“Por todo ello – aclaró Grom el Único, deidad resplandeciente – podemos afirmar que nuestro Cosmos, tal y cosmos lo conocemos, tuvo su origen en la legendaria explosión unidimensional denominada “Big-Pumbang”… Ahora bien – concluyó ante la atónita audiencia -: lo que los Sabios no tienen tan claro es si la explosión fue provocada por Tytadine o Goma2 – ECO“.

¡La Conspiranoia está de moda, oiga! Raro es el informativo, periódico o jaula de tertualianos que no dé su opinión, en uno u otro sentido, sobre si los Illuminati tuvieron algo que ver con la actuación de la selección española en el último Mundial de fútbol; o si Fernando Alonso, Morgan Freeman y Ferrá Adriá se han unido a un grupusculo de zarigueyas mutantes para conseguir que Zapatero se parezca cada día más a Mr. Bean.
El caso es que no hay nada nuevo bajo el sol: desde las intrigas imperiales de “Julio César” (Joseph L. Mankiewicz; 1953) a las danesas – y alucinógenas – de “Hamlet” (por citar la más famosa, la de Laurence Olivier; 1948), cada cierto tiempo a determinados seres humanos les da por saltarse los rectos caminos del poder para coger – a espaldas de sus súbditos – algún atajo sinuoso con que, sembrando un buen puñado de cadáveres, alcance lo antes posible el título de “A-mí-no-me-puedes-tocar-los-cojones”.
Quizás “los años 70” y “USA” sean los términos que mejor casen a la hora de hablar de “cine conspiranoico”; y Alan J. Pakula, su profeta: “Todos los hombres del presidente”, “El último testigo” (cuyo sorpresivo plano final todavía lo tengo grabado en la memoria… no así el resto de película), “El informe pelícano”… Otro que mantuvo vivo el fuego de las sospechas del oscurantismo presidencial yanki fue Oliverio Stone y su J.F.K.” , soporífero carrusel de cameos a mayor gloria del americano medio por excelencia, Kevin Costner (una de las personas que mayor daño ha hecho en los Registros Civiles de nuestro país).
Y si de asesinatos al servicio del servil ser vil hablamos, dos tazas: las diferentes versiones que de la novela de Richard Condon “The Manchurian Candidate” (“El candidato manchego”) se hizo en 1962 por el gran John Frankenheimer; y se perpetró por Jonathan Demme en el 2004, lejos del pulso narrativo con que se enfrentó a Hannibal Lecter trece años atrás.
Atacao de la vida está el personaje de Mel Gibson en la tontorrona “Conspiración” (Richard Donner, 1997); o la directamente imbécil integral “El Código DaVinci” (Ron Howard, 2006) basada en la novela homofóbica (sí, sí, en realidad es “homónima“, pero es por sumarme a la polémica absurda…).
Del cine patrio hispano, sólo recuerdo como película de conspiraciones “Tirante el Blanco”: únicamente el Mal en estado puro podría conspirar para parir una obra así.
Y ahora, si me perdonais, he quedado con Benedicto XXVI y el Príncipe Gitano para erradicar por fín de la faz de la tierra las casas colgantes de Cuenca.

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