de practicar el brinco, flexione ligeramente las rodillas, de manera que el cuerpo mantenga una posición equilibrada que evite cualquier imprevisto; tome un pequeño impulso – bajo ningún concepto se deje caer – y aterrice sobre sus pies, doblando nuevamente las rodillas para amortiguar el impacto con la dura acera. NUNCA, repito, NUNCA, SI OBSERVA QUE ALGO HA SALIDO MAL DURANTE EL VUELO, APARTE SUS MANOS, pues éstas serviran de parapeto por si lo de las piernas le ha dado por el culo.

Con la observación de que, junto a “yippee-ki-yay, motherfucker” y “hakuna matata”, la expresión “everillarillan” pasará a la historia gromiana, me despido de Vds., deportistas de andar por casa, con Tony Raffbilligham, un ejemplo de cómo debe saltarse correctamente desde lo alto de un contenedor de basura.    

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