Y, admirando la belleza de los romeros en flor, Grom el Único se preguntó: “Entonces, ¿a Bruce Willis no se le ocurrió pensar, siendo psiquiatra como era (esto es, persona acostumbrada a analizarlo todo), que la gente no le hacía puñetero caso porque estaba más muerto que Manolete, insigne matador torero?”.
A lo que respondiose, pensativo y taciturno,: “Pues no, no se le ocurrió”.
Quizás el problema del creador de blockbusters más aficionado al pollo al curry que existe sea ése: que le falta pararse a pensar un poquito más las cosas.
Tomemos como ejemplo su última película, “Lady in the water”. A priori, tiene todos los elementos made in M. Night Saimaialaian (o como coño se lea): ritmo pausado, una trabajada galería de personajes, fantasía “a nivel de la calle”… Pero también sus principales defectos: excesiva duración, estirar tanto el chicle que se rompe, poniéndolo todo pegajoso, dificultando el camino que se hace al andar.
Vaya por delante que “El sexto sentido” me parece uno de los bluff más importante de los últimos años – por no decir directamente que me dan ganas de vomitar al recordarla -, pero me quito el sombrero ante determinadas secuencias de “El protegido” (el hijo de Bruce Willis apuntando con una pistola a su padre para descubrir la verdad) y “Señales” (Mel Gibson y su expedición a una casa vecina). Lástima que esas magistrales (sí, sí, he dicho “magistrales”) piezas queden difuminadas en el conjunto total, por culpa del machacón exceso de metraje (por cierto, si os gusta una película a medias podéis utilizar la frase “está muy bien, pero le sobra metraje”; vuestro interlocutor asentirá haciéndose el entendido y vosotros quedareis como un señor. Si estáis hablando con alguien con gafas de pasta negra, la frase a utilizar será “tiene una fotografía preciosa”).

Como acertadamente afirman los doctos galenos el Profesor Frusna y el Doctor Richard Kimble – con los que se espera compartir esta travesía internáutica -, las historias de Night Saialmiyaiaialin son más propias de un mediometraje o de la mítica “Twilight Zone”. En resumen: muy buenas intenciones – tanto en contenido como en forma – pero poca chicha para tan gran plato; y, aunque sea un buen director de actores, el ego le ha podido en este último trabajo, apropiándose de uno de los secundarios con bastante pena y sin ninguna gloria… y me refiero a su trabajo, no al personaje. Eso sí: destacar al inmenso Paul Giamatti en su papel del introvertido Cleveland, el “señor para todo” que tanto te mata un bicho debajo del fregadero como se te enfrenta a un sanguinario lobo hecho de cesped.

Valoración gromiana: un 3,5 sobre 10 (no muere nadie espectacularmente, no sale Paco Martínez Soria y los únicos desnudos que se ven son los de tres monos peludos con muy mala leche).

NOTA A TENER EN CUENTA: Si “El Protegido” era la traducción española de “Unbreakable” (o “irrompible” en español), ¿por qué “Señales” (“Signs“, o “señales” en español) no se tradujo como “El Semáforo”? ¿Eh?

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