“De ahí que, al día siguiente, el Consejo Rector de Todo Lo que Pasa de Importancia en Warrllfahdlandia reuniera a vasallos y nobles con el objeto de encuestar qué nombre se le pondría a la Princesa. Algunos miembros de la comunidad, los más sabios y enigmáticos, sugirieron que la infanta se llamara igual que su madre; pero muchos habitantes decidieron que tener por futura reina a “Cipramunda VIII” no les iba a ayudar en lo que relaciones exteriores se refiere. Al surgir los primeros gritos – acompañados de algún que otro empujón y navajazos – entre seguidores y detractores de la propuesta, alguien apuntó la posibilidad de hacer una encuesta, respetando el voto de la mayoría. Y éstos fueron los nombres más votados con sus porcentajes de adhesión popular: Sibilina (27,8%); Remigina Cebolla (17,3%); Vanessa Yenifer (158,1%); Garfield (0,1%)” (“De las crónicas de un pueblo con bastante poco gusto”; Letrucio Boavista; Ed. Caraculo;1.975).

 ¡Días de fiesta en el Reino! Suenan las trompetas, guirnaldas de flores inundan las calles y se alzan los pendones, ondeando la buena nueva… Otra más para chupar del bote que llenamos entre todos. En fin… Y ya que hablamos de gente despreciable, desearía dedicar mi mensaje diario a aquellos entes que pululan por el mundo aportando más belleza de lo que a priori podría parecer. Vaya por delante que soy de la opinión de que todo el mundo tiene derecho a ganarse las leguminosas antianémicas de la familia de las Papilionáceas como pueda (los de mi especie nos alimentamos de oxígeno, agua y etiquetas de Nocilla). Ahora bien: ¿por qué hacen eso? Empezamos, por ejemplo, con Jaimito Borromeo: si pinchan Vds. en el enlace, observarán que por la foto, a simple vista, parece humano; como mucho, algún problema de cervicales (esa postura debe ser de todo menos cómoda). Pero alguién que tiene los santos cojones de vender su espectáculo como “La revolución en el humor moderno…” sólo puede obtener de las personas de bien el mayor y absoluto desprecio. A modo de ejemplo, citamos una de sus perlas de ingenio:          “Me dice el otro día la Borromea: Jaimito, no me compras nada! Y yo le contesté: Véndeme algo!!” ¿Aprecian la sutileza y grácil ironía del comentario? Yo tampoco. 

Considero que no se debe perder más tiempo con algo que cuenta en su currí-culo con haber sido miembro de la peligrosa banda de “No te rías que es peor” o “Desde el Lepe con humor” (los alardes de ingenio a la hora de poner títulos a los programas me sobrepasan, en serio); de ahí que nos lancemos a colmillo contra Curro Savoy – o Kurt Savoy, en inglés; como Curro Russell, vaya –, persona mundialmente famosa (¿?) y considerado el mejor Silbador de la Historia (¿¿??). Así es; de pequeño, la familia Savoy se reunió en conclave para dirimir qué camino laboral era el idóneo para el pequeño Curro: ¿físico nuclear? ¿furbolista de élite? ¿tornero fresador a tiempo parcial? No, su hijo sería el mejor Silbador de la Historia… y se quedaron tan anchos, los muy hijos de puta. No obstante, y gracias a los sacrificados esfuerzos de sus padres, Curro Savoy es mundialmente conocido. Por cierto, le cedo mi intestino grueso a aquella persona que le haya visto alguna vez en directo (miembros de la familia Savoy abstenerse). Eso sí: sus canciones son preciosísimas:

Jordi L.P. (XXI premio “Marucha Zabaleta” al Peor Nombre Artístico Utilizado por un Bípedo), Juan y Miguel (a tenor de su página de contratación, “Uno de los espectáculos mas divertidos, asombrosos y originales que se pueden representar en un escenario”… Dios mío, ¿pero que se toma esta gente? ¿Iniston en vena?), Javier Segarra (que se promociona como “El humor que todos entienden”… reclamo que no entiendo, por cierto)… encandilan por su desparpajo y desvergüenza (a menos que todo el Ejercito de Corea del Norte me apuntara a las partes con su arsenal nuclear, sería incapaz de aseverar que “sonreir es también una forma de evangelizar”, como hizo Jordi L.P…. lo que confirma que es un enviado de Satán).

Sin lugar a dudas, dentro de ese submundo terrorírifico, me quedo con la presentación de Selvin… ¿Que no lo conocen? Tranquilos, en su página de contratación se dice que es “Humorista ventrílocuo. Artista polifacético: ventrílocuo, presentador, mago, humorista o animador en general”. Desde luego, es polifacético: dos veces ventrílocuo, es capaz de mantener una conversación consigo mismo mientras se bebe un vaso de agua; e incluso al ser “duo-morista”, puede contarse un chiste, mientras explota en carcajadas, a la vez que se bebe un vaso de agua. Quizás lo que más me atraiga es que sea “animador en general”. ¿Que uno está en el trabajo, agobiado por la campaña de la Renta? Pues nada, llama a Selvin y, como si tal cosa, te anima con uno de sus trucos mágico-brutales; por ejemplo, en el que aplasta un bote de refresco:

Increible, ¿no es cierto? En mis ochocientos doce años de existencia nunca había visto a nadie hacer lo que hace ese hombre con una lata de Coca – Cola: primero la aplasta, y luego le pone la mano encima para que le dé la sombra. Mágico…! Y ese muñeco…!!

 

Puede que sus comentarios jocosos nos hielen la sonrisa, que sus imitaciones sólo sean apreciadas por gente sordomuda, e incluso que su vestuario sea simple y llanamente patético… ¿verdad? 

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