b749e5m30_1p.jpg“Y Grom el Único, potencia centrífuga de sabiduría, reflexionó largo y tendido sobre el césped sobre la figura de aquéllos que buscaron la libertad de los hombres y demás seres antes que Él. Y su conclusión fue la siguiente: que si quieres hacer un buen bocadillo de morcilla, no hay como la de Burgos. Acto seguido, vomitó por culpa del exceso de Rioja que llevaba encima.”

En estas fechas señaladas en el calendario (habitualmente en rojo), es típico el realizar revisitaciones varias sobre las películas que, de un modo u otro, se han acercado al personaje histórico de Jesusito de mi vida, eres niño como yo. Sin embargo, ya se encargan todos los años los muchachos del simpático Antonio Gassete de hacer un sui generis repaso de la filmografía cristiana en su pedorrento “Días de Cine”… simplemente añadiendo la peli nueva que se haya hecho y tira millas…

Por eso, ¿qué mejor motivo que la Holly Week para hablar de películas sobre atascos? La clásica es, sin lugar a dudas, “El gran atasco” (“L’ingorgo”, Luigi Comencini, 1979), gigantesco fresco a mayor gloria de todos los actores europeos de la época. Fernando Rey, Mastroianni, Ugo Tonazzi, Alberto Sordi, Depardieu y un largo etcétera – ¿a que esta expresión es horrible? -.

A la vista del estruje de meninges que llevo, tengo la impresión que el verdadero atasco lo tengo yo en el cerebelo a la hora de iniciar un post con películas de atascos; partamos de la base que el apelotonamiento vehicular debe tener alguna incidencia en la trama: si no, se pueden citar desde “Independence Day” (Roland Emmerich, 1996) a “La guerra de los mundos” versión spielbergiana (“War of Worlds”, 2005), así como cualquier cinta en la que a seres de otros mundos les da por montar el pitote padre en nuestras calles y, de paso, destrozarnos el mobiliario urbano para recalificarlo en granjas de cuerpos humanos. 

De todas las películas catastrofistas (y catastróficas, por cierto), quizás “Deep Impact” (Mimi Leder, 1998) sea la que tenga un atasco con mayor enjundia narrativa: de hecho, el monumental embrollo provoca que varios personajes secundarios inicien repentinamente labores hortícolas criando malvas al no poder buscar altifugio (hoy estoy que me salgo). Respecto al atasco como detonante en se y per se, citar la virulenta “Un día de furia” (“Falling Down”, Joel Schumacher, 1992) que sufre mi más querido sexoadicto: nunca una fila de coches detenidos bajo el agobiante sol veraniego provocó mayores estropicios. 

Y en la ciudad y en verano, también sufren Bruce Alopécico Willis y Samuel L. Cabreado Jackson los avatares de los atascos neoyorkinos en la tercera “Jungla de cristal” (“Die hard: with a vengeance”, John McTiernan, 1995); y en su versión original, el calvito de oro ponía voz a las andanzas – es un decir – de Mikey, el tienno protagonista de “Mira quien habla” (“Look who’s talking”, Amy Heckerling, 1989), quien tuvo a bien nacer en el taxi del prepulfictionado John Travolta a consecuencia de (¿adivinan?) un atasco… Por cierto, en España la voz del bebé de marras era doblado por una de las personas a la que más odio en este mundo: Moncho Borrajo.  

Y podría seguir y seguir comentando películas que no aportan absolutamente nada nuevo al panorama cultural mundial (y menos, al panorama cultural mundial de los atascos), pero me temo que, por una paradoja espacio-temporal, acabo de convertirme en una mesa camilla. Seguiremos informando.

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