“Y Grom el Único, impertérrito inmortal, se dirigió a sus acólitos anónimos con estas palabras: “Los Warrñllfahds pueden adoptar múltiples formas, muchos disfraces… Son los maestros de la ilusión, capaces de engañar con ardides milenarios que han pasado de generación en generación. Por eso debemos estar atentos a los pequeños detalles, no bajar la guardia ni permitir que la molicie del ocio nos… ¡Pero queréis despertaros, pequeños hijos de puta!!”.
Recientemente, he podido disfrutar de esta pequeña joya que es “El ilusionista”, dirigida por Neil Burger, un director que había ya asombrado a la crítica al realizar en 2002 “Interview with the Assassin” (“Huid asín de Interviú”) pese a habérsele diagnósticado a los trece años “muerte cerebral”. El visionado de la cinta me hizo recordar las películas de antes, lamentándome que no se haga cine como el de entonces.
La trama – basada en un cuento corto de Steven Millhauser (persona que inspiró, a la vista del guión que ha escrito, al personaje de “Los Simpson”) – narra el enfrentamiento en la Viena de principios del XX del gran Mago Eisenheim (Edward Norton) con el Príncipe Leopold (Rufus Sewell) por el amor de la prometida del segundo, Sophie (Jessica Biel), siendo el primero constantemente acosado, a instancias del segundo, por el Inspector Uhl (Paul Giamatti), quien considera que entre el primero y la tercera existe una relación que el segundo no aprobaría jamás; contada a través de un extenso flashback que el cuarto desmenuza densamente al segundo, la película desarrolla un ágil guión con un sorprendente final que cualquier espectador con el cociente intelectual de una anguila descubrirá a mitad de metraje.
Quizás lo mejor de este trabajo de Burger sea su dirección de actores: Norton ejecuta a la perfección el personaje de ilusionista torturado con lánguida mirada, ademanes aburridos y sonrisa de “piensas que lo sabes todo, pero ya verás, ya…”, sin que en ningún momento lleguemos a sospechar que tenga un plan oculto. Jessica Biel, como la torturada amante del primero de arriba, también tiene ademanes aburridos y lánguida mirada, pero sin embargo casi no sonríe. Paul Giamatti – de quien también se habló aquí al referirnos a “Lady in the water” – tiene mirada aburrida, ademanes lánguidos y a veces sonríe y, por el contrario, a veces no. Pero quizás la mayor sorpresa del reparto sea Rufus Sewell quien, alejándose de los papeles interpretados en “Corazón de caballero” o “La Leyenda del Zorro”, borda al malvado de la función.
Hubiera sido interesante saber el resultado final si las ideas del productora Eleanor Phylburring se hubieran llevado cabo: la trama de “El Ilusionista” no se desarrollaba en Viena, sino en el Polo Norte; Cuba Gooding Jr. (ganador de un Oscar) encarnaría a Eisenheim, mientras que Jack Palance haría de inspector Uhl. Por desgracia, varios fueron los motivos por los que Palance (también ganador de un Oscar por “Cowboys de ciudad”) tuvo que rechazar el papel: concretamente, que llevaba muerto tres meses; aún así, el protagonista de “Te Deum” hizo un par de pruebas para el papel. Días más tarde, Cuba Gooding Jr. fue despedido por “diferencias creativas” (pretendía ir vestido de cíngara el 80% del metraje), y sustituído por Benito Pocino (el Mortadelo de “La gran Aventura de Mortadelo y Filemón”; Javier Fesser, 2003), el cual fue igualmente obligado a abandonar el rodaje por “diferencias físicas” con el resto de los seres humanos que formaban el reparto, siendo elegido finalmente… el primero.
En definitiva, una gran película que hará las delicias de cualquier persona con problemas de insomnio.
Valoración gromiana: 8 sobre 10.000.000.000.000.000.000 (es en color).
Una última pregunta: ¿por qué Paul Giamatti no hace más películas de personas sin piernas que luchan contra dinosaurios?

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