EL LAZARILLO DEFORME (Fragmento o extracto)

 

Habiendo hallado el ciego un racimo de ricas uvas y siendo éstas de un tamaño colosal, convidóle el viejo al crío para que juntos degustasen aquel delicioso manjar. 

 

– Faremos esto: yo comeré una y luego tú otra. Así hasta que no quede ninguna que echarse a la boca. ¿Has comprendido muchacho? – preguntóle el viejo.

– Dabuten carca – respondióle el Lazarillo.

– Y cuida de facer aquesto que hemos convenido o tendré que atizarte con la garrota y bien sabes que aunque viejo y ciego partirte la cabeza no me será difícil.

– ¡Oído cocina!

A resultas de todo ello principiaron a comer el racimo. Primero el viejo, luego el crío. Viejo, crío, viejo, crío, viejo, crío… Mas héte aquí que el ciego en uno de sus turnos fueron dos las que cogió en vez de una. El Lazarillo presto al engaño dejólo pasar la vez primera pero el ciego volvió a coger dos uvas en su siguiente turno. El muchacho, con el orgullo herido por tamaña falta, continuó cogiendo una a una hasta que lo que cogió fue la garrota y estampóla en la frente del viejo. Éste ni inmutóse y continuó tomando las uvas a pares. El crío cogió su uva y volvió a descargar la garrota en el cráneo del ciego con todas las fuerzas que el Bendito le había proporcionado. El resultado fue el mismo: el viejo seguía masticando como si la fiesta con él no fuera.

Viendo que lo único que había conseguido con todo aquello era un simple hilillo de roja sangre en la nariz de su rival, el Lazarillo comenzó a comer las uvas de tres en tres.

Mas no pasó medio suspiro cuando el viejo trincó la garrota e impactóla en la boca del muchacho rompiéndole todos los dientes. El crío se retorcía en el suelo con la cara cubierta de sangre.

– ¡Tiempo muerto, colega! – chilló el Lazarillo – ¡He sido legal! ¡Birlaba una a una, panoli!

El viejo levantóle y con su inmensa sabiduría iluminóle:

– Muchacho es posible que sea cierto lo que dices. Soy ciego. No puedo ver. Mas cuando comía las uvas a pares tuve un acceso de furia que descargué en tu cabeza…

Y continuó golpeándole hasta acabar con la vida del crío. Al faltar la palabra del muchacho, el viejo cavó un hoyo y decidió ocultar el cadáver en aquella fosa. Mas al ser ciego no percatóse que mientras aquesta labor facía todos los campesinos de la comarca le contemplaban dichosos y con gran cantidad de maldad enterraban la tierra que el viejo cavaba.

Así transcurrieron años hasta que el anciano falleció víctima del agotamiento y todo el pueblo repartióse las uvas restantes…..

MORALEJA

A grandes remedios… oídos sordos.

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