“Tras la decimoquinta luna llena – empezando a contar desde el tercer eclipse del sol… más o menos -, los Warrllfahds preparan viandas varias, recogen sus apareos más imprescindibles (sombrillas, gorros horteras, pareos, chanclas, una abuela cascarrabias, y un recipiente hecho de barro que permita mantener el agua fria y que tiene forma de botijo), y, armados de mucha paciencia y un par de colts 45, emprenden la denominada “Larga Marcha de la 15ª Luna llena” en pos de un lugar paradisíaco que los más antiguos de la tribu siempre han llamado, con cierto misticismo, “Torrevieja”. De los miles de Warrllfahds que emprenden el camino, un 87% muere a la altura de Ciudad Real a consecuencia de los ataques del puma salmonela – felino gasterópodo con apariencia de ensaladilla rusa -.” (“Mi Guía se Campsa y otros relatos de Aventuras”, John Edwars Quintanilla; Ed. Coñazos Científicos; 1.979).  

Época estival donde las haya, el verano es (tal y como afirmó S.M. Don Juan Carlos I de Borbón Helado en su último monólogo navideño) la estación más calurosa de las cuatro existentes; este hecho permite a las personas en general y a los seres humanos en particular que se muestren las verguenzas físicas que, con menos temperatura corporal, nuestro cerebro consideraría indecente simplemente recordar. Y que nadie considere esto un ataque a la libertad en el vestir o las impúdicas exhibiciones físicas que, todos los años por estas fechas, determinad@s desalmad@s nos obligan a sufrir en las esplendorosas playas de nuestro litoral (léase como la fabada).

Existe, por tanto, una regla que marca la directa proporcionalidad entre la mayor desvergüenza en el vestir y el aplastante número de bodrios fílmicos que contaminan las pantallas de nuestro cine… y nuestro litoral.

De ahí que, con un afán ejemplarizante que supera al de Eduard Punset (el Harpo Marx de la seudociencia) intentando explicar el origen del universo con un platano y un paraguas, me permita realizar una serie de indicaciones básicas para disfrutar el cine veraniego… y del litoral:

Regla primera: No pierda el tiempo intentando elegir qué película va a ver. Determinadas “personas” aún siguen considerando el verano como una época donde se puede asistir durante un par de horas a un buen espectáculo cinematográfico; son las mismas personas que piensan que el suplemento semanal de “El Pais” trae sugerencias para gente obrera y trabajadora. Utilizando una expresión médica, esos tipos “son unos putos gilipollas“. Con la canícula, los cines única y exclusivamente se dividen entre “tiene aire acondicionado” o “imprescindible abanico o folleto del Carrefour”. De ahí que el primer criterio a utilizar a la hora de asistir a una proyección sea el acceder a la página güev de la franquicia en cuestión (Box, Yelmoplex, Kinépolix, Antrax), y realizar unna comparativa mental sobre las butacas y los reposabrazos – imprescindibles para la siesta a la fresca -, así como el precio de los menús de tanque.de.cocacolla + paquete.industrial.de.poliuretano.en.trocitos (a este respecto, recomiendo encarecidamente el “Cine Loyola”, en la localidad soriana de Santa Marta de los Politonos: sus palomitas a la riojana con morcilla quitan el sentido… literalmente).

Regla segunda: No obstante, Vd. puede tratarse de alguien que tiene más fe que el Alcoyano (o que considera que el suplemento semanal de “El Pais”, cuando recomienda una una escapadita rural al Balneario de Mondariz por 150,00 euracos la habitación doble por noche, lo hace pensando en la típica familia media de padre, madre y tres niños). En ese caso, mi consejo es que huya de los números en los títulos de películas: “Shreck III”, “Piratas del Caribe III”“Ocean’s 13” (yo sólo vi dos de las anteriores y, hombre, no están mal), “Hostel 2”, “Harry Potter 5”… Y es que, con la honrosa excepción de “Spiderman 3” – en que se mantienen con brío, e incluso enriquecen, las andanzas de nuestro amistoso vecino Spidey  -, el resto de trabajos son más de lo mismo… pero peor. En los dos primeros casos, lo del ogro verde y el pirata más fashion que han surcado los siete mares, la operación huele tanto a “pasar por caja”, que incluso podían haberse ahorrado sus tropecientos millones de presupuesto conjunto y pedírselos directamente a sus fans por transferencia bancaria. Pero bueno, no voy a ser yo quien me meta con esos megalomaníacos producers tipo Jerry Bruckheimer, que la última vez casi acabamos en comisaría (por suerte para Bruckheimer, Robert de Niro me convenció para que dejara de usar su cabeza como reposapies).

Regla tercera: Y dale! Lo suyo es sordera cerebral, amigo. Muy bien; en ese caso, un consejo: nunca, nunca… repito, nunca vaya al cine a una sesión de tarde. ¿Ha visto alguna vez esos seres pequeños que emiten unos chillidos bastante desagradables, cubiertos de mocos y suciedad, que tienen problemas espacio – temporales y de movilidad locomotriz? Son conocidos como “NIÑOS”; oh, sí, a primera vista parecen pequeñas réplicas en tamaño petisuis de los seres humanos; como para comérselos, ¿verdad?… Pues no dude y hágalo cuando tenga la oportunidad. Estas criaturas no pierden el tiempo en amargarle a uno la película (y no digamos la siesta [véase regla primera]). Van en manadas acompañados por otros seres igual de terroríficos, con andares de zombies borrachos y una mirada que está pidiendo a gritos “Mátame, por Dios!!“. Son las llamadas “MADRES“, y sus exiguas fuerzas les permiten tan solo llegar a la taquilla, comprar drogas legales en el bar y dejarse caer en la butaca, acompañados de un espídico mocoso a consecuencia de la cafeína que no para de gritar, como si le fuera la vida en ello, “TIENE HIJOS VERDES, MAMÁ, ¿NO LO VES?” Sí, hijodeputa, para eso vamos al cine: para ver cosas.

Lamento profundamente la imprensión que pueda producir en Vds. mi visión del binomio “tierna infancia – 7º Arte”. Y es que sólo una vez en la vida he podido compartir una sala de cine con un espectador de nueve años sin que molestara en ningún momento de la proyección. Cierto es que fue viendo “Monstruos, S.A.” y que, cuando se encendieron las luces, descubrimos que el niño estaba muerto, pero bueno…

Regla cuarta: Su tesón y fortaleza me han derrotado. Diríjase raudo y veloz a la sala de exhibición más cercana, o presto navegue por la red de redes a fin de adquirir su entrada, allá Vd. Pero, por lo menos, vea una película que le interese, que colme sus expectativas, que le haga reflexionar sobre lo minúsculo de nuestras vidas frente a las riquezas emocionales de lo que nos rodea; acérquese sin miedo al cine a ver algo más que una película, algo que pueda comentar con los suyos, que le haga crecer como persona – moral e intelectualmente; no caiga en los juegos baratos del marketing y la publicidad; vea ARTE con mayúsculas… 

No se pierda “Transformers”.

P.D. No es políticamente correcto utilizar la expresión “esto huele peor que el culo de Juan Diego Botto” porque, estudios científicos recientes han demostrado que Juan Diego Botto es, en realidad, su propia madre, Cristina Rota.      

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